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Breve historia del satanismo

¿Pueden algunos de nuestros estudiantes encarnar el espíritu de Satanás? A buen seguro, tras leer esta hiperbólica pregunta retórica, habré despertado su curiosidad y no podrá evitar continuar leyendo este posteo. Hará usted bien.

Hay quien piensa que Satanás, el demonio, Belcebú, el Anticristo, Leviatán, Behemor, el Príncipe del Mal, o como diantres -que significa diablos- quiera usted denominarlo, campa por sus anchas en nuestros centros educativos tentando sutilmente a los jóvenes incautos para que hagan de este mundo un lugar un poquito peor.

Joseph McCabe, quien fuera fraile -antes que cocinero del ateísmo- explica en una estupenda e hilarante obra titulada Breve historia del satanismo editada en castellano por Melusina, explica, repito, que la idea del diablo es una vergonzante invención para domeñar a la población y justificar los desvaríos de los poderosos. Es obvio hoy en día deducir la irracionalidad de quienes creen en estos malignos seres supranaturales, pero antaño no era fácil alejarse de tamañas insensateces con las que comulgaban hasta los más ilustrados de los filósofos.

Como bien indica Joseph B. McGregor, cuesta entender que la Iglesia, doctores incluídos, creara, creyera y propalara la existencia de Satán, es por ello que conforte saber que hoy en día el papa asegura que Satanás ya no existe porque lo derrotó Jesús. Vale.

McGregor también se hace eco de la relación entre masonería y satanismo a lo largo de la historia. En este punto he de jactarme de tener la suerte de conocer a algunos masones en lugares variopintos del planeta cuya capacidad intelectual y firmes valores humanitarios me han hecho disfrutar sobremanera de su compañía y conversación. Los masones están en las antípodas de lo maligno, por mucho que intenten satanizar su imagen desde ámbitos ultra religiosos y totalitarios.

Anécdotas aparte, convendrán conmigo en que no existe esa cosa con cuernos en la cabeza, tridente puntiagudo, dotado de un enorme rabo -trasero-, ojos rebosantes de inquina y embutido en un disfraz rojo chillón; la cuestión en todo caso sería si existe lo que eso simboliza. Algunos de mis alumnos creen en el mal de ojo y zarandajas diabólicas por el estilo; es por ello que, como afirma Javier Cabanilles, informarse sea el mejor remedio para evitar el pensamiento que nos degrada como humanos. Este libro les servirá dado que, aparte de ahuyentar posibles supercherías desde un riguroso análisis histórico, les hará pasar una tarde muy divertida e instructiva.

Tras su lectura tomo conciencia de que yo, como profesor, no he de limitarme a ser psicólogo, madre, padre, amigo, hermano mayor, enfermero, agente de autoridad o histrión, sino que también me veo obligado a ejercer de exorcista para despojar a los no avisados el demonio que llevan dentro -que es lo mismo que desposeerles de la idea de que el diablo existe, que hay personas con poderes mágicos e inconsistencias por el estilo-. Queridos alumnos: a buen seguro habréis detectado mi ironía.

¡Lo olvidaba! Contesto a la pregunta del principio: sí, nuestros jóvenes pueden encarnar el espíritu de Satanás si los centros educativos se organizan para sacar a la luz lo peor que llevan dentro. Mezcle usted ausencia de amor, profesionalidad y vocación por parte del profesorado, con diseños arquitectónicos carcelarios, carencia de infraestructuras educativas y contenidos elegidos caprichosamente por gentes ancladas en el pasado para que el diablo se apodere sin remisión de las volubles almas de los adolescentes. Ya lo decía Noddings: “Queremos que las escuelas sean lugares en los que ser bueno sea posible y atractivo”.

Por suerte trabajo en un centro donde se intenta en serio que afloren los mejores sentimientos que los estudiantes llevan dentro. ¡Y eso sin tener una ristra de ajos en la entrada!

Les dejo con algunas perlas.

COMPRAR EL LIBRO.

Entonces irrumpió en escena esa caterva perniciosa de hombres llamados librepensadores, que no respeta a Dios ni a Satán, y exige indicios y pruebas, y la restauración se activó. (p. 8)

La mayoría de los pensadores griegos incluso se burlaron de la idea de que el epíritu fuera como una “idea de la no existencia”, tal y como dijo Zenón de Elea (p 12).

