Esta es la web del profesor Rafael Robles. En ella comparto mis experiencias didácticas en varios países (Irán, República Dominicana, Haití, China, Estados Unidos, España y República Checa) y reflexiones sobre el mundo educativo.
He pasado mi vida docente percibiendo resignado que a la mayor parte de la ciudadanía le cuesta entender que los seres humanos nos educamos en comunidad. Educarse en comunidad implica alternar el rol de enseñante con el de estudiante lo cual es válido tanto para asignaturas instrumentales -la matemática y la lengua- como, sobre todo, para aquellas encargadas de “troquelar conciencias”, es decir, las comprometidas con el crecimiento moral: “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos“, “Educación Ético-Cívica” y “Filosofía y Ciudadanía“.
Enseñar estas asignaturas de forma unidireccional es un camino directo hacia la ineficiencia, la manipulación y la deshumanización. Por el contrario, si se entiende la enseñanza del crecimiento moral como una comunidad de investigación en la que todos enseñan y aprenden gracias al campo de actuación que facilita el profesor -el facilitador-, se estará incentivando que cada estudiante descubra por sí mismo formas de razonamiento crítico ante dilemas éticos, ideas filosóficas e, incluso, dramas personales. El profesor debe limitarse a mostrar el camino para evitar el obstinado peligro de confundir educación moral con adoctrinamiento. Solo de este modo se puede empezar a abandonar nuestra minoría de edad en la didáctica de los valores en la beligerante sociedad del nihilismo, la tecnocracia y la postmodernidad.
hacer de parteras de pensamientos morales es harto difícil y requiere de un esfuerzo continuado y sacrificado
Sin duda hacer de parteras de pensamientos morales es harto difícil y requiere de un esfuerzo continuado y sacrificado por parte del profesorado. Es imprescindible una formación continua en los aspectos teóricos y prácticos de la asignatura porque numerosos profesores, presos de una enfermiza humildad, entonan un funesto “¿quién soy yo para enseñar algo que debería transmitir la familia?”. La respuesta es obvia.
solo siendo conscientes de la pertenencia a la clase opresora es posible desvincularse de la misma
Del mismo modo, existe una grave carencia en el conocimiento minucioso de los orígenes históricos de la asignatura. Solo conociendo de donde venimos será posible corregir los errores que nos permitan vislumbrar de forma optimista una sociedad más justa, en cuya construcción tienen un papel fundamental los profesores de ética. Es así que, por ejemplo, tomaremos conciencia de que los docentes de Ciudadanía somos posiblemente “troqueladoras” al servicio de los intereses de la clase dominante y que solo siendo conscientes de la pertenencia a la clase opresora es posible desvincularse de la misma -como quien empieza a curarse cuando sabe que está enfermo- para no seguir reproduciendo sus turbios intereses.
cualquiera que esté interesado en criticar o alabar las asignaturas pro-ciudadanas, como el inefable Ministro de educación, debería leer antes este libro
Dicha laguna metahistórica la acaba de resolver Félix García Moriyón con su nuevo e importante libro El troquel de las conciencias (Ediciones de la Torre, Madrid, 2011). A partir de ahora cualquiera que esté interesado en criticar o alabar las asignaturas pro-ciudadanas, como el inefable Ministro de educación, debería leer antes este libro. Así, por lo menos, evitaremos la osadía debida a la ignorancia.
Una buena educación moral facilitaría la existencia de una democracia que sí nos hiciera libres
Comparto con García Moriyón una de sus tesis principales que dice que la nueva sociedad de masas y de consumo, con sus potentes y omnipresentes medios de comunicación, ha mermado sensiblemente la importancia de la escuela como institución encargada de la educación moral de los niños y jóvenes (p. 20). De este modo una serie televisiva de moda o una actriz guapa influye moralmente mucho más que un simple profesor. Esto, en principio, no tiene por qué ser malo siempre que la serie o la actriz sean conscientes de su importante labor pedagógica, algo que, sin embargo, cuestiono.
