EL HOTEL DE LA NOVIA    ACTO V

 

El escenario permanece oscuro y sólo se observa el centelleo de una linterna. Se oyen unos pasos.

 

HOMBRE:    ¿Es aquí?

 

HOTELERO:    Sí, adelante, por favor.

 

HOMBRE:    ¡Qué oscuro!

 

HOTELERO:    ¡Ya se te irán acostumbrando los ojos!

 

(La mujer B grita)

 

HOMBRE:    ¿Qué pasa?

 

MUJER B:    Había algo debajo de mis pies.

 

HOTELERO:    No se preocupe. Puede ser un gato.

 

HOMBRE:    Hermana, no se ponga así por un simple gato. ¡Muestre usted más categoría! ¡Debería tener un poquito más de dignidad! ¿No ha crecido usted en un familia respetable?

 

HOTELERO:    Aquí está la habitación. Entremos, por favor.

 

HOMBRE:    ¡Yallah!

 

HOTELERO:    (Lleva la linterna en la mano y es seguido por las dos mujeres). Sí, ya les he dicho que toda la habitación está rodeada de paredes. No hay ni una sola ventana ni agujero. Ni siquiera hay luz aquí.

 

MUJER B:    ¡Ufff! ¡Qué mal huele!

 

MUJER A:    Tampoco hay cama aquí. ¿Dónde vamos a dormir?

 

HOMBRE:    ¿Dónde cree que dormimos mi mujer y yo en nuestra casa? Por el amor de Dios, ¡en el suelo! Pongan los colchones en el suelo y a dormir. Es muy cómodo.

 

MUJER B:    ¿Aquí? Seguro que hay miles de gusanos.

 

HOMBRE:    No los podrá ver con tanta oscuridad. ¡No puede asustarle algo que no ve!

 

MUJER A:    ¿De dónde viene este mal olor? Me estoy poniendo enferma.

 

HOMBRE:    Huele a comida descompuesta.

 

HOTELERO:    Aquí huele a muerto. Debe ser algún gato.

 

MUJER A:    Es imposible respirar en esta habitación.

 

HOTELERO:    Nunca pude encontrar el cuerpo del gato muerto por más que lo intenté. Se acostumbrarán al olor, no se preocupen. Pronto se olvidarán del mal olor.

 

HOMBRE:    ¿Dónde está el cuarto de baño?

 

HOTELERO:    Aquí detrás.

 

HOMBRE:    ¿Detrás de donde?

 

HOTELERO:    Detrás de estas tuberías. Además hay agua y hierbas. ¡Es un baño libre! (Se ríe).

 

HOMBRE:    Bueno, bueno. ¿Está completamente seguro de que nadie pasará por aquí?

 

HOTELERO:    Nadie, excepto unos cuantos ratones y gatos.

 

MUJER B:    (Asustada). ¡Ah! ¡Ratones!

 

HOTELERO:    No se asuste hermana. Los gatos vienen aquí para comérselos.

 

MUJER A:    ¡He tocado algo!

 

HOTELERO:    No es nada, debe ser una tela de araña. Creo que no ha venido nadie por aquí desde hace diez años. Puede que desde que falleciera mi mujer, que en paz descanse, que limpiaba esta habitación de vez en cuando. Pero mi segunda mujer jamás entra aquí. Dice que hay fantasmas que viven aquí.

 

MUJER A:    No puedo quitármela.

 

HOTELERO:    La ayudaré. ¿Dónde está?

 

HOMBRE:    ¡Espere! ¡Eso no es asunto suyo! Ya la ayudará la otra hermana. Hermana, hermana. ¿Dónde está?

 

MUJER B:    ¡Estoy aquí!

 

HOMBRE:    ¿Dónde es “aquí”?

 

MUJER B:    ¡Detrás de usted!

 

HOMBRE:    Por favor, ¡ayude a esta hermana!

 

MUJER B:    No la veo por ningún lado. ¿Dónde estás?

 

MUJER A:    Aquí estoy. Justo a tu lado. Ve hacia delante un poco.

 

HOTELERO:    Parece que estás mal, hermana. Soy yo.

 

HOMBRE:    ¿Qué hace en medio, hombre? ¿No ve que las hermanas pasan por ahí?

 

HOTELERO:    ¿Es que usted las puede ver pasar?

 

MUJER B:    Dame la mano.

 

HOMBRE:    (Tose). Disculpe, hermana. Ha cometido un nuevo error. Este soy yo, vaya más adelante.

 

HOTELERO:    (Se ríe). ¿Por qué no se aparta del camino de estas hijas?

 

HOMBRE:    No se ve nada. Hermana, ¿a qué está esperando? ¡Venga! (pausa) ¡Venga!

 

MUJER B:    ¿Es tu mano?

 

MUJER A:    ¡Sí!

 

MUJER B:    Bien, ven aquí. ¿Cuál es el problema?