Siempre hemos llamado superstición a la religión de los demás. (p 19)

El clero siempre se empeña en luchar por el monoteísmo, no porque sea una idea espiritual o intelectualmente superior, sino porque, de haber sólo uno, dos o tres dioses sobresalientes, sus sacerdotes adquieren entonces mayores riquezas y se hacen más poderosos. (p 25)

No vemos ningún líder de una banda de demonios en todo el Antiguo Testamento. (p 30)

Pablo ordenó que las mujeres debían llevar la cabeza cubierta en la iglesia para que el diablo no pudiera entrar en ellas por los oídos. (p 37)

Los Padres de la Iglesia eran, en buena medida, unos simplones que no habían recibido una educación como es debido, y vivían en un tiempo en el que prácticamente todo el mundo creía en la magia. (p 38)

A Tomás de Aquino le fascinaban especialmente los casos de humanos que habían mantenido relaciones sexuales con demonios. Dijo que conocía de primera mano algunos casos y en su tratado Sobre el poder, que nadie osaría traducir hoy, abunda en un prolijo discurso sobre la fisiología de aquel negocio. (p 48).

El papa Juan XII, uno de los alborotadores más enloquecidos que haya llevado jamás la tiara papal, bebió a la salud del diablo en alguna de sus juergas. (p 51)

San Agustín, en su último período, ya exhausto y con la vida embotada, aseguró haber obligado, durante un examen público a que admitiera que los sacerdotes maniqueos elaboraran sus sacramentos con su propio semen y harina y utilizaban a muchachas como ella en el curso de su preparación. (p 62).

Generalmente eran mujeres las que se dedicaban a la brujería se debía a la misoginia de los monjes , quienes consideraban que la mujer era una criatura tan desamparada y vulnerable que los demonios encontraban en ella a una víctima fácil. (p 68)

COMPRAR EL LIBRO. (134 páginas, 10 euros).

Estudiantes ¡adelante!

Este año se me ha presentado un problema curioso con mis estudiantes de tutoría: todos quieren sentarse en la zona delantera de la clase. Son 29 jóvenes de cuarto curso de la ESO con ganas de aprender que aseguran que si se sientan detrás ven con dificultad la pizarra y se distraen con mayor facilidad. También algunas madres me han solicitado adelantar a sus hijos.

El primer intento para arreglarlo, en lo que fue una premeditada escena surrealista para que comprobaran la difícil solución al problema, consistió en adelantar a todos los alumnos. La consecuencia fue obvia: se agobiaron mucho.

El segundo intento, que es en el que nos encontramos, consiste en situar detrás a los estudiantes que captan con más facilidad los conceptos y colocar delante a los que necesitan más esfuerzo y concentración. En vez de solucionarlo, sigue habiendo quejas y el discurso de la solidaridad y cooperación no acaba de cuajar.

Creo que lo mejor es organizar la clase en forma de “U”, al menos a mí no me da problemas, pero comprendo que quizá no funcione en otras asignaturas.

Por tanto, ¿qué solución darían ustedes? Obviamente esto no es Alemania y las clases son como son, la ratio profesor-alumno es como es y el dinero que tenemos, en un año en que se ha contratado a menos profesores, es el que hay.

Quizá la siguiente fotografía, que tomé en mis clases en China, ayude a mis queridos estudiantes a valorar lo que tienen. En ella se puede intuir la diminuta pizarra, las cristaleras a veces rotas, las paredes deterioradas debido a la humedad, los pupitres de madera astillada, el espacio aprovechado al máximo, el suelo sucio, el ruido de la calle… Aún así los chinos son excelentes estudiantes y muy, muy trabajadores.

