Mayorías selectivas

Es lógico pensar que para que un artículo tenga éxito y se expanda masivamente por las redes sociales es preciso hablar de sexo, difamar a alguien o humillarse públicamente confesando cualquier aberrante pecado; también ayuda contar con muchos amigos virtuales que lean a uno por compromisoRafael Robles (hoy te retuiteo yo y mañana lo harás tú y si no te hago “anfolou”). Los artículos serios, técnicos y sistemáticos no suelen despertar un amplio interés más allá del de un escaso público también serio, técnico y sistemático. Los demás piden -¿pedimos?- brevilocuencia o -si nos interesa el artículo pero en ese momento carecemos de disposición de ánimo para concentrarnos en tan exigente lectura- lo postergamos, ignorando que postergar en la era de internet significa olvidar para siempre.

Además los algoritmos de GoogleFacebookTwitter y Amazon establecen las nuevas relaciones de poder de la humanidad al decidir los nombres de las nuevas elites. Continuar leyendo en MiCR

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Se buscan castellano-manchegos por el mundo

Comparto con ustedes una nota informativa para participar en el programa “Castellanos Manchegos por el Mundo” que recibí hace unos días. De paso les recuerdo que si se anima a participar en el libro que tengo entre manos sobre inquietos manchegos no dude en contactar conmigo a través del formulario de contacto situado en la columna de la derecha. En unas semanas nos pondremos firmemente a la tarea.

BUSCAMOS CASTELLANOS MANCHEGOS POR EL MUNDO.

Eres Manchego, has vivido toda tu vida en Castilla La Mancha, quieres contarnos cómo es tu vida fuera de España. Si es así te invitamos a participar en el programa de TV: Castellanos Manchegos por el Mundo.

A través de ti, conoceremos las diferencias culturales, gastronómicas y turísticas de un país sorprendente. Anímate a contarnos cómo has llegado y qué haces allí y cuales son las contrastes que más te llaman la atención.

Si estás interesado o piensas que a alguien le puede interesar no dudes en ponerte urgentemente en contacto conmigo: Estefania.diaz@atresmedia.com / estefania.diaz@uniprextv.es

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Amiguitos de Pumby

Tengo entre mis manos un ejemplar de la revista infantil Pumby del año 1956. Costaba dos pesetas, es decir, un céntimo de euro, y en ella aparecen entrañables historietas para niños y adolescentes como “Pumby, el gatito feliz“, “Trompy el elefante“, “Cangurito“, “Becerrín“, “Caperucita encarnada”, “Nicotín”, “El conejito atómico”, “El faunito Pepino“, “El pájaro loco”, “Miguelín”, etc.

Pero el motivo de mi artículo no es comentar las ingenuas historietas que condensan el espíritu nacional de la España franquista que anunciaba el fin de la autarquía y el inicio del desarrollismo. Escribo porque sigo desolado tras leer atentamente y con escalofríos la sección “Amiguitos de Pumby”.

Dicha sección servía para que los niños publicaran sus fotografías y explicaran qué querían ser de mayores. Con la perspectiva que me da el tiempo quise indagar, ayudado por

Google, los sueños frustrados de aquellos niños que, llenos de candor, se creían inmortales y capaces de alcanzar cualquier sueño que se propusieran.

El caso que más me ha perturbado es el de la niña Patrocinio Cordero Oslo. Ella quería ser artista de cine, pero la vida le llevó por derroteros menos glamourosos. Sé que se casó. También que el juzgado de primera instancia de Barcelona la estuvo buscando infructuosamente junto a su marido don Francisco el 22 de mayo de 1984, pero estaban en paradero desconocido. Del mismo modo sé que el 12 de octubre de 1989 falleció doña Patrocinio y que  seis años más tarde lo haría su marido tras haberse casado en segundas nupcias.