Pero también dudo -y esto es más grave- de que todos los profesores de Ciudadanía sepan hacer eficientemente su trabajo pues algunos son acusados de negligentes por limitarse a proyectar películas ajenas a la asignatura o usar la clase para avanzar en materias distintas. También sospecho que hay docentes que caen en el extremo opuesto por creer que la educación moral consiste en modelar las almas de los niños en el troquel de las virtudes cívicas y de la propia vida escolar con sus premios y castigos, sus aprobados y sus suspensos, sus horarios de trabajo y sus reglas de disciplina interna. (p. 21); igualmente habría otro tercer tipo de docente irresponsable que, aunque víctima sin saberlo de las mafias financieras, se empeña en seguir legitimándolas al sostener que las virtudes cívicas que consideraban fundamentales aquellos ilustrados o burgueses liberales han dejado paso a unos valores seculares mucho más prosaicos, los propios de un capitalismo sustentado por el consumo y no por el ahorro y la laboriosidad (p. 27) haciendo valer una ética hedonista que solo fabrica pobres e injusticias porque el principio del placer sustituye al principio de realidad (p. 37).
la desidia, la educación decimonónica y el servilismo dificultan el gran objetivo de la educación
Este trío de vicios que amenazan a una didáctica responsable de la Ciudadanía -la desidia, la educación decimonónica y el servilismo- dificultan el gran objetivo de la educación que es a un tiempo liberar y domesticar (p. 55) en un difícil equilibrio sin el cual la sociedad democrática se resquebrajaría. La clave consiste en determinar en qué hay que “domesticar” y si más bien habría que hablar de enseñar a “autodomesticarse” como resultado final de un riguroso ejercicio personal de pensamiento crítico.
El movimiento 15M es un claro ejemplo de arrojo moral frente a la desidia y sumisión de la mayor parte de la población. No se dejan troquelar
Además, es fundamental que el profesor de Ética no cometa el grave error de la enseñanza de valores que consiste en el absurdo imperativo inconsciente “Haz lo que te digo que hagas, no lo que me ves hacer” (p. 41). Para evitarlo, todo docente de moral y de ética debería prestar atención, entre otros, a los siguientes puntos que afloran del libro:
1) No etiquetar a los estudiantes con notas:
La responsabilidad del suspenso recae sustancialmente sobre las espaldas del estudiante al que le habrá faltado motivación o, sobre todo, esfuerzo y disciplina, y por eso es el único que paga el precio del fracaso con un año más de su vida en la institución escolar. A su padre y su madre no le pasa nada; sus profesores cobran lo mismo aunque suspendan la mayor parte de sus alumnos; las autoridades educativas políticas tampoco rinden cuentas por esos fracasos escolares. (p. 59).
2) No hundir la autoestima de los estudiantes:
La gente (…) percibe el fracaso como una cuestión personal (…) los estudiantes pertenecientes a la clase obrera y al sector de los agricultores y jornaleros fracasan en un porcentaje muy superior a los de la clase alta y los hijos de autónomos, y significativamente superior a los de clases intermedias. p. 60.
3) No dejarse influir por datos estadísticos absolutamente falsos:
El porcentaje, pequeño pero significativo, de niños y niñas que, por sus especiales capacidades intelectuales y afectivas logran salir adelante y llegar a la Universidad es suficiente para mantener con buena salud el ideal de la movilidad social para todos y para todas. (p. 61).
4) No colaborar de forma consciente o incosciente, activa o pasiva, en la perpetuación de las diferencias sociales injustas:
La clase alta (…) ha enviado a sus hijos a escuelas de pago garantizando de ese modo no tanto la calidad educativa cuanto el ambiente social en el que van a crecer sus hijos y las compañías que van a incidir en su desarrollo (p. 69)
5) No enseñar la democracia sin comportamientos democráticos:
La escuela como un todo debe convertirse en un espacio para la experiencia social y moral; por eso hay que transformarla en una comunidad democrática, con sus normas, sus representantes y prouectos gracias a los cuales los niños tienen experiencias sociales y morales que le van a ayudar a su propio desarrollo. (p. 137).