En clase en Deyang, China

También podría motivarles la fotografía de uno de mis alumnos de la República Dominicana. Le poníamos falta porque tenía que limpiar botas:

Joven limpia las botas a un militar en Santo Domingo, República Dominicana

Pero, para que no me acusen de demagogo, también se podrían comparar con mis jóvenes estudiantes de Estados Unidos o República Checa, cuya organización educativa es muy superior a la nuestra:

Dando clases en EEUU con la pizarra digital

Con mis alumnos de la República Checa 3s6

La educación moral. Propuesta alternativa para la educación del carácter

La educación moral

El otro día me quedé absorto observando a una compañera profesora curando el pequeño rasguño que un alumno se hizo durante el recreo. El cariño, cordialidad, delicadeza, entrega y simpatía con que el joven fue atendido representa la imagen de lo que para mí es un centro educativo de calidad: aquel en el que ante todo prima la ética del cuidado.

El estudiante no sólo estaba siendo atendido sino que, sin ser consciente, aprendía la importante lección del amor, porque sabe amar quien ha sido amado antes. Dada la importancia del cariño para el ser humano y la dificultad para acceder a él que tienen muchos jóvenes, el deber principal del profesor debe ser amar a sus alumnos, incluso cuando estos no se muestren receptivos.

La filósofa Nel Noddings acaba de publicar en la editorial Amorrortu un inspirador libro para los docentes titulado La educación moral. Propuesta alternativa para la educación del carácter. La idea principal de esta obra es que “la principal meta educativa debe ser lograr el desarrollo de personas competentes, cuidadosas, cariñosas y agradables” (…) y que “todos los niños deben aprender a cuidar de otros seres humanos” (p 175).

Situar el amor como primer objetivo del proceso de enseñanza-aprendizaje incitará a que me acusen de idealista o de romanticón empedernido, pero, coincidiendo con Noddinngs, soy incapaz de ver otra función más crucial para los que nos dedicamos al noble oficio de educar. Dice la autora que ello conlleva cierta feminización de la enseñanza (p 189), lo cual comparto plenamente: Tanto en el gobierno de una nación como en la educación, los valores del cuidado asociados a la mujer -compasión, sensibilidad, ternura, etc.-, generalmente despreciados por el varón, son los que ayudan a construir una sociedad mejor.

Cada vez estoy más convencido de que la filosofía, la historia, la matemática o la lengua no son más que la excusa -o el medio- de los que se vale el buen profesor para amar y, por tanto, enseñar a amar. Mi función en la sociedad como profesor no es enseñar filosofía sino amar enseñando filosofía.

Por tanto creo que a los gurús del aprendizaje por competencias se les olvidó la más importante de todas: aprender a amar y a ser amado; la dejaremos para la siguiente y a buen seguro inminente reforma educativa. Si esta competencia no se lograra introducir en las programaciones, seguiremos construyendo una sociedad egoísta, competitiva -que no competente- por cuestiones baladíes, fratricida y sumisa ante el poder establecido (que, dicho sea de paso, suele estar representado por empresas extranjeras).

No duden en leer este libro si desean dar a su profesión docente una función más importante que la de recitador de apuntes o agente de autoridad. Antes de COMPRAR EL LIBRO (21,50 euros, 288 páginas) les dejo con algunas perlas:

Queremos que las escuelas sean lugares en los que ser bueno sea posible y atractivo. (p 32).

El amor al prójimo, en su forma más acabada, significa sencillamente ser capaz de decirle: “¿Qué te está pasando?”. (p 45)

Los maestros tienen la particular responsabilidad de hacer conocer a sus alumnos el valor moral de la cooperación. (p 51)

Lo fundamental es que los alumnos piensen que los adultos de sus escuelas y comunidades los cuidan, que se preocupan por su bienestar y su desarrollo. Los niños pueden superar la pobreza material, y muchos de ellos, hacer caso omiso de la violencia que difunden los medios -o, por lo menos, padecer al mínimo sus efectos-, si mantienen una relación continua con adultos que obviamente les demuestren su preocupación. (p 61)

Las escuelas que aceptan obligaciones de tipo familiar y que brindan servicios completos obtienen mejores rendimientos académicos. (p 63)

Pedagogía perniciosa es rígida y coercitiva que pretende sustituir la voluntad del alumno por la del maestro. (p 65)

Incluso los profesores de filosofía insisten a menudo en que su intención no es mejorar a las personas por medio de la enseñanza de la ética. “No soy educador moral”, dice el filósofo. “Enseño filosofía”. Pero, ¿no es posible enseñar filosofía o literatura con plena conciencia de que la meta es ayudar a los alumnos a buscar la sabiduría y el perfeccionamiento moral? ¿Y acaso no es posible lograrlo sin imponerles una concepción particular de la moral (p 72)

Ayudar a los alumnos a entender cómo otros jóvenes parecidos a ellos se convirtieron en nazis fanáticos es una tarea importante para los maestros que se preocupan por la educación democrática y moral. (p 90).