La vida no da más oportunidades así que carpe diem!  Sirva este posteo como un homenaje a doña Patrocinio que haga perdurar su nombre y contravenir, por tanto, las duras palabras de Marco Aurelio: En suma, recuerda que dentro de brevísimo tiempo, tú y ése habréis muerto, y poco después ni siquiera vuestro nombre perdurará (Meditaciones, III, 6).

No puedo menos que dedicar este escrito a la persona que me está leyendo ahora, dentro de cien años.

 

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Respuesta al senador-torero

No está nada mal que un miembro de la Cámara alta legislativa se vista el traje de luces y baje al burladero de un medio de comunicación modesto para dar cumplida cuenta de las bondades de su intelecto y de lo equívoco de los columnistas antipáticos -por señalarle con el dedo- a quienes tilda con sarcasmo de “curioso moderno” y de “docto profesor”. Rafael RoblesSoslayando su incomodidad, se aprecia en el senador Miguel Ángel Rodríguez, a quien Nietzsche calificaría como el “torero de la virtud” por el elogio doctrinario de su moral y la de su partido, cierta muestra de valentía torera muy de agradecer en estos tiempos de silencios cobardes, ruedas de prensa en pantallas de plasma y desvergonzadas evasivas a los periodistas. Sin embargo, como bien nos ilustra la fábula del escorpión la rana, el senador ha citado al morlaco y este, que no es maulón, está dispuesto a entablerar y empitonar a tan audaz diestro.

Comienza el lidiador su paseíllo con un discurso que pretende fraguar un clima de animadversión contra José Rivero y yo mismo para que, supongo, sus capeos posteriores provoquen fácilmente los aplausos del tendido, llevado por la emoción más bien que por la razón. Para ello se sirve de la falacia por ignoratio elenchi consistente en explicar premisas que nada tienen que ver con la conclusión que se pretende demostrar. De este modo bramo: ¿qué tendrá que ver mi crítica con los insultos que recibiera en la calle junto a la ministra? Su retórica victimista pretende descalificarme en vez de refutarme y aunque los insultos fueran ciertos mentarlo aquí supone un sesgo cognitivo de falsa vivencia por su efecto de distorsión en el lector.

Una vez iniciado el tercio de varas, el diestro, que me cree pastueño, pretende que recule sirviéndose sin remordimientos de una falaz chicuelina por inducción precipitaday de una desangelada verónica que toma la parte por el todo al afirmar que sus palabras ofendieron a “los mismos que, apenas cuarenta y ocho horas antes, le dedicaron toda suerte de insultos e improperios”. Nos sentimos ofendidos por comparar a la PAH con el nazismo, pero la mayoría jamás ha insultado a nadie por la calle y, aunque bufemos contra ciertas ideas ominosas, respetamos, a pesar de todo, a las personas que las profieren. ¡Se respetan las personas, no las ideas!

A continuación dedica unos pases naturales a criticar la ley del embudo, como dando a entender -en un más que probable mecanismo de defensa proyectivo- que cometo lafalacia del doble rasero; ante tamaño despropósito el toro no obedece sino que muge y asesta un varetazo contra la falacia del espantapájaros por extrapolación ilícita con que se le intenta burlar. Con ello pretende el torero convertir mi tesis en un simple testaferro o en una figura caricaturizada y simplona.

Prosigue el pegapases, ya en el tercio de banderillas, tratando de legitimar a su partido porque “lo han votado once millones de españoles” cometiendo, sin pretenderlo, lafalacia ad numerum porque la opinión de unos cuantos, por muchos que sean, no garantiza la verdad de una creencia, ya que ésta debe justificarse independientemente de cuántos la sostengan. Por otro lado incurre en la falacia pseudo democrática, al pensar que el voto favorable de la mayoría es suficiente corrección de una postura; es preciso, por tanto, enseñarle que sólo las mayorías bien documentadas aspirarían a ser guías fiables de la corrección de un pensamiento, algo de todo punto imposible con un programa electoral fraudulento con el que se sirvió para llegar a su puesto de senador-toreador. Además debería saber que hay seguidores del PP, y supongo que también afiliados, que apoyan a la PAH. Parece que sus banderillas no aciertan a clavarse en el lomo, ha debido de pensar que torea a un mansurrón.

