Viaje al norte de España con mis alumnos checos 10/10. Lyon-Brno


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Hoy sábado 13 de junio, a la una de la madrugada, llegué por fin a mi pisito prefabricado de Brno. El cansancio provocado por las decenas de horas de intenso trabajo se ve compensado por la extraordinaria actitud de mis estudiantes, quienes no dieron tregua a la anarquía, ni al pesimismo, ni a la apatía. Estoy muy orgulloso de ellos y ha sido un honor mostrarles mi patria.

Esta última jornada la dedicamos a cruzar la frontera que marca el Rin para desplazarnos desde Lyon hasta Brno a lo largo de 1276 kilómetros y 18 horas de tedioso trayecto.

Travesura en un hotel

Antes de partir, a las 5:45 de la mañana, me llamó la atención un enfadado recepcionista porque aparecieron varias pegatinas en la puerta de una de las habitaciones. Me aseguró que fue alguno de mis estudiantes; hay un sospechoso pero creo, con bastante certeza, que no es ninguno de ellos. Con la ayuda de dos alumnas lo limpiamos en treinta segundos dado que el desaguisado era minúsculo. Doy las gracias a Tereza y Jessica.

Tras el desayuno típico de hostal F1 y el aseo en las duchas de pasillo emprendimos el camino de regreso. Algunos  dormían, varios leían libros, otros tantos entonaban suaves melodías, los había que se dejaban la vista en los diminutos monitores para ver una pelicúla y también quienes trasteaban con el teléfono móvil y las consolas portátiles de videojuegos.

Al cruzar la frontera checa aplaudieron y al llegar a Brno abrazaron a sus cansadas familias: no son horas para que un checo esté en la calle, además lloviendo. Agradezco mucho al padre de mi alumna Gabriela que me acercara a mi panelak.

Durmiendo en el autobús

Viaje al norte de España con mis alumnos checos 9/10. Jaca-Lyon


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Hoy jueves once de junio emprendemos la vuelta hacia Brno.  Los más de dos mil kilómetros que nos separan los recorreremos en dos jornadas. Tras 852 kilómetros, descansamos en Lyon para retomar el último tramo mañana viernes.

La noche la pasamos en el albergue “Escuelas Pías” de Jaca. Algunas alumnas flirtearon desde sus ventanas con adolescentes españoles que las adulaban a voces desde la planta de abajo. Se limitaron a intercambiar sus direcciones electrónicas para “practicar español”. A veces oía deambular sigilosamente por los pasillos a altas horas de la madrugada pero me hago el longui. Yo también fui joven.

El autobús de dos plantas

Cada tres horas paramos en alguna gasolinera que los estudiantes aprovechan para comprar bocadillos de cinco euros y bolsas de patatas fritas de tres. Los precios son desorbitados comparados con los de Chequia pero a los pobres no les queda otro remedio. Luboj, el simpático y amable conductor, lleva salchichas en el frigorífico y las ofrece y cocina para los alumnos; por solo 35 coronas pueden saciar  el hambre a un precio razonable. A los profesores nos las regala, así como el café y los refrescos.

De vez en cuando bajan a charlar conmigo algunas alumnas. Me cuentan sus preocupaciones, sus planes de futuro, me hablan sobre sus novietes, los lugares que más les han gustado… Al parecer la plaza de toros de Pamplona, el museo Guggemheim y la ciudadela de Jaca son los sitios que más disfrutaron. También me preguntan, muy educadas, sobre mi vida privada.

El aire acondicionado está estropeado y el calor nos adormece o nos malhumora. Pero aguantamos. El peor problema es el pestilente olor del servicio que en un par de ocasiones me indujo arcadas. Cada vez que alguien entra o sale el hedor inunda la planta baja obligando a apretarnos las narices y cerrar la boca durante varios minutos. Tras cinco usos, el agua que sale de la cisterna se torna color amarillo y el aire que entra violento en la letrina esparce sin piedad la pestilencia.

Las gentes quedan asombradas allá por donde pasamos y miran sorprendidos nuestro espectacular autobús de dos plantas. Los niños nos señalan con el dedo, las quinceañeras saludan a mis rubios alumnos, los adultos aparcan sus preocupaciones durante un instante para contemplarnos y los ancianos especulan sobre quiénes seremos mientras parece leerse en sus labios un “¡vaya inventos!”.

Llegamos agotados a Lyon. Descargamos las 45 maletas, me ducho, y caigo rendido en la cama. Ni la estrechez ni el ruido de los aviones que descienden con decisión y fiereza hacia el aeropuerto de Saint Exupery podrán impedir que concilie un sueño reparador. Buenas noches.

Entrando en el autobús

Viaje al norte de España con mis alumnos checos 8/10. Pamplona y Jaca


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Dentro de tres semanas empiezan los encierros en honor a San Fermín pero el amable portero de la plaza de toros nos la enseñó, a pesar del excesivo trabajo por los preparativos de tan magno acontecimiento, en un gesto que agradecieron mis alumnos. Desde el albero fuimos privilegiados por poder observar el tercer ruedo más grande del planeta, tras los de la ciudad de México y Madrid, amén de los tendidos que contemplan silentes la historia cultural de España.