Si el soldado pudiera imaginar el sufrimiento que está a punto de infligir, estaría menos dispuesto a hacer la guerra. (p 95)

Según la teoría del vacío, el liberalismo produce un vacío de valores  que, por la misma naturaleza de los seres humanos, debe ser llenado. Las ideologías totalitarias se apresuran a llenar ese vacío y a satisfacer el deseo de pertenencia. (p 129)

En las escuelas, las críticas que despiertan los intentos de poner en práctica programas de educación moral están dirigidas tanto a quien los sugiere cmo al contenido. (p 133)

¿Por qué los profesores están tan mal preparados para recurrir a las historias en la enseñanza de su disciplina? (p 139)

No podemos utilizar medios dictatoriales para educar a ciudadanos democráticos. (p 144)

Nuestra sociedad no necesita esforzarse por lograr que sus niños se conviertan en los mejores matemáticos o científicos del mundo. Necesita cuidarlos: reducir la violencia, respetar el trabajo honesto de todo tipo, recompensar la excelencia en todo nivel, asegurar a los niños y los jóvenes un lugar en el mundo económico y social, formar personas que cuiden de manera competente a su familia y contribuyan de modo efectivo a su comunidad. (p 174)

Y aunque la mayoría llegamos a ser padres, todo indica que no somos muy buenos padres, no obstante lo cual las escuelas también pasan por alto esta inmensa tarea humana. (p 179)

El cuidado no tiene nada de sensiblero. Es la base, fuerte y poderosa, de la vida humana. (p 186)

Debido a que las virtudes femeninas (la compasión, la sensibilidad, la ternura y otras más) entran en conflicto con este código, son calificada scomo debilidades en la vida pública. (p 189)

Em muchas sociedades ha sido y es un insulto terrible llamar a un hombre “afeminado” o decir que piensa como una mujer. (p 190)

Gandhi ejercía, al parecer, una buena dosis de violencia psicológica en su vida íntima. (…) Jesús, si bien aconsejaba a sus seguidores que no fueran violentos, prometía que Dios haría justicia destruyendo a los malvados.  (p 191)

Las personas bien cuidadas y felices no suelen cometer actos de violencia, engaño o negligencia. (p 269)

Los buenos. Los malos

En las clases de Educación Ético-Cívica no tiene sentido memorizar definiciones ni listados. Lo mejor es plantearla con ejercicios de carácter empático para que los estudiantes mismos se planteen y reflexionen sobre temas delicados, por ejemplo, qué es el bien o el mal, la justicia o la injusticia, la verdad o la mentira, intentando no caer en el maniqueísmo.  El reto para el profesor estriba en que al final del curso los jóvenes sepan hacer ejercicios de autocrítica moral e interioricen la regla de oro kantiana: “no hagas a los demás lo que no quieras para ti” y que tomen conciencia de que son manipulados en algunos momentos de su vida.

Desde esta perspectiva, por ejemplo, les he mostrado el siguiente vídeo sobre los “piratas” somalíes. Tras verlo han comprendido que quizá sean víctimas de cierta manipulación por parte de los media españoles y se plantean, aunque no todos lo compartan, que quizá “los malos” seamos nosotros. Al menos dialogamos sobre ello en apasionados debates, algo fundamental en nuestra clase.

Igualmente, hace unas semanas les mostré el vídeo de la agresión de carácter ideológico en el metro, tras lo cual hemos analizado detenidamente la sentencia del juez en la que aparece un importante vocabulario ético que ha interesado a mis alumnos. En los debates que surgieron a partir del análisis de dicha sentencia predominaron el entusiasmo y la pasión.

Creo que es así como se aprende Ética, así como  invitando a nuestra clase a sabios y a personas que han vivido en primera persona problemas de carácter ético e incentivando la comunidad de investigación en el aula. En cualquier caso estimo que el libro de texto poco aporta a esta importante asignatura, más bien la degrada.