De la misma manera arguye el torero que “son críticas desaforadas que destilan algún tipo de odio atávico hacia cualquier cosa que huela a PP”. Ahí me deja cabeceando, como un asno de Buridán a punto de transformarse en un toro de Falaris; mi bravura se amansa aturdida por tamaña acusación. Mi odio atávico es contra quienes jamás tienenpresente en sus declaraciones la creciente multitud de los que padecen en suspropias carnes el sufrimientoel dolor la explotación generados por una estructurasocial económica injusta, y de esos encontramos tanto en su partido como en el resto y cuentan con todo mi desprecio. De su requiebro se deduce que no ha debido de leer mi artículo o, lo que es peor, no se ha enterado, lo que le lleva a cometer la torpeza de la falacia ad lapidem, porque ignora el argumento criticado y, por tanto, rechaza discutir mi tesis central -y única- consistente en que es una desfachatez comparar la labor reivindicativa de los miembros de la PAH con la de los nazis.

Ya en el tercio de muerte desliza el matador otro imprudente capeo: “me hacen también blanco de sus críticas por el mero hecho de pensar distinto a ellos y atreverme a exponer mi opinión”. Ahí empieza realmente la suerte de muleta. Tamaña aberración lógica recibe el nombre de falacia priori, porque su razonamiento pasa injustificadamente de la causa a la consecuencia y extrae una conclusión por el mero hecho de que se dé ese enlace causal. ¡No le critico por pensar distinto sino por pensar mal!

Para más inri, y mientras suena un pasodoble virgiliano, el matador, autoheroificado en un Eneas ultrajado, me hace un desplante para compararme con la rencorosa Juno y lanzarme, con un galleo retórico, un mourinhiano “¿por qué?”; de tal manera que no puedo evitar respingar: es indecente comparar una manifestación ciudadana con el nazismo, lo que despertaría el exabrupto no solo de mí, sino de tirios y troyanos. Además su pregunta entraña la falacia del falso dilema porque el hecho de criticar unas declaraciones no implica que yo deba sentir rencor, hay más opciones posibles.

Siguen los recortes y quiebros con una espectacular floritura que alude a las “brigadas del amanecer”, cometiendo de este modo la falacia de asociación cuya estructura lógica, una vez desentrañada por el aficionado taurino, le hará arrojar almohadillas con inquina; a saber, premisa mayor: José Rivero critica al poder, premisa menor: las brigadas del amanecer agredían a quienes criticaban al poder, conclusión: Rivero es afín a las brigadas. ¡No tiene ni pezuñas ni cabeza! Su contumacia se incrementa, además, al vislumbrar un escondido argumentum ad iram para excitar los enojos del respetable en apoyo de su alegato.

A continuación tiempla al toro y se vale de un pase natural al calificarme de eximio y “docto profesor muy leído y viajado”, con lo que trata de ironizar o debilitar con el halago. Es un claro ejemplo de demagogia consistente en halagar al interlocutor o apelar a sus sentimientos para que acepte una propuesta pero sin aportar pruebas reales. Continúa con un derechazo (nunca mejor dicho) al decir que “como buen seguidor de la filosófica ´escuela cínica´ se dedica a buscar hombres honestos dando por hecho que no los encontrará en ninguno de los dos partidos mayoritarios”; sin embargo le falla la premisa mayor, porque aunque mi columna lleve el nombre de tan insigne cínico ello no implica que uno pertenezca a esa corriente filosófica. Y culmina con un remate de pecho: “Como no me conoce de nada, me extraña que me dedique tamaños calificativos por el hecho de haber expresado una opinión libremente”. Así Rodríguez se convierte en mascarón de proa y banderín de enganche de su criticada ley del embudo: “yo sí critico a los demás sin conocerles de nada, pero que no me critiquen a mí”. Si siguiéramos los deseos del senador estaríamos condenados al silencio puesto que de la persona hay que conocer los aspectos que se critican, no el resto que no me importan; me limito a poner en solfa unas desafortunadas declaraciones suyas.