6) No suspender para, incomprensiblemente, ganar prestigio:
Algunos profesores caen en ese juego clasificatorio y buscan el prestigio de su asignatura a golpe de dificultad y de suspensos. (p. 164)
Ojala el profesorado en su conjunto, pero especialmente el encargado de la educación moral, logre acabar algún día con el hecho constatable de que la clase social de pertenencia sigue siendo un factor altamente predictivo del éxito académico y social (p. 247). Deseo también que los profesores seamos capaces de plantar las semillas morales que algún día fructifiquen en forma de paz mundial. Sin duda García Moriyón aporta con su nuevo libro una herramienta notable para seguir soñando con que otro mundo es posible. La clave está en mostrar arrojo moral evitando las moralinas:
El modelo de educación moral que este libro apoya, el que se manifiesta incipientemente en los comienzos, y va abriéndose camino, sin consolidarse realmente, señala expresamente que no corresponde al profesorado resaltar las moralejas para que los estudiantes las interioricen; esto es, la educación moral no debe ser nunca moralina. (p. 250).
Les dejo con una interesante charla de Noam Chomsky que, en la línea del libro de García Moriyón, acusa a la educación realmente existente de deseducar. Yo ya hago autocrítica. ¿Alguien más se atreve?
Mañana volveré a hacer huelga. Sigo considerando que quien no la hace es cómplice de la maldad o, lo más probable, no ha intentado esforzarse en estudiar con cierta seriedad la situación que atravesamos. Decidirse con responsabilidad por hacer o no hacer huelga requiere de amplias y reposadas lecturas de libros y de sesudos artículos; no basta con una conversación de café, una emoción o una frase publicitaria. Conozco a muy pocos que hayan hecho este esfuerzo intelectual. Es desalentador.
Mañana este blog y todos los materiales didácticos que comparto no estarán disponibles. Pido disculpas a los 1400 lectores que diariamente los visitan y aprovecho para invitarles a que reflexionen con sosiego sobre el futuro del sistema educativo.
Todas las páginas del dominio rafaelrobles.com redirigirán a este documento informativo. Animo a todos aquellos que tengáis blog o web a que colaboréis también en el apagón de 24 horas de Internet.
Acabo de ver una entrevista a Wert en la manipuladora cadena de televisión -cuyo nombre me da vertgüenza citar- en la que se forjó antes de ser ministro de Educación. Ha faltado a la verdad una vez más y quiero dejar constancia de ello en este humilde blog para intentar paliar sus, presuntamente, intentos de manipulación de la opinión pública.
En primer lugar, según el Decreto de currículo los temas a tratar en el bloque·de la asignatura de Ciudadanía denominado “Relaciones interpersonales y participación” son los siguientes: “dignidad personal”, “igualdad de derechos individuales”, ”reconocimiento de las diferencias“, “rechazo a las discriminaciones“, ”fomento de la solidaridad“, ”participación y representación en el centro escolar” y “actividades sociales encaminadas a lograr una sociedad justa y solidaria.
En segundo lugar, algunas de las recomendaciones del Consejo de Europa son:
Prestar especial atención a la adquisición de actitudes necesarias para la vida en sociedades multiculturales, respetuosas de las diferencias y preocupadas por su entorno, que está experimentando rápidos cambios, a menudo impredecibles.
Capacidad de reconocer y aceptar las diferencias.
Promoviendo y reforzando los enfoques y métodos educativos y de sensibilización en toda la sociedad y, en particular, entre los alumnos y los estudiantes, que favorezcan un clima de tolerancia y el respeto de la diversidad cultural y religiosa
Como acaban de comprobar, si extirparan el mencionado bloque de la polemizada asignatura estarían incumpliendo con tres de las propuestas del Consejo de Europa. Algún día tendrán que dar explicaciones de todo este despropósito ante las autoridades educativas europeas con el mismo nivel de pleitesía que rinden a las autoridades económicas y a las mafias financieras.
Mis alumnos conocieron el pasado jueves a Yoro, un amigo gambiano que llegó a España tratando de esquivar la muerte. No buscaba el paraíso, simplemente huía de las guerras, el analfabetismo, las hambrunas y la falta de esperanza. Las desgracias provocadas por las abyectas mafias financieras internacionales le obligaron a sortear infinidad de peligros que le arrastraron hacia España, donde intenta sobrellevar el día estudiando un oficio y practicando el atletismo para, alguna vez, volver a su país con el fin de aplicar todo lo aprendido y trabajar por una Gambia desarrollada y justa. Quiere ser presidente de su empobrecido Estado para sacarlo de la miseria.