Los alumnos fuman

Si uno pasea por el patio de recreo quedará perplejo y dibujará la cara de “¿es-cierto-lo-que-estoy-viendo?” al comprobar que son decenas las colillas de cigarrillos que ensucian el suelo arrojadas por estudiantes que, ocultos tras las paredes del gimnasio, intentan aportar nicotina compulsivamente a sus adictos cuerpos que ya no pueden sobrevivir sin ella. Cuando suena el timbre son numerosos, en torno a la treintena, los que salen despavoridos al rincón avivados por el terrible vicio, un vicio que ya se ha apoderado de su salud y calidad de vida para el resto de su existencia.

Incomprensiblemente, fumar a estas edades les da prestigio lo cual aumenta las posibilidades de flirteo -”hacerse el gallito“, ya saben, puro instinto animal-; algunos, por el contrario, aseguran que fumar tranquiliza y les hace pensar mejor; para mayor desesperación otros afirman, ¡era de esperar!, que ni siquiera saben por qué lo hacen. Tres razones falaces para resolver la disonancia cognitiva.

Gritan “¡agua!” con un tono serio, contundente y emocionado por la complicidad del “momento de peligro”, cada vez que uno de nosotros se acerca, contraseña que comunica lo perentorio que es deshacerse del tabaco si no desean enfrentarse a medidas punitivas graves. Sin embargo, la verdadera gravedad vendrá después, dentro de unos años, cuando quieran dejar de fumar y contemplen estupefactos y horrorizados el dineral que desembolsan en deteriorar maxmordónicamente su salud.

Me inspiran compasión. Nuestra sociedad les ha engañado, les hemos timado. Y seguimos haciéndolo. Espero que a alguno de ellos no se le ocurra demandar a toda mi generación y a las anteriores por permitir convertirles en enfermos crónicos porque revelaría uno de los mayores fraudes de la historia cometido por la humanidad contra sí misma.

Ustedes entenderán, por aquello de la atracción por lo prohibido, que no se inmuten cuando les decimos que fumar es malo para su salud y que hacerlo dentro del instituto supone la expulsión inmediata. Tampoco parece que las siguientes imágenes les afecten. Si al menos uno de los jóvenes que me leen dejara el vicio habrá merecido la pena escribir este posteo.

La persecución y el arte de escribir

La persecución y el arte de escribirHacía tiempo que no me apasionaba tanto leyendo un libro, moviéndome de la indignación a la admiración y de la lectura superficial a la profunda con facilidad y delectación. La persecución y el arte de escribir es una obra compuesta por cuatro espléndidos ensayos de Leo Strauss publicado recientemente por la editorial Amorrortu. A través de algunos de los escritos y citas de, entre otros, Spinoza, Maimónides, Aristóteles y Tomás de Aquino, así como de referencias al Corán y a la Biblia, Strauss nos enseña a leer, a interpretar, a aprehender lo que realmente quieren decir los autores soslayando cualquier tipo de lectura superficial más bien propia de las masas que solo entienden de historias claras y reiterativas escritas en forma de literatura-papillita,  misión esta incompatible, según Strauss, con la auténtica filosofía.

Con este libro descubrimos que sin el esfuerzo del lector el escritor brillante se convierte en tedioso, aburrido e insufrible, sin embargo, con la disciplina lectora desvelamos al gran autor que nos susurra desde el pasado sus confidencias más íntimas que nos hacen saltar de la silla exclamando “¡este hombre está hablando de mí!”.

Leo Strauss es un paria para los bien-pensantes, un apestado para quienes quieren construir un mundo más justo, el padre intelectual del Imperio neocon, un despreciable según la propaganda de quienes se autoatribuyen el don de la solidaridad, en definitiva, un voraz lobo para el hombre que ha plagado el mundo de discípulos que entienden el planeta como un lugar maniqueo sin lo cual Occidente desaparecería. No en vano Huntington y Fukuyama aprendieron de él y son ellos los padres intelectuales de la idea de que hay que demonizar a los otros para que sobrevivamos nosotros, el choque de civilizaciones y el fin de la historia, ya saben.