También se arrima paternalmente para balbucear un obvio “no hay que tener miedo a la palabra” y tratar de embarbarme con un “lo peligroso es pasar de las palabras a los hechos, como ya ha sucedido en algunos lugares de España en relación a este asunto”. Respecto a su primera afirmación estoy de acuerdo pero en lo referido a nuestro intercambio epistolar no es más que una falacia non sequitur. Sin embargo trata de ahormarme con su segunda afirmación, que recibe el nombre de falacia de la pendiente resbaladiza, al tratar de definir una cadena causal con una consecuencia indeseable y deducir que la causa inicial debe ser extirpada. También comete la falacia ad metum por apelar al miedo si no se impone su premisa. De ninguna de las maneras consigue hacerme recular. Soy un toro seco, no un mansurrón.

Aún habiendo entrado en falso, el senatador pretende darme la puntilla recordándome también que “cuando, en 2011, se produjeron 77.000 desahucios en España, permanecieron callados y mudos y que es ahora cuando se cambian las leyes, se limitan sus efectos y se buscan alternativas para aquéllos que sufren sus consecuencias”. En mi artículo no hablo de esto, pero puestos a razonar debe trastear el senador con que la PAH se creó en 2008, su concepción fue el “Movimiento por una vivienda digna” en 2006 y el primer #stopdesahucios en Madrid fue en 2011, los tres mientras el PP estaba en la oposición.

Sin embargo esta tarde el maestro, que algunos ya le descubren como un embaucador maletilla o mozo de espadas, no ha podido con el toro por más que este haya tardeado. No hay rabo, ni orejas, ni paseíllo porque su puntilla final es un patético “para terminar y dejando por sentado que esta es mi última intervención sobre este asunto y que no tengo interés en mantener relación epistolar ni con el ´curioso moderno´ ni con el filósofo cínico, les recuerdo aquéllos versos de Quevedo: “No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo”. Ante tamaño pinchazo, bella poesía al servicio de la falacia ad verecundiam, solo me queda elevar el velaje, doblar el corvejón y tomar impulso para empuntar con otra estrofa del poema que menta: Con asco, entre las otras gentes, nombro / al que de su persona, sin decoro, / más quiere nota dar, que dar asombro.

Hoy no habrá verduguillo ni descabello porque el toro ha demostrado trapío, al contrario que el torero que anduvo despegado. Tan solo se oyó a lo lejos un solitario ¡olé! de algún adulador de su partido, así que no puedo menos que despedirme, mientras me devuelven entre aplausos a los establos, con un horresco referens que ustedes sabrán disculpar: ¡Ay Manolete!, ¡si no sabes torear pa qué te metes!

Publicado originalmente en MiCiudadReal

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Inquietos manchegos. Relatos viajeros de escritores de La Mancha

Portada

La reciente publicación del libro Inquietos vascones me ha despertado la necesidad imperiosa de retomar la idea de coordinar un libro escrito por manchegos viajeros que llevo largo tiempo considerando. Mi experiencia anterior con Leer El Quijote en Teherán y, sobre todo, con El español en la maleta hace que conozca de alguna manera los entresijos del mundo editorial lo que ayudará para llevar a buen puerto el proyecto en esta época de incertidumbres sobre el mundo del libro. Considero que lo que aprendí coordinando El español en la maleta, que empezó también con un sencillo posteo como este, será muy útil para organizar y conjugar los relatos de la veintena de manchegos viajeros que quieran unirse al proyecto.