El silencio sepulcral de los estudiantes mientras Yoro hablaba es la mejor prueba de su conmovedor discurso. A continuación muestro el vídeo de la conferencia comentándolo en tres partes. Antes doy las gracias a mis alumnas de segundo de Bachillerato Alba, Cristina, Sara, Ana y Carlos que me ayudaron a organizar el encuentro y a Pedro, que hizo las fotografías así como a María, que grabó el vídeo, ambos de 4º de ESO.
Comenzó Paco Pascual citando el verso de Jorge Manrique “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar” en clara alusión al río Gambia en torno al cual se creó la nación africana -igualmente llamada Gambia- donde nació Yoro. Prosiguió explicando que en África muchos países se llaman como los ríos (por ejemplo los ríos Gambia, Níger, Senegal y Congo dan nombre a sus países). Es como si España se llamara “Iberia” -la tierra del río Ebro-.
Como pueden ver en el mapa, Gambia, rodeada por Senegal, se sitúa en el Golfo de Guinea, también conocido como el “Golfo de los Esclavos”:
Desde allí partían los esclavos que serían vendidos en Norteamérica del Norte y en Norteamérica del Sur para trabajar en los campos de algodón sin retribución alguna. Cuando se abolió la esclavitud algunos volvieron a sus países de origen y tuvieron que enfrentarse a una descolonización tan desordenada que hundieron, más si cabe, la región en la miseria. Algún día los africanos, bien asesorados, pedirán cuentas por la rapiña y codicia europea.
A continuación Paco Pascual explica que Gambia es un precioso país muy conocido en España gracias a la serie “Raices” protagonizada por el gambiano Kunta Kinte, y que puede ver completa en este enlace. Seguro que si ven el primer episodio quedan enganchados:
Bien dice Paco Pascual que los habitantes de las islas griegas aprendían de los viajeros, como nosotros aprenderemos del nuevo Ulises que es Yoro. Además afirma contento que Yoro ya no tiene que escapar de la policía porque le van a dar “papeles” pronto. He de decir, en honor de la verdad, que son muchos los policías que se quejan de las inhumanas órdenes que reciben “desde arriba” obligándoles a identificar a personas aleatoriamente según su aspecto físico y no por despertar sospechas fundamentadas. ¡A Yoro lo han parado para identificarle en varias ocasiones simplemente por ser negro!
Es por ello que Yoro ha vivido tres años con mucho miedo a que le pudieran llevar al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche en el que, como se explica en este informe, no se cumplen los Derechos humanos (presuntamente atenta, entre otros, contra los artículos 1, 2, 5, 6, 7, 9 y 11) pero su mayor temor era que de allí podría ser deportado a su país; en esta vida todo es empeorable y en España, aunque golpeado, no ha de preocuparse de que algún rebelde llame a su puerta de madrugada.
Para finalizar Paco Pascual comparte con nosotros los siguientes materiales para profundizar en los temas que tratará Yoro y que mis alumnos deberán usar para las reflexiones en sus blogs:
Yoro vivió en Gambia hasta los 10 años. A esa edad empezó a viajar -o, más bien, huir- porque era pobre; no le faltaba alimento pero su familia no podía cubrir otras necesidades básicas. Ni siquiera se le dio la oportunidad de asistir al colegio, lo que le sigue entristeciendo hoy en día. Sin nada que perder ni arraigos materiales que le retuvieran se lanzó a la mar a la edad de diez años para pescar en aguas senegalesas. Pasó parte su niñez achicando el agua de los barcos.
Sus padres no querían que corriera peligro, pero necesitaban el dinero que Yoro les enviaba. En un mes ganaba lo que sus padres en varios. Su abuelo le llamaba “El español” porque desde los cinco años soñaba con llegar a España. Contemplaba ensimismado los cayucos en la playa y quería irse en ellos. Hoy sabemos que hizo su sueño realidad, pero antes de llegar a España tuvo que hacer dos peligrosos intentos recorriendo Senegal, Guinea Bisau, Guinea Conacry, Mauritania y Marruecos.
