Hacer la presencia

Me apetecía estos días previos al inicio del nuevo curso leer metafísica profunda. De este modo me hice con Hacer la presencia. Fotografía, arte y (bio)tecnología de Polona Tratnik porque trata un tema que me interesa hasta la obsesión, a saber, la influencia de la tecnología en el ser humano.

La filósofa eslovena reflexiona en esta obra publicada por Herder sobre el arte fotográfico y su imbricación con la vida, así como sobre la influencia de la biotecnología en el cuerpo. Así dicho parece uno más entre los numerosos tratados sobre arte contemporáneo, sin embargo se reconoce la profundidad filosófica de la autora con sus sesudos análisis del concepto de presencia, sobre cómo traer al presente lo que ya es pasado, campo en el que las tecnologías de la imagen, y por lo tanto, el arte contemporáneo, tiene tanto que decir.

Pero hablar de la presencia es, por supuesto, tratar también sobre la muerte, la no-presencia. Sobra decir que el pensamiento compulsivo sobre la muerte es lo que originó el arte, la técnica y la tecnología, que, en el fondo, no dejan de ser vanos intentos para alcanzar la inmortalidad por parte del ser humano.

Aparte de los amantes de la filosofía, este libro debería ser leído por los profesionales de la fotografía porque fotografiar es algo más que captar imágenes, porque mil palabras valen más que una imagen o, cuando menos, son complementarias. Porque aunque no alcancemos la inmortalidad, el arte y la tecnología nos aproximan a ella.

Dos fotos
Dos de las fotografías analizadas en el libro

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Tirado en la calle


La gente pasa indiferente ante este señor arrojado en la calle. Deben de pensar que es uno más, entre tantos, que intenta hacer negocio a costa de la compasión y de las neuronas espejo de las buenas personas. Hoy nadie se le acerca, pero si ahí sigue es porque otros días le lanzaron monedas.  Le miran pero no le ven. O le ven pero no le miran. Piensan que quizá sea otro parásito social, o un alcohólico, o un esquizofrénico que reniega de la medicación; o, lo más probable, se ven reflejados en él y, asustados, pasan de largo. La aporofobia, ya saben. ¡Si vistiera diferente!

Trato de superar mi pudor para grabar la escena con mi teléfono móvil, pero el pudor se impone  a mi morbosa necesidad de describir los trapos sucios del sistema. Bastan estos diez segundos para demostrar que nos hemos vacunado contra la piedad. El prójimo ya no existe.

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Purgatorio

Una de las razones del continuo estado de abatimiento y acritud de los españoles es que la clase media ya no puede permitirse vivir en un piso con balcón. En la terraza, en el jardín o en el balcón uno podía refugiarse de su yo interior y de su yo exterior. El balcón cumplía la función de purgatorio.

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Sopa de gato

En el juego de la vida a algunos les ha  tocado limpiar las calles y a otros limpiar las mesas. Están contentos porque algo les dice que su proyecto existencial aún podría ser peor. Pero, ante todo, son felices porque no acaban de creerse que vayan a pasar el resto de su vida barriendo aceras o recogiendo los restos de la sopa de gato; es la misma estructura de pensamiento de los soldados que van a la guerra creyendo, contra  la probabilística, que regresarán a casa.

 

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El blog de Rafael Robles