EL HOTEL DE LA NOVIA ACTO II
El escenario está oscuro. Las luces se encienden, la puerta se abre.
LA VOZ DEL HOMBRE: ¡Después de ustedes, hermanas!
Las dos mujeres entran en la habitación con sus maletas en la mano. Primero la mujer A y después la mujer B. El hombre y el hotelero entran al final. El hotelero enciende la luz. Esta habitación es más humilde que la anterior. Las mujeres echan un vistazo para comprobar lo que va explicando el hotelero; miran al techo y a las paredes para encontrar otras luces.
HOMBRE: ¿Dónde está el baño?
HOTELERO: Aquí está, venga por aquí, por favor.
HOMBRE: (A las mujeres) Después de ustedes.
Esta vez las mujeres entran diciendo gracias. La mujer B va primero y pide perdón a la mujer A; después entra la mujer A.
HOTELERO: (Enciende la luz del baño). Miren aquí, por favor. Este es el baño y aquí está la ducha. Sin embargo no hay jabón por lo que lo encargaré enseguida.
HOMBRE: ¿Dónde está la cadena?
HOTELERO: Lo siento. La cadena está estropeada, pero no se preocupe.
Las dos mujeres se miran sorprendidas.
HOMBRE: ¿Cómo puede decir que no me preocupe? ¿Cómo quitaremos los excrementos? ¿Los debemos empujar nosotros o esperamos a que se vayan ellos solos?
Las dos mujeres miran a suelo tímidamente.
HOTELERO: Es su elección, señor. No es educado decir estas palabras delante de dos señoritas. Usted puede ayudarse con esta manguera. Señoras, ¿podrían permitirme mostrarles cómo se utiliza?
El hotelero abre la manguera, el agua sale con fuerza y moja a las mujeres, las cuales se echan atrás molestas.
HOMBRE: ¡Bien! ¡Ya es suficiente! Pare el agua. ¡Así se ensucia todo!
HOTELERO: No estoy de acuerdo con usted. Muchísimas casas de esta ciudad no tienen cadenas y las gentes echan agua con cubos. Toda la suciedad desaparece sin ningún problema. Aquí la presión del agua es alta, incluso podría empujar a los hombres también. Déjeme mostrárselo.
HOMBRE: (Aterrado) No, no, gracias. No es necesario. Vayámonos mejor.
HOTELERO: Después de usted.
HOMBRE: (A la mujer A). Después de usted.
La mujer A sale, seguida de la mujer B, luego el hombre y finalmente el hotelero.
MUJER B: ¿Está siempre tan oscuro?
HOTELERO: ¿Qué importa?
MUJER A: Tenemos que escribir mucho y esta luz no es suficiente.
HOTELERO: Disculpe que no haya más lámparas aquí. Tienen que apañarse sólo con esta.
HOMBRE: (Pone su mano bajo la lámpara). Verán mejor si acercan más los ojos al papel.
Las dos mujeres se miran asombradas. La mujer A deja su maleta sobre la cama y empieza a sacar las cosas de dentro, libros y revistas principalmente.
La mujer B retira la colcha y examina la cama.
El hombre mira alrededor y de repente pone su mano bajo el techo. Se pasea por la habitación y vuelve a poner su mano bajo el techo. Después se gira y pasea en otra dirección. Los dos hombres permanecen de pie y de repente grita.
HOMBRE: (Como si fuera un gran descubrimiento). ¡El aire acondicionado no funciona!
HOTELERO: Sí que funciona, señor. ¡Por supuesto! (Se adelanta y pone su mano debajo del techo). Está funcionando.
HOMBRE: Pero no sale aire.
HOTELERO: ¡Claro que sale!
HOMBRE: No, no sale. Hermanas, por favor, dadme un trozo de papel.
La mujer B saca un trozo de papel de su bolsillo y se lo da.