Tras verla nos dirigimos hacia los corralitos recorriendo en sentido inverso lo que dentro de unos días harán los mozos de la pañoleta roja y las camisetas blancas. Muchos de ellos borrachos, según nos comentó un experto corredor que se ofreció voluntario para enseñarnos la ciudad tras decirme que mis alumnas son muy guapas, y otros tantos inexpertos e incautos, presas fáciles de los astados y del cemento. Desde Estafeta hasta la cuesta de Santo Domingo los estudiantes disfrutaron del extraordinario ambiente que hierve desde hace varios días  y que tendrá su punto de máxima cocción el seis de julio.

Tras explicarles la fachada del Ayuntamiento y la pasión de Hemingway por la fiesta nacional que describía desde el hotel de cinco estrellas y uno de los bares sitos -ambos- en la plaza de la Constitución, emprendimos la marcha hacia Jaca una vez subidos al autobús que dejamos aparcado junto a la fortaleza que no nos dio tiempo a ver.

Los chicos aprovecharon para hacer acopio de regalitos typical Spanish y de chorizo pamplonica. También asomaban por las bolsas de plástico abanicos y ropas de Zara. “¡Mucho más baratas que en Brno!” -me decían mis estudiantes.

Llegados a Jaca el guía tardó mucho en encontrar el albergue. Nos paseó en el autobús de un sitio a otro hasta que dió con el lugar que acogiera nuestro dormitar y correteos de pasillos. Descargadas las maletas nos fuimos rapidamente a ver la Ciudadela antes de que la cerraran. Con mucha suerte llegamos a la última visita guiada, uno de los momentos formidables del programa.

Al finalizar el recorrido la guía de la ciudadela se ofreció a responder a las preguntas, opción esta que supieron aprovechar mis estudiantes con cuestiones muy inteligentes. Al final dicha guía me felicitó por educar tan bien a mis chicos (-ellos son así-le respondí).

De allí nos desplazamos a la catedral románica y dimos tiempo libre a los jóvenes hasta las once. Una vez en el albergue y tumbado en mi litera siento cómo va desapareciendo el bullicio. Creo que me estoy durm

Fotografía de mi alumna Renata.

Viaje al norte de España con mis alumnos checos 7/10. Picos de Europa

Hoy mis alumnos fueron a los Picos de Europa; uso la tercera persona del plural porque la profesora Oskerova, yo mismo y cinco alumnos enfermos tuvimos que quedarnos en el consultorio médico del primer pueblecito que vimos a los pies de las montañas. Un inoportuno proceso gripal se apoderó de los jóvenes, aunque la doctora apuntaba en un principio a la mononucleosis -la enfermedad del beso.

Mientras el resto de estudiantes siguieron camino a las cumbres, nosotros iniciamos las pesadas gestiones para que atendieran a nuestros chicos: comprobación de los seguros internacionales, informes médicos, búsqueda de documentos especiales, crear las fichas individuales, esperar a que atendieran a los numerosos pacientes que teníamos por delante…

Al final me acerqué por uno de los restaurantes que me recomendó la simpática administrativa donde encargué 46 sopas al módico precio de cuatro euros cada una para que, por lo menos un día, comieran decentemente los chavales. A las tres ya estaban todos de vuelta encantados con el hermoso paisaje que acababan de disfrutar.

Tras calentar el estómago nos encaminamos hacia León, en uno de cuyos hostales tuvimos que hospedarnos porque no había sitio suficiente en el albergue de los Picos. Paseamos un par de horas por el bello casco histórico de León para a continuación dormir en el más que recomendable Hostal Orejas. Dos alumnos más han enfermado. Esto tiene visos de epidemia. Ya se bromea con lo de la gripe porcina.

Viaje al norte de España con mis alumnos checos 4/10. Bilbao

Jugando a las cartas en el autobús

¿Qué sombras arrojarán estas cenizas? Estas, en forma de mensaje a mi teléfono móvil:

¿Estás por Bilbao? ¿Tomamos un café? Te he llamado estoy yendo hacia el Casco Viejo. Barandiarán, Txetxu 07/06/09 10:42:45

Que mis alumnos conocieran Bilbao de manos del gran Txetxu Barandiarán y su familia fue un auténtico privilegio. No solo nos mostró lo normal de los circuitos turísticos de Bilbao, sino que también nos llevó por barrios que muestran otras realidades menos conocidas. Además nos pidió trato de favor, ¡vivan las influencias de taberna!, en los extraordinarios bares del Casco Viejo. Mis alumnos se pusieron las botas a base de pintxos. Por cierto, queridas Kristina y Lenka, ya os lo puedo decir: aquello que os sirvieron eran calamares, sé que a los checos os dan cierta repugnancia, pero sin saber qué era ¿estaba bueno, verdad?

Tras las explicaciones de Txetxu acerca de su hermosa ciudad nos introdujimos todos en un tranvía que nos llevara a Museo Guggenheim. Allí nos despedimos de la familia Barandiarán con una bonita fotografía y un estruendoso aplauso a las puertas del reflectante edificio.

Este museo fue uno de los lugares que más entusiasmó a los jóvenes en todo el viaje. Aunque no entendieron todas las obras sí que aprovecharon el carácter lúdico de algunas de ellas.