En su primer viaje, con quince años, estando en Guinea Bissau les denunciaron por pescar “sin permiso” así que una noche, por sorpresa, les apresaron unos marineros que les condujeron a tierra donde les torturaron y apenas les daban comida. Antes de liberarle le robaron su dinero. Emprendió ilusionado la marcha a Guinea desde donde decía la gente que se podía partir en cayuco hacia España; con este objetivo en la mente, al embarcar en Senegal acabó, por caprichos del azar, en Mauritania. Allí tomó un cayuco con otras150 personas para ir a España. Fue un viaje muy duro porque había viento y un fuerte oleaje.
Era tal ferocidad de las aguas que a los capitanes les entró miedo y condujeron la embarcación a la tierra más próxima, Marruecos. A pocos kilómetros de la orilla la policía marroquí les detuvo y les trasladaron a tierra firme. En la cárcel marroquí permanecieron dos días completos alimentados únicamente por un par de sopas aguadas. La policía marroquí también les quitó dinero que llevaban a España para llamar a sus familiares.
Al tercer día de su estancia en Marruecos les despertaron a las cinco de la mañana para meterles en camionetas de ovejas y trasladarlos a la frontera con Mauritania. No los adentraron en la propia Mauritania por temor a que la policía mauritana les rechazara ya que ellos no son sus compatriotas, así que deberían seguir en Marruecos; es por ello que los policías les abandonan en medio del desierto. Yoro tuvo que andar quince horas hasta llegar a un pueblo, con mucho calor, sin agua y sin comida. Su viaje había fracasado.
Sin embargo nada puede erradicar la motivación que da la necesidad de sobrevivir, así que en 2009, ya con 18 años, volvió a emprender la aventura. Como no tenía dinero intentó ser uno de los capitanes del cayuco que, por dirigir la embarcación, viajan gratis.
Ser dueño de un cayuco es un negocio altamente lucrativo: Si hay 150 personas por cayuco y cada una paga mil euros el negocio está claro. Solo debe comprar el barco, la gasolina y reunir a los “pasajeros”. Una vez que ha partido el cayuco el patrón puede despreocuparse, el dinero ya es suyo: no importa que los viajeros lleguen a su destino, que mueran o que vuelvan. Es tan elevado el beneficio económico de organizar viajes para pobres que sueñan con dejar de serlo que se generan verdaderas mafias del cayuco que nada tienen que envidiar a la Cosa Nostra.
Yoro no teme al mar porque es marinero y está acostumbrado a pasar largas temporadas sin pisar tierra. Eso le enseñó a enfrentarse a las peligrosas aguas del Atlántico e iniciar el peligroso viaje a España. Por el contrario la mayoría de los viajeros del cayuco sí que tenían miedo y vomitaban mareados. El miedo, al igual que sucede en Occidente, es el freno más poderoso de los sueños.
Un día encontró en la calle a un dueño de un cayuco que tenía el viaje preparado a falta de un capitán que llevara el barco. Yoro aceptó con la única condición de que le diera dinero para que, al llegar a España, pudiera telefonear a su familia. Era el 10 de febrero de 2009.
El cayuco en el que viajó tenía veinticinco bidones de gasolina de sesenta litros cada uno, además de 78 personas hacinadas en unas reducidas dimensiones de siete metros de eslora por dos metros de manga.
Los que allí iban, al igual que Yoro, apostaban su futuro a vida o muerte. Se trataba de llegar o morir en el intento, algo que sólo pueden hacer cuyas vidas apenas se diferencian de la muerte. Entrar en un cayuco es como jugar a la ruleta rusa, pero sufriendo mucho antes de morir: no se muere por un rápido disparo sino por la lenta erosión de la sal, el sol y el agua.
