EL HOTEL DE LA NOVIA ACTO IV
Se enciende la luz.
HOMBRE: ¡Yallah!
HOTELERO: ¡Yallah!
HOMBRE: ¿Hay alguien ahí?
HOTELERO: No, entre, por favor.
HOMBRE: (Llama a la puerta). Yallah. (Abre la puerta, entra y enciende la luz).
Esta habitación parece un pequeño almacén. Está vagamente iluminada por una pequeña lámpara. Hay dos camas, pero ninguna tiene almohadas ni sábanas. En el suelo hay cáscaras, pieles de frutas y basura. Esta habitación carece de ventanas. Muchas ropas sucias están desperdigadas por el suelo. Las dos mujeres miran atónitas a su alrededor.
HOMBRE: ¡Excelente! Esta es una buena habitación. ¡Sin ventanas! (Pausa). ¿Dónde está el baño?
HOTELERO: ¡Adelante, por favor!
El hombre va delante y el hotelero le sigue. El hombre tose y escupe. La mujer deja su maleta en el suelo, pero no la abre. Echa un rápido vistazo alrededor. Le parece una habitación fría.
MUJER A: ¡Qué paredes tan altas! ¡Es como una cárcel! (Camina hacia la ventana) No se ve nada.
MUJER B: (Todavía tiene la maleta en sus manos). ¿Esto no era un almacén antes?
MUJER A: ¿Por qué no hay sábanas ni almohadas?
MUJER B: No hay nada. ¡Nada!
MUJER A: Los colchones están llenos de sangre. Me estoy poniendo enferma.
MUJER B: Hay sangre, suciedad, pus y todo lo más asqueroso que puedas pensar. ¡Cuanta maldita suciedad hay aquí!
MUJER A: Estoy asustada.
MUJER B: Yo también.
MUJER A: ¿Estás segura de que vamos a dormir aquí?
MUJER B: No puedo respirar si no hay ventana.
MUJER A: (Pasea por la habitación y toca las paredes). No hay salida aquí. Las dos nos vamos a sofocar.
MUJER B: Una semana aquí es demasiado tiempo.
MUJER A: ¡Aquí hay ratones!
MUJER B: Aquí corre riesgo nuestra vida. ¡Hay ratones! ¡Y lagartijas, cucarachas y todo lo que se pueda pensar! ¡Puede haber hasta serpientes!
MUJER A: ¿Serpientes?
MUJER B: Seguro que también hay gusanos bajo el colchón. Me da asco sentarme en cualquier sitio de esta habitación.
MUJER A: No puedo seguir aquí. Me recuerda a nuestro propio almacén, que tanto me ha asustado siempre desde que era niña. Mi padre me encerraba allí cuando era niña. Estoy asustada. (Se oye el ruido del agua que viene del baño).
(La mujer A grita y salta sobre la cama).
MUJER B: ¿Qué es eso?
MUJER A: Ni idea. Puede ser un gusano.
MUJER B: (Se esfuerza por encontrarlo pero, de repente, grita y salta sobre su propia cama).
MUJER A: ¿Qué es eso?
MUJER B: Algo parecido a un miriápodo. (La puerta se abre).
HOMBRE: ¡Excelente! ¡Todo está perfecto!
HOTELERO: Me alegro de que esté contento, señor.
HOMBRE: Hermanas, este cuarto de baño funciona bien. Hay agua y cadena. Sólo el desagüe se atasca. Debéis tener cuidado.
HOTELERO: Eso, tengan cuidado si no quieren nadar entre las aguas fecales.
HOMBRE: (Nota que las dos mujeres están de pie en sus camas) ¡Hermanas! ¿Por qué están de pie en la cama? ¡Debería darles vergüenza! Aquí hay un hombre que no conocen.
HOTELERO: ¡Podrían al menos quitarse sus zapatos!
MUJER A: ¡Hay gusanos!
MUJER B: (Mientras pisa fuerte con el pie). Hay también bichos en el colchón. No podemos dormir aquí.
HOMBRE: Bien, hermanas. Traten de adaptarse a la situación. No hay otra habitación tan segura en este hotel. Miren, no hay ventana, por tanto nadie podrá hacerles daño. El cuarto de baño está justo ahí. ¿Qué más pueden necesitar?
