Me suben los precios

Típica tienda de barrio en la que se vende casi de todo

Cada vez que abro la boca en una tienda de artesanía, de ropa o cualquiera del Gran Bazar me piden más dinero que a cualquier autóctono. Incluso en las gasolineras o en algunos restaurantes me piden más propina. Sé que aquí hay que regatear pero a mí siempre me piden más. Por ejemplo en un puesto de libros de viejo me querían cobrar en tomanes el equivalente a treinta euros por un volumen del Pantagruel de Rabelais así que mandé de incógnito a un amigo iraní a quien se lo dejaron por cuatro. Supongo que lo hacen porque creen que los extranjeros tenemos más dinero o, quizá, no sea más que una pequeña venganza por pertenecer a un país que les somete a terribles bloqueos económicos. Les entiendo. Yo también haría lo mismo. Pero bien pensado no es que me suban el precio sino que a los iraníes se lo bajan porque es tal su crisis económica que si no fuera así el comercio dejaría de existir.

La segunda mujer

Mujer paseando protegida por su chador

En occidente es aberrante pensar que un hombre pueda estar casado a la vez con más de una mujer; en todo caso, si el varón europeo padeciera de exceso de andrógenos o sufriera de carencias afectivas, simplemente escondería a la sociedad su relación extramatrimonial. Por el contrario en Irán estas relaciones poligámicas han de estar legalizadas con el fin de proteger a la mujer que se entrega a los deseos de un señor casado. La diferencia estriba en que en Irán los hombres que se casan con más de una mujer (hasta cuatro) lo hacen, en principio, por una cuestión de caridad ajena a la pasión o a la atracción física: atienden las necesidades de señoras solitarias, viudas, desesperadas o endeudadas que son las que, salvo excepciones, toleran este tipo de humillante servidumbre aunque queden agradecidas a su protector marido. Para mayor desesperación, la opinión de la primera mujer no cuenta a efectos legales. Creo que son hombres bien intencionados quienes practican la poligamia -no vean en ellos a violentos ogros malolientes y antipáticos- y les supondrá un enorme desembolso económico durante toda la vida mantener a sus distintas esposas.

con la fórmula de la poligamia las clases menos favorecidas van sobreviviendo
Sin embargo un Estado que protege a las mujeres no toleraría jamás que ninguna de ellas hubiera de contraer matrimonio con un casado para poder subsistir y alimentar a sus hijos. Pero Irán está empobrecido y sus prioridades son otras; no se puede negar que con la fórmula de la poligamia las clases menos favorecidas van sobreviviendo. Sólo si algún día Irán alcanzara la segunda transición demográfica acabarían estas costumbres paternalistas e indignas.

Antes de ofuscarse y enorgullecerse de su superioridad racial y cultural, piense en una alternativa realista que aporte cierta estabilidad económica a las miles de segundas mujeres que si no fuera por estos contratos matrimoniales compartidos andarían mendigando por las calles. Mi propuesta es la siguiente: finalizar con el terrible bloqueo económico que se aplica en Irán por parte de los gobiernos occidentales que solo consigue el insoportable sufrimiento de la población civil inocente a la que no queda más remedio que agarrarse a un clavo ardiendo y, en ocasiones, a un hombre casado.

Dos mujeres paseando

Pareja de iraníes. Los religiosos no se dan la mano

Opresión

En una sociedad de seres perfectamente racionales el deseo de dominar a otros hombres estará ausente o será irrelevante. La existencia de la opresión, o la pasión por la misma, es el síntoma principal de que no se ha conseguido la verdadera solución a los problemas de la vida social.

(Isaiah Berlin, “Dos conceptos de libertad” en Dos conceptos de libertad y otros ensayos, Madrid, Alianza, 2008(1958), p. 79-80.