En occidente es aberrante pensar que un hombre pueda estar casado a la vez con más de una mujer; en todo caso, si el varón europeo padeciera de exceso de andrógenos o sufriera de carencias afectivas, simplemente escondería a la sociedad su relación extramatrimonial. Por el contrario en Irán estas relaciones poligámicas han de estar legalizadas con el fin de proteger a la mujer que se entrega a los deseos de un señor casado. La diferencia estriba en que en Irán los hombres que se casan con más de una mujer (hasta cuatro) lo hacen, en principio, por una cuestión de caridad ajena a la pasión o a la atracción física: atienden las necesidades de señoras solitarias, viudas, desesperadas o endeudadas que son las que, salvo excepciones, toleran este tipo de humillante servidumbre aunque queden agradecidas a su protector marido. Para mayor desesperación, la opinión de la primera mujer no cuenta a efectos legales. Creo que son hombres bien intencionados quienes practican la poligamia -no vean en ellos a violentos ogros malolientes y antipáticos- y les supondrá un enorme desembolso económico durante toda la vida mantener a sus distintas esposas.
Antes de ofuscarse y enorgullecerse de su superioridad racial y cultural, piense en una alternativa realista que aporte cierta estabilidad económica a las miles de segundas mujeres que si no fuera por estos contratos matrimoniales compartidos andarían mendigando por las calles. Mi propuesta es la siguiente: finalizar con el terrible bloqueo económico que se aplica en Irán por parte de los gobiernos occidentales que solo consigue el insoportable sufrimiento de la población civil inocente a la que no queda más remedio que agarrarse a un clavo ardiendo y, en ocasiones, a un hombre casado.