¿Cómo no enojarnos con alguien que afirma que la religión y la moral sólo son el cemento que mantiene cohesionadas a las masas para mantener la sociedad? Es cierto, despierta mi inquina, pero acabo reconciliándome con él movido por el espíritu maquiavélico que, querámoslo o no, permite que yo pueda escribir en mi ordenador y usted que lo lea en su cómodo sillón con la calefacción encendida a costa de explotar a otros pueblos. De hecho, a partir de la lectura de Strauss se puede hacer una interpretación maquiavélica de España: Contra los judíos y los musulmanes nació España y contra Napoleón se asentó, pero hoy Strauss diría que con tanta permisividad religiosa y excesos de Alianzas de civilizaciones patrocinados por este país, la supervivencia de nuestra nación peligra. “Den una religión única y un enemigo a España y esta dejará de tambalearse”, podría susurrarnos Strauss desde su obra, tras hacer una hermenéutica de su libro. ¡Qué tipo!

Leer a este hermenéuta fallecido hace más de treinta años convierte a uno en suspicaz y obsesivo lector a la búsqueda  de falacias. ¡Pero por más que le hinco el diente no las encuentro! ¿No serán los verdaderos falaces aquellos que van de dioses-para-el-hombre? Me hace dudar pero mi conciencia me impide entregarme a su cinismo; el sentimiento de culpa me impediría seguir viviendo.

En lo que claramente recuerda a la dialéctica hegeliana, Strauss es una especie de perseguidor convertido en perseguido, que expresa muy bien en el siguiente párrafo que, disculpen mi presuntuosidad, me hubiera encantado que prologara mi libro Leer El Quijote en Teherán:

La persecución, entonces, da origen a una peculiar técnica de escritura y, con ello, a un peculiar tipo de literatura, en la cual la verdad acerca de todas las cosas fundamentales se presenta exclusivamente entre líneas. Esa literatura no se dirige a todos los lectores, sino sólo a aquellos que son confiables e inteligentes. Tiene todas las ventajas de la comunicación privada sin sufrir su mayor desventaja: llegar sólo a las relaciones del escritor. Disfruta de todas las relaciones de la comunicación pública sin padecer su mayor desventaja: la pena capital para el autor. Mas, ¿cómo puede un hombre realizar el milagro de hablar en una publicación para una minoría, mientras guarda silencio para la mayoría de sus lectores? El hecho de que los hombres irreflexivos son lectores descuidados y sólo los hombres reflexivos son lectores cuidadosos. En consecuencia, el autor que desee dirigirse sólo a hombres reflexivos no tendrá más que escribir de forma tal que sólo un lector muy cuidadoso sea capaz de detectar el significado de su libro. Pero, se objetará, puede haber hombres inteligentes, lectores cuidadosos, que no sean confiables y que después de haber descubierto al autor lo denuncien a las autoridades. De hecho, esta literatura no sería factible si fuera por completo errónea la sentencia socrática de que la virtud es conocimiento y, por tanto, que los hombres reflexivos, en cuanto tales, son confiables y no crueles. (p 33)

Tras la invitación straussiana a ser un tanto paranoicos en nuestras lecturas uno llega a pensar que incluso en nuestra democracia urge escribir entre líneas porque sigue habiendo discursos prohibidos y condenas terribles para quien no pueda reprimir el incontenible impulso de dar a conocer su verdad. El ostracismo social, la censura e incluso la cárcel siguen existiendo para aquellos incautos que en democracia siguen creyendo en el recurrente -pero probablemente falso- principio de la libertad de expresión.

En resumen, los grandes filósofos, entre ellos Strauss, usan sus libros como códigos secretos que solo podrán entender las buenas personas, entendidas estas no como aquellos ingenuos caritativos, sensibleros y entregados, sino en el sentido socrático de los muy sabios que, por serlo, están destinados a hacer exclusivamente el bien.

No duden en COMPRAR EL LIBRO pero antes deleiténse ustedes, o asómbrense, o indígnense, o bufen, o aplaudan o lloren con el extraordinario documental de la BBC titulado “El poder de las pesadillas”, en el que se muestra a Strauss como el gran personaje que desde la sombra construyó el violento, siniestro y terrorífico mundo que tenemos que soportar en nuestros días. ¡Qué peligrosa es la filosofía! ¡Enseñen estos vídeos a los díscolos que dicen sin pudor que la filosofía no sirve para nada!