Mi pretensión es hacer un libro bonito, con ilustraciones, con relatos cuidados, divertidos, dramáticos, anecdóticos, que en nada se parezcan a insulsos informes sino que estén llenos de filosofía fresca, literatura y poesía. Estoy seguro de que si formamos un buen equipo de escritores manchegos viajeros encontraremos una editorial fuerte que quiera apostar por el libro; pero mientras eso llega queda una ardua labor que estoy dispuesto a asumir.

Por tanto, si usted es manchego -o se siente tal por encima de cualquier otra identidad regional- y ha recorrido lugares del mundo sin confundir “viajero” con “turista” puede escribirme a través de este formulario para empezar a coordinar el trabajo. Igualmente, si conoce a alguien que pudiera encajar en el proyecto no dude en hacerle llegar esta información.

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Kant y Sofía van al cine


No me gusta el cine para entretenerme porque el término “entre-tener” alude a escabullirse de la vida durante un rato. Amo el cine porque ayuda a ser más feliz, mejor profesor y, sobre todo, porque orienta en el difícil y sinuoso camino que conduce a ser mejor persona. Para intentar alcanzar estos tres propósitos es preciso acercarse a las películas de la misma forma en que Sócrates trataba a sus interlocutores en las plazas: interpelando, preguntando, dialogando y criticando. Es así que cuando me sumerjo en una película trato de entablar una conversación ácrona y atópica con el director y el guionista, diálogo nada sencillo que en el fondo supone hablar con uno mismo; el necesario pero complicado diálogo interior es facilitado por extraordinarios libros como  Kant y Sofía van al cine, de José Manuel Campillo, a quien estoy agradecido por enseñarme a mirar en la pantalla más allá de lo evidente.

A continuación muestro algunos fragmentos del libro acompañados de escenas de las películas que son referidas por el escritor:

Solo ante el peligro


Porque Kane no busca subterfugios en su actuación, no busca satisfacer sus deseos o los de su mujer. Él solo busca una cosa: cumplir con su deber. Hacer aquello a lo que, de manera inexcusable, su conciencia le obliga. Y esto no es otra cosa que volver a la ciudad y ejercer de sheriff. El proceder de Kane nos va a servir de ejemplo para explicar la ética kantiana. Él es kantiano. (…) Kane considera que es su deber, su obligación, quedarse porque es lo que desearía que hiciera cualquier otro en su lugar. (p. 16 y 19)

El diálogo que se produce en la iglesia entre los parroquianos y el propio sheriff nos va a servir para explicar otra de las éticas que aparecen con claridad en la película. Una de formulación relativamente reciente. Es la ética comunicativa o dialógica (del discurso o del diálogo), formulada casi a la par por los filósofos Jürgen Habermas y Karl Otto Apel. (p. 22).

 

Madame De

Este film gravita sobre dos temas: el amor y el azar. Detengámonos un poco en este segundo para una mejor comprensión del primero. En todas las cuestiones terrenales, y el amor lo es, el azar desempeña un papel muy importante (…) (p. 35)

 

Vértigo

Esta es la señal que nuestro inconsciente coloca en los sueños cuando estos han ido demasiado lejos o cuando tenemos alguna necesidad física, o debemos despertarnos porque tenemos una cita, o… La caída es un mecanismo del sueño para indicarnos algo (…) (p. 51).

 

Lolita

La razón ha desaparecido de sus argumentos, aunque aparezca en su discurso. Solo la más disparatada razón puede formular tal petición; y lo curioso es que, en su situación, muchos actuarían igual. ¿Por qué? Quizá porque nuestro cerebro ni es un órgano tan perfecto, sino que como señala Gary Marcus en Kluge. La azarosa construcción de la mente humana, es un apaño evolutivo. Un conjunto de apaños improvisados por la evolución para resolver diversos problemas de adaptación. (p. 67).