MUJER A: No puedo trabajar aquí.
MUJER B: Yo tampoco puedo estar aquí.
HOMBRE: No se inventen más excusas. Ya es suficiente. He estado todo el día ayudándolas. ¡Es cierto que trabajar con mujeres es una catástrofe! (De repente se oye el sonido de una música que proviene de otra habitación).
HOMBRE: (Asustado). ¿Qué es eso?
HOTELERO: Es música.
HOMBRE: ¡Ya la oigo! ¿Pero de donde viene?
HOTELERO: De la habitación de al lado.
HOMBRE: ¿Quién vive en esa habitación? ¿Quién escucha esta música tan vulgar?
HOTELERO: Ahí viven dos ingenieros. Han venido para trabajar en la construcción de la carretera.
HOMBRE: ¡Dos ingenieros! ¡Solos! ¿En esta planta?
HOTELERO: Son hombres mayores y respetables.
HOMBRE: (Molesto). ¡Hermanas! Cojan sus maletas y vámonos de aquí.
HOTELERO: ¿Adonde? ¿No estaba usted interesado en esta habitación?
HOMBRE: ¿Se está usted riendo de mí? ¿Quiere usted decir que puedo arriesgar la castidad de estas dos mujeres, que se me ha confiado a mí, teniendo a esos dos hombres ahí al lado? ¿Cómo puede esperar que estas dos mujeres duerman tranquilamente teniendo al lado a esos dos? ¿Qué cree, señor? Estas son chicas modositas. Si han venido conmigo es por un asunto oficial. Jamás habían dormido antes fuera de sus casas. ¿Usted espera que yo las deje junto a dos hombres gordos y pervertidos que ni siquiera conozco?
HOTELERO: ¿A quién llama “gordo” y “pervertido”? No diría semejantes disparates si conociera a estos dos encantadores ingenieros. De hecho son verdaderos caballeros. Son los responsables de la construcción de la carretera de esta ciudad.
HOMBRE: Me da igual quienes sean. Pienso que son unos gitanos callejeros que en cuanto se enteren de que estas dos chicas están alojadas junto a ellas harán sonar la música mucho más fuerte. ¡Todos los hombres son iguales! ¡Sé sin duda alguna cuales son sus intenciones!
HOTELERO: Muy bien. Por favor, intente hablar más flojo porque podrían oírnos.
HOMBRE: (Mucho más alto). Quiero que me oigan, así no volverán a comportarse estúpidamente. ¿Se creen que nadie les puede criticar su estúpida conducta? Estas dos chicas pertenecen a familias respetables. Son castas e inmaculadas. ¡Jamás bailarán con la música que hacen sonar dos constructores de carreteras!
Baja el volumen de la música.
HOTELERO: (Asustado). Bien. Ahora, por favor, hable más flojo, por el amor de Dios. Al menos evite buscarme problemas.
HOMBRE: Hermanas, arréglense que nos vamos. (Al hotelero). Enséñenos otra habitación.
HOTELERO: Sólo nos queda una habitación que está justo al lado de las calderas.
HOMBRE: ¿Tiene alguna ventana?
HOTELERO: ¡No!
HOMBRE: ¿Y vecinos cerca?
HOTELERO: Sólo tiene a los gatos como vecinos.
HOMBRE: ¡Bien! ¡Esa es justo la habitación que yo andaba buscando! Las hermanas estarán a gusto ahí y nadie las molestará. ¡Ah!, olvidé preguntar si hay cuarto de baño.
HOTELERO: (Sonriendo). Por supuesto. Tantos como quiera. Uno privado, otro público… de hecho toda la habitación es un cuarto de baño.
HOMBRE: Excelente. ¿A qué está esperando entonces? Diríjanos allí. ¡Vamos hermanas!
MUJER B: Discúlpeme. Creo que esa habitación al lado de la caldera no es apropiada para nosotras.
HOMBRE: Vamos. Es mejor no hablar en el pasillo.
MUJER B: Pero…
HOMBRE: Seguro que se trata de una habitación decente.. Después de usted. Recuerden no hablar en el pasillo. Eso no está bien. (Apaga la luz y el escenario se oscurece).
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