Tras tres días navegando el agua destrozó el motor y la embarcación no pudo seguir adelante. Mientras lo intentaban arreglar el mar se agitó con olas de hasta siete metros de altura. Esto dañó muchísimo a los pasajeros porque la salada agua marina entró en sus cuerpos dejándolos en carne viva. Yoro avisó al inicio de la aventura de que la clave para sobrevivir consiste en no dormir ni comer, sólo hay que hidratarse continuamente. La fuerza del mar era de tal magnitud que el ancla no podía cumplir su función y, por tanto, no fueron capaces de arreglar el motor.
Sin embargo la corriente marina -que los viajeros identificaron con la mano de Dios- hizo que el 14 de febrero, sábado, llegaran a Tenerife a las 8:30 de la mañana, donde había mucha gente esperándoles y dándoles agua y mantas. Yoro y sus compañeros pensaban, ingenuamente, que ya habían alcanzado su objetivo. Sin embargo la primera palabra que aprendió fue “corre” porque una chica le gritaba “corre, corre”. Entendió su significado cuando a continuación le gritó la internacional palabra “¡policía!”.
Llegaron a Tenerife sanos y salvos los 78 viajeros del cayuco. Todos estaban agotados así que no pudieron huir de las autoridades. Yoro, aunque aún con energía, tampoco corrió para no despertar sospechas. La Cruz Roja les ayudó.
Estuvieron en las dependencias policiales durante tres días en los cuales ni siquiera les dieron la oportunidad de ducharse para quitarse la sal que les producía horribles escozores. Luego les llevan dos días a un centro de la Cruz Roja en Tenerife donde sí pudieron ducharse y reponer fuerzas. Pero el descanso duraría poco porque inmediatamente les trasladaron a lo que él denomina como cárcel y que es el CIE de Fuerteventura. Pensaba ingenuamente que al día siguiente ya estaría trabajando.
Como desconocía la lengua española -y la Policía Nacional tampoco les entiende- el único lenguaje con el que podían comunicarse era con el de las porras. Estuvo en el CIE cuarenta días y Yoro dice que le pegaron muchísimo. El artículo 58 de la Ley de Extranjería afirma que “el internamiento se mantendrá por el tiempo imprescindible para los fines del expediente, sin que ningún caso pueda exceder de cuarenta días” así que tras la cuarentena le llevaron a Madrid, donde le acogió Cruz Roja con la que permaneció nueve meses. Allí estudió español.
Vio nevar, algo que pensaba que solo ocurría en las películas y pensó que se iba a morir de frío. Hizo un curso de camarero donde conoció a la familia con la que convive ahora. Tenía miedo a que tuviera que dormir en la calle y pensaba resignadamente en regresar a su país -donde la esperanza de vida es de 57 años- pero esta familia le salvó en el último momento.
He tenido que cortar la parte del vídeo en la que Yoro habla de su amigo albino porque el propio albino así lo ha solicitado. Lamentablemente los albinos son presa de la superstición y de la brujería y prefiere pasar desapercibido. Desde este blog le mando todo mi ánimo.
Tras la charla mis estudiantes plantearon sus preguntas. Al principio les costó hablar porque era demasiada la información que había que asimilar y muy dramática. Yoro les dejó sin palabras.
La alumna Silvia planteó la cuestión del racismo de los gambianos. Yoro responde que sí lo son, pero que ni siquiera saben lo que es el racismo. Explica al modo socrático que es el desconocimiento lo que hace que sean racistas. En España sucede igual.
La alumna Rocío le pregunta si la discriminación en Gambia es igual para hombres y mujeres y él responde que sí. También le pregunta acerca de los que enferman durante el viaje en el cayuco. Yoro responde que no se puede hacer nada con los enfermos excepto darles agua y comida porque carecen de medicinas y no son médicos. En su último viaje no hubo ningún muerto pero en su primer intento de 2007 murieron ocho personas. No les quedó más remedio que arrojar al agua los cadáveres, porque en el barco se pudren, huelen mal y transmiten enfermedades.
Aprendió español cuando llegó en 2009 sin haberlo estudiado antes. En Gambia no tuvo ninguna posibilidad de estudiar. Desde su casa al colegio hay treinta kilómetros así que su padre no le pudo dar estudios. Si apenas tenían dinero para comer no podían permitirse el lujo de pagar el transporte.