HOMBRE: (Pone el papel bajo el techo y habla al hotelero). Ve, no se mueve.
HOTELERO: (Coge el papel). ¡Mire! ¡Se está moviendo!
HOMBRE: No le creo. Lo está moviendo usted mismo.
HOTELERO: ¿insinúa que miento? ¡Muchas gracias!
HOMBRE: No, sus manos se movían. No sale aire de aquí.
HOTELERO: Sí que sale, por supuesto. Mi mano se enfrió mucho. (Pone la mano cerca del hombre). ¡Mire!
HOMBRE: (Quita su mano). Hermanas, por favor, vengan por aquí. ¿Sienten salir el aire? (Da el papel a la mujer A y ella lo comprueba).
MUJER A: No funciona (Da el papel a la mujer B).
HOMBRE: Justo lo que le dije.
MUJER B: El papel se mueve. Algo de aire sí que sale.
HOTELERO: (Confiado). ¡Qué le dije! (Toma el papel de la mujer B).
HOMBRE: Eso es imposible. ¡Lo sabré yo! Sé que el aire acondicionado no funciona. El ambiente de esta habitación es sofocante. (Abre el cuello de su camisa).
HOTELERO: Al contrario, el ambiente es agradable. Todos nuestros aparatos de aire acondicionado funcionan perfectamente. El problema es otra cosa…
HOMBRE: Hermanas, ¿podrían darme otros tres trozos de papel? Un poco más grandes, a poder ser.
Ambas mujeres empiezan a buscar y finalmente encuentran tres trozos de papel.
HOMBRE: Ahora todos debemos levantar nuestros papeles. Yo y esta hermana nos pondremos justo debajo del aire acondicionado; ustedes dos en el otro sentido. Veamos qué papel se agita.
Los cuatro se pasean ridículamente. El hotelero, a veces, se equivoca.
HOMBRE: ¿Qué papel se mueve?
HOTELERO: ¡El mío se mueve!
HOTELERO: ¡No vale que se mueva sólo el suyo! Cambiemos de posición. Usted y esta señorita irán al lado opuesto.
Empiezan a pasearse otra vez. Los dos hombres se chocan una vez y se piden disculpas uno al otro.
HOTELERO: (A la mujer). Oiga señora. Su papel se está moviendo.
MUJER A: Es porque mi mano se cansa. No es por el aire.
HOMBRE: Suficiente. Como dije antes este aire acondicionado no funciona. Se puede soportar que no funcione la cadena, pero lo de que no funcione el aire nos hará oler mal a todos. ¿No tiene otra habitación en la que funcione el aire acondicionado?
(El papel se agita en la mano de la mujer B).
MUJER B: ¡Se mueve! ¡Se mueve! (Nadie le presta atención).
MUJER A: (Susurrando). Déjalo, no seas tonta. Cuando el jefe dice que el aire no funciona pues es que no funciona.
HOTELERO: Ya le dije en la otra habitación, que usted no aceptó, que esta es la segunda habitación más perfecta de nuestro hotel. El aire acondicionado es inmejorable. De todas formas no importa, si a usted no le gusta le mostraré otra. Pero ya le digo que es mucho más pequeña que esta.
hombre: No se preocupe. Podemos tolerar la pequeñez pero no el calor. Señoras, cojan sus pertenencias. Nos vamos a otra habitación.
La mujer B hace trozos su papel y lo tira en medio de la habitación.
MUJER B: (Furiosa). ¡Ya está!
El hotelero, molesto, recoge los papeles del suelo. Las dos mujeres se miran desconfiadas y la mujer A coloca rápidamente sus libros y revistas en la maleta. Su maleta no se cierra con facilidad, por lo que la mujer B la ayuda. Las dos mujeres salen juntas. Al final el hotelero, con las manos llenas de trocitos de papel, sale y apaga la luz.
HOMBRE: ¡Gracias a Dios!
Se oscurece el escenario.
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