Tirado en la calle


La gente pasa indiferente ante este señor arrojado en la calle. Deben de pensar que es uno más, entre tantos, que intenta hacer negocio a costa de la compasión y de las neuronas espejo de las buenas personas. Hoy nadie se le acerca, pero si ahí sigue es porque otros días le lanzaron monedas.  Le miran pero no le ven. O le ven pero no le miran. Piensan que quizá sea otro parásito social, o un alcohólico, o un esquizofrénico que reniega de la medicación; o, lo más probable, se ven reflejados en él y, asustados, pasan de largo. La aporofobia, ya saben. ¡Si vistiera diferente!

Trato de superar mi pudor para grabar la escena con mi teléfono móvil, pero el pudor se impone  a mi morbosa necesidad de describir los trapos sucios del sistema. Bastan estos diez segundos para demostrar que nos hemos vacunado contra la piedad. El prójimo ya no existe.

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Purgatorio

Una de las razones del continuo estado de abatimiento y acritud de los españoles es que la clase media ya no puede permitirse vivir en un piso con balcón. En la terraza, en el jardín o en el balcón uno podía refugiarse de su yo interior y de su yo exterior. El balcón cumplía la función de purgatorio.

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Sopa de gato

Sopa de gato

En el juego de la vida a algunos les ha  tocado limpiar las calles y a otros limpiar las mesas. Están contentos porque algo les dice que su proyecto existencial aún podría ser peor. Pero, ante todo, son felices porque no acaban de creerse que vayan a pasar el resto de su vida barriendo aceras o recogiendo los restos de la sopa de gato; es la misma estructura de pensamiento de los soldados que van a la guerra creyendo, contra  la probabilística, que regresarán a casa.

 

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La agonía del Eros

La agonía del Eros


Byung-Chul Han le está cogiendo el puntillo a la sociedad occidental post-re-que-te-post moderna y mega-ultra-chachi-liberal a pesar de sus orígenes surcoreanos, y es que no hay nadie como un foráneo para diagnosticar los males de la patria en virtud de la sabiduría que otorga la perspectiva; que se lo digan a Orwell o a Hemingway respecto a España o a Julio Camba en relación con Alemania.

Bien es cierto que Han ya apuntaba provocativas maneras con La sociedad del cansancio (reseñada en nuestro blog) y La sociedad de la transparenciapero me temo que ninguno de sus lectores llegó a intuir en el horizonte byungchulano algo tan desmesuradamente atrevido y sicalíptico como La agonía del Eros (Herder, 2014) cuya tesis principal es que

El neoliberalismo lleva a cabo una despolitización de la sociedad, y en ello desempeña una función importante la sustitución del Eros por sexualidad y pornografía. (p. 67).

Es lo que me faltaba por leer acerca de las maldades del neoliberalismo, al que no solo se suele culpar de empobrecer a los pobres a costa de enriquecer a los ricos sino que, además, llega Han y lo acusa de pornografiar la sociedad.  Yo también detesto el neoliberalismo —como cualquier persona razonable— pero me incomoda que se le use siempre como chivo expiatorio de todos los males de la humanidad porque, en el fondo, el neoliberalismo carece de existencia real, es una ficción narrativa, es un constructo inferido perteneciente al imaginario colectivo.

Permítanme, para ejemplificar mi arriesgada e irónica afirmación, servirme de  Jeffrey D. Sachs (uno de los paladines del neoliberalismo según Naomi Kleim en su libro La doctrina del shock) quien hace un par de años me contestó muy airado cuando comenté en Twitter las acusaciones de Kleim. ¡Dice él que “neoliberal” es un insulto! ¡Sí, él!

Por mucho que se haya transformado en asesor del Partido Socialista (cuyo programa reniega explícitamente del neoliberalismo) lo que Sachs puso en práctica hace treinta años era neoliberalismo inmisericorde y pornográfico y, presuntamente, sus recomendaciones económicas arruinaron a millones de personas en todo el planeta.

Por tanto si Sachs no es ni fue neoliberal nadie en el mundo mundial es neoliberal, por lo que la pornografía no es producto del neoliberalismo —ex nihilo nihil fit— sino que más bien ha estado acompañando al ser humano desde sus orígenes; lean, si no me creen, sobre Calígula, el Marqués de Sade o tantas otras biopornías. Y claro, aunque dichos pervertidos destruyeron sus respectivos Eros  convirtiendo al prójimo en mero objeto de satisfacción carnal, sí que perfilaron, por contraste, un mundo erotómano que mira con displicencia y arrogancia a su hermano mayor pornomaníaco.

Y es que quizá Han debiera haber titulado su libro La sociedad del forniqueo porque ese acto impersonal o deshumanizado, a medio camino entre el Eros y el Tánatos, ha existido siempre, es decir, el Eros continuamente ha estado agonizando pero nunca acaba de morir; de hecho el narcisismo cualidad necesaria y suficiente, según Han, para la destrucción del Eros nunca fue ni será lo suficientemente arremetedor como para transformar a Eros en Dionisos, ni como para convertir la Storgé, la Philia y el Ágape en procaz obscenidad, ni como para tambalear los valores altruistas del humanismo cristiano.

En cualquier caso, tras la lectura de este instigador libro todavía me pregunto si se trata de un cursillo pre-matrimonial o si, por el contrario, es más bien una invitación nihilista al pecado carnal más desenfrenado, confusión típica con que los escritores de la postmodernidad suelen sumir a sus lectores. Digamos que en el medio está la virtud.

Les dejo con un fragmento que, a buen seguro, motivará a la lectura de este interesante y brevilocuente ensayo en esta mañana de Miércoles Santo:

El sujeto narcisista no puede fijar claramente sus límites. De esta forma, se diluye el límite entre él y el otro. El mundo se le presenta solo como proyecciones de sí mismo. No es capaz de conocer al otro en su alteridad y de reconocerlo en esta alteridad. Solo hay significaciones allí donde él se reconoce a sí mismo de algún modo. Deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo. La depresión es una enfermedad narcisista. Conduce a ella una relación consigo mismo exagerada y patológicamente recargada. El sujeto narcisista-depresivo está agotado y fatigado de sí mismo. Carece de mundo y está abandonado por el otro. Eros y depresión son opuestos entre sí.

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Política en las aulas

Añado un nuevo audio al podcast, esta vez se titula “Política en las aulas” y lo puede leer completo en MiCR.

Eróstrato fue un anónimo pastor que perseguía la fama con obsesión enfermiza. Dada su mediocridad pensó que la única forma de ser recordado para la posteridad consistiría en un acto enormemente destructivo, así que, ni corto ni perezoso, arrasó el templo de Artemisa, una de las siete maravillas de la antigüedad.

Este artículo, tras veinticinco siglos de tamaña devastación, demuestra que fueron vanos los intentos del rey persa Artajerjes para evitar la fama de susodicho pastor, aunque amenazara con matar a quien osara hablar de él. Y es que no hay nada como derrumbar el paisaje para hacerse notar entre el paisanaje. [CONTINUAR LEYENDO]

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El blog de Rafael Robles