Egosindicalismo de izquierdas

Hoy nos han visitado en el instituto los representantes de un sindicato de izquierdas con el fin de captar afiliados. Es crucial para ellos ganar adeptos porque es con muchos asociados como ganan legitimidad ante la sociedad.

No pude asistir a la reunión proselitista -que ellos tildaban de informativa- porque me tocó ejercer de policía de paisano durante el recreo, pero cuando entré en la sala de profesores todo estaba empapelado de panfletos, cuya lectura me puso los pelos de punta.

Según se desprendía de la propaganda, la máxima preocupación de estos defensores de los trabajadores es que los profesores ganen más dinero. Nos incitan a la afiliación arguyendo que son ellos quienes han logrado que el próximo curso los docentes cobremos más, tornando sin pudor los valores de la izquierda en moral “pequeñoburguesa”, como acertadamente la califica Vattimo, en lo que constituye una auténtica afrenta para el resto de la sociedad que desesperadamente está sufriendo la crisis.

¿Por qué los egosindicatos de izquierdas ya no hablan de solidaridad?  ¿No creen que es preferible durante nuestra nefasta coyuntura económica que los profesores no aumenten los ingresos a cambio de que sigan contratando más compañeros profesores -¡que ahora están sufriendo el desempleo!- para no disminuir la ratio de profesor-alumno? ¿O que se dote a los centros de mayores infraestructuras para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea más efectivo? ¡Ah, claro! ¡Los padres y los alumnos no se pueden afiliar al “egosindicato-sector enseñanza” y por eso no se preocupan de ellos!

Los egosindicalistas, en vez de propiciar una nación estructurada por una ciudadanía que progresa en base a la solidaridad y al apoyo mutuo, se dedican a defender a los trabajadores por compartimentos estancos, lo cual solo incita al enfrentamiento, a la lucha entre obreros de distintos sectores laborales que compiten por chupar de los recursos del Estado, a la supervivencia del más fuerte – el que más llora y se queja- y, en definitiva, a desmenuzar nuestro gran Estado que es España a partir del egocentrismo más repugnante.

Reunión con los padres

Los padres asisten puntualmente a ver las actividades de su hijos en Estados Unidos

La pasada semana los tutores nos reunimos con los padres en lo que ha sido un encuentro que me ha satisfecho mucho. Por lo general los progenitores que asisten a estas reuniones suelen tener hijos menos conflictivos o problemáticos así que era de esperar el talante afectivo y dialogante de quienes asistieron. Tras dar la información general, algunos se quedaron para hacerme preguntas más concretas o ponerme sobre aviso acerca de algunas peculiaridades de sus vástagos.

El problema surge con los padres que no acudieron a la cita. No quiero con esto criticar a todos porque sus buenas razones tendrían -enfermedades, la cita ineludible con la partida verpertina en el bar, el trabajo, el cansancio, el programa de la televisión, la apatía, el olvido…- pero es crucial asistir a este tipo de encuentros para ajustar los engranajes que encaucen correctamente a sus hijos antes de que sea demasiado tarde. Agradezco al menos a quienes se excusaron por no poder asistir, pero estimo que los que ni acuden ni se preocupan por llamar al tutor aumentan las posibilidades de suponer un pesado lastre para sus hijos.

El mensaje que intenté transmitír es que la clave del éxito de sus hijos estriba en que haya comunicación entre los padres y el profesor, así que les di mi número de teléfono personal para que me llamaran a cualquier hora si así lo necesitaban. Parece que esta iniciativa les agradó.

Sentirme respaldado por ellos hace mi labor más eficiente. Ahora tocará llamar a los padres que no asistieron: intentaré que me apoyen porque es demasiada responsabilidad que me dejen sólo a mí la educación de sus hijos. Si alguno se mostrara evasivo despertará la peor de mis inquinas que solo podrá apaciguar la enorme pena que, a buen seguro, me despertará su hijo. Eso sí, si alguno de ellos se presentara el último día de clase exigiéndome que apruebe su hijo no habrá freno para la inquina y le daré la tarjeta de visita de un amigo psicólogo especializado en educación de padres.

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