 

El señor de las moscas

La importancia que las normas tienen en la cohesión y buen funcionamiento de la sociedad ha sido estudiado por Émile Durkheim. Para el filósofo francés, cuando la sociedad cumple las normas establecidas puede prosperar y asentarse como tal, pero si cae en una situación de anomia (ausencia de normas), se pierde la fuerza que los pueda unir o integrar. (…) Después de esta reunión, en la que se ha fijado un acuerdo de mínimos, vemos al grupo cooperando y velando por el buen funcionamiento de la sociedad creada. Todos cumplen con sus labores desde diferentes campos de actuación. Unos se encargan de explorar, otros de cazar, otros de hacer fuego y cuidar de que no se apague (…) (p. 75). (…) La frágil sociedad del principio se ha disuelto. Ya no queda nada que los una, excepto la idea de que deben ejercer su predominio sobre el otro grupo. (p. 84)

 

Blade Runner

Una paloma blanca emprende el vuelo, como también lo hace el corazón de Roy. Su nueva morada ha de ser aquella en la que la bondadosa humanidad descanse. Con su acto ha cruzado el umbral que separa el bien del mal. (p. 106)

 

La vida de los otros

El funcionario de la “Stasi” es una persona educada, discreta y respetuosa en el trato. Pero con un gran defecto: antepone el Estado al individuo. Para Gerd, el “socialismo”, servir a su país, es lo más importante. Y cualquier cuestión ética que se le plentee en su labor queda subsumida por la desobediencia que le debe al todopoderoso y omnipresente estado. (p. 108).

 

El ilusionista

Lo que vemos, lo que oímos, sentimos y pensamos, se basa en lo que esperamos ver, oír, sentir y pensar. Asimismo, nuestras expectativas se basan en la totalidad de recuerdos y experiencias previas. (p. 123) (…) El misterio que envuelve a la magia tiene mucho que ver con la manera en la que el cerebro construye -y cae en el engaño de- las ilusiones. aunque las ilusiones no tienen por qué ser errores. Forman parte de la percepción y representan aspectos fundamentales de nuestro procesamiento visual y cognitivo. (p. 133).

 

La ola

El nazismo (también el fascismo) es un problema económico y político, pero su aceptación por parte de todo un pueblo ha de ser entendido sdobre una base psicológica” (p. 147) El hombre, por su espíritu gregario y por su necesidad de seguridad prefiere, a veces, entregar esa libertad que le provoca desazón a aguantar sobre sus espaldas su gravosa carga. (p. 149)

 

La red social

Facebook triunfa porque tiene los conectores (alumnos de la prestigiosa y conocida universidad de Harvard. Hay un momento en el que Mark le dice a Eduardo que está a punto de entrar en un club de élite: “Esos tíos conocen mucha gente, y necesito sus mails”), los “mavens” (Sean POarker) y los vendedores natos (el fondo al que se asocia para que la red crezca). Tiene el gancho (como dice la novia de Eduardo en un momento de la película: “Es guay”. Su diseño, su estilo, gusta) y el contexto (crece en universidades -pequeñas hermandades de como máximo 150 miembros-). (p. 160).

 

Campillo dedica el penúltimo capítulo a una maratón de cine en el que comenta con más brevedad los aspectos filosóficos de La mujer del cuadro, Papillon, Érase una vez en América, El club de los poetas muertos y En el punto de mira. Además el último capítulo, titulado “Fotogramas”, es un recorrido brevilocuente por El tesoro de Sierra Madre, Hannah y sus hermanas, El método Un buen hombre que despertarán en el lector las ganas de profundizar por sí mismo en la reflexión filosófica que esconden tan magníficas películas.

Por cierto, aparte de animarles a leer Kant y Sofía van al cine, no se pierdan las críticas cinematográficas de José Manuel Campillo en el periódico digital MiCiudadReal: “Silencio, ¡se rueda!“.

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Publicidad sindical

Adivinen qué sindicato es capaz de dejar en la sala de profesores de un centro educativo propaganda de una caja de ahorros que anima a los docentes a solicitar préstamos. Deben de estar perdiendo miles de afiliados como para verse obligados  a recurrir a este tipo de extrañas artimañas para subsistir.

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