A continuación Yoro nos relata una triste historia que, aunque prefiere no recordar, quiso compartir con nosotros. Estando en Senegal salió un día a pescar con su compañero de habitación. Tras finalizar una buena jornada de pesca su amigo se lanzó al mar para nadar y relajarse. En ese momento apareció un enorme tiburón y Yoro y sus compañeros empezaron a gritar. Cuando su amigo presa del pánico inició el nado hacia el pesquero, el tiburón se dio cuenta y lo atacó. Cuando Yoro y el resto de marineros subieron a su amigo solo quedaba medio cuerpo. No les quedó más remedio que tirar los restos de su amigo al mar para que el tiburón lo comiera y les dejara en paz. La única preocupación de Yoro era decir a la familia de su amigo devorado -que cada día le esperaba en la playa para recibir el pescado- que su hijo había fallecido. Tras este trauma Yoro pasó tres meses en tierra por temor a los peligros del mar. Como era previsible, al no tener dinero ni actividades que hacer se vio obligado a volver a la mar.
Yoro ha visto muchas veces a muertos por armas. También ha sido testigo de disparos entre embarcaciones. Igualmente estuvo en una zona de Senegal donde hay muchos rebeldes y vio cómo cuatro militares vestidos de paisanos cortaron la cabeza a unos policías delante de todos.
En el pueblo de Yoro tienen mucho miedo porque está justo en la frontera con Senegal y allí hay incursiones de los rebeldes senegaleses, sin embargo a Yoro hay pocas cosas que le asusten. En España lo valora todo: vivir tranquilamente, estudiar, hacer cualquier profesión que uno guste. Si él hubiera tenido la posibilidad de estudiar no se habría jugado la vida en el mar.
El alumno Diego pregunta si los policías españoles le pegaron. Yoro dice que muchísimo y que a uno de sus amigos le aporrearon, cayó por las escaleras y se rompió el brazo; además al día siguiente lo extraditaron a su país. Cada veinte ciudadanos de un mismo país el consulado firma y los devuelven a su lugar de origen en un avión fletado por el gobierno. Como de Gambia no había suficientes ciudadanos Yoro pudo quedarse en España pasados los cuarenta días preceptivos. Sólo eran seis gambianos.
Yoro también nos comenta que en Gambia hay medicinas pero hay que pagarlas. Su padre se enfermó gravemente y tuvo que mandar desde España 300 euros. Sin ese dinero no habría tenía opción de sobrevivir.
La alumna Rocío pregunta si piensa volver a su país y Yoro responde que sí porque es donde nació y le gusta muchísimo. Quiere ser el presidente de su nación. También comenta que desde Canarias cada día salen dos aviones repletos de inmigrantes indocumentados de vuelta a sus países.
Considero que esta experiencia que comparte Yoro con nosotros es muy interesante para los estudiantes de las asignaturas de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos (o como quieran denominarla), Educación Ético-Cívica y Filosofía y Ciudadanía. Los profesores y alumnos de estas asignaturas podríamos iniciar un diálogo a través de Twitter con el hashtag#testimoniodeYoro ¿Se animan? También están invitados los docentes y alumnos de asignaturas similares desde otros países. El objetivo es intercambiar opiniones y reflexiones en torno a las dificultades de la inmigración a partir de la experiencia de Yoro, enriqueciéndola con otras experiencias similares, materiales complementarios, vídeos, etc. Sería interesante que el hashtag #testimoniodeYoro se convirtiera en trending topic.
Mañana miércoles 29 de febrero haré huelga. La principal razón para hacerla es que no me quiero convertir en cómplice de las mafias financieras internacionales consintiendo sus despropósitos y callando ante sus afrentas inmorales a la ciudadanía. Es un acto de maldad, de cobardía o de ignorancia permanecer callado ante el robo sin escrúpulos que, entre otros ámbitos, está sufriendo la educación pública. Me asusta pensar que nuestros nietos juzguen a mi generación de trabajadores como aquella que consintió con su silencio la extirpación de los derechos básicos tan difícilmente adquiridos a lo largo del tiempo.
¡Huelga el 29 de febrero! ¡No es una crisis, es una estafa! ¡Atrévete a pensar! ¡Dé un golpe en la mesa!