 

MUJER A:    No sé. Mi pie ha quedado atrapado.

 

MUJER B:    ¿Qué pie?

 

MUJER A:    El pie izquierdo.

 

MUJER B:    ¿Éste?

 

MUJER A:    Sí.

 

MUJER B:    No sé qué puede ser. Parece un palo.

 

MUJER A:    Ahora me duele el pie.

 

HOTELERO:    ¿Me permite ayudarla?

 

HOMBRE:    ¡No! ¡No se mueva! ¿Para qué se cree usted que estoy yo?

 

HOTELERO:    Usted no conoce bien esta sala.

 

HOMBRE:    Claro que sí. ¿Cree usted que es la primera vez que estoy en la sala de calderas?

 

MUJER B:    Parece ropa sucia.

 

HOMBRE:    Parece ropa mugrienta o podría ser…

 

MUJER B:    Lo que sea, pero huele fatal. ¡Uff! Mi mano se ha puesto grasienta. ¡Maldita sea!

 

HOTELERO:    Voy a limpiarlo.

 

HOMBRE:    ¡Ni lo intente hombre!

 

HOTELERO:    Este es mi hotel. ¡Usted y yo sabemos lo que podemos encontrar ahí! (Se agacha y encuentra el borde de la ropa; después intenta desgarrarla).

 

MUJER A:    ¡Déjeme en paz! Encienda la luz. La desgarraré yo sola.

 

MUJER B:    ¿Dónde está la luz? ¡No hay lámpara aquí!

 

MUJER A:    Debería haber una alternativa a esta tumba.

 

HOMBRE:    ¿Qué quiere decir con “tumba”, hermana? Sea más honesta. Esta es una de las mejores habitaciones del hotel. Tranquilícese. Vendré a verlas todos los días. Nadie las va a molestar aquí.

 

MUJER B:    Espere un momento. ¿Cómo podemos trabajar con tanta oscuridad?

 

HOMBRE:    ¡No necesitan luz! Sólo requerimos vuestros pensamientos y sabiduría. Simplemente siéntense a pensar. ¡Sólo piensen! ¡Es suficiente para mí!

 

MUJER A:    ¿Por qué lo tenemos que hacer con tanta oscuridad?

 

HOMBRE:    La oscuridad es mucho mejor. ¡Cuanto menos vean más se concentrarán! Tampoco se desconcentrarán entre ustedes. Recuerden que nuestra misión es sólo para una semana. Nosotros preparamos el alojamiento y la comida; ustedes limítense a pensar.

 

MUJER B:    Ni siquiera sabe nuestros nombres. ¿Cómo va a usar nuestro pensamiento?

 

HOMBRE:    Da igual como se llamen, ya cambiaremos los nombres. ¡Nunca les prometimos que fuéramos a registrar sus pensamientos a su nombre! Sus pensamientos se darán A nombre de la empresa. ¡Eso es todo!

 

MUJER B:    ¿Cómo se puede pensar bajo estas condiciones inhumanas? Esto es una injusticia. Nadie podría vivir aquí…

 

HOMBRE:    Será sólo por una semana. Aguanten esta semana y después cada uno de nosotros seguirá su camino. Para entonces ya no tendremos más compromisos, pero estos días tienen ustedes que obedecerme.

 

MUJER A:    ¡Estas condiciones son intolerables. ¡Imposible! ¡Imposible!

 

HOMBRE:    ¡Ya es suficiente! No han venido aquí para divertirse. No olviden que ustedes están aquí para trabajar. Tómense en serio su deber. Respeten todas las normas, no deben desacreditar a nuestra empresa.

 

MUJER B:    Conocemos perfectamente nuestros deberes. Pero también tenemos condiciones.

 

HOMBRE:    ¿Qué condición?

 

MUJER B:    La primera es que debemos salir inmediatamente de esta tumba. Lo único que se puede hacer en este sitio oscuro y maloliente es morir. La segunda es que…

 

HOMBRE:    ¡Espere! Esta es la última habitación del hotel. ¿Dónde pretende ir?

 

MUJER B:    ¡No sé! ¡Es su problema darnos una habitación en condiciones! Iremos a cualquier sitio menos a este. ¡Dénos la primera habitación!

 

HOMBRE:    ¡Eso es imposible! Esa habitación no es segura. No queremos que ocurra ninguna desgracia.

 

MUJER A:    Somos dos mujeres listas y maduras. No es la primera vez que estamos en un misión oficial como esta. No nos asusta una simple ventana que dé a un patio trasero. Lo que realmente nos asusta es esta habitación maloliente.

 

HOMBRE:    Cuidaré de ustedes.

 

MUJER B:    Trabajo para usted desde hace sólo un mes. No sé mucho de usted y no tengo costumbre de confiar en personas a las que no conozco completamente.

 

HOMBRE:    ¡Me está insultando!

 

MUJER B:    ¿Y usted? ¿No es insultante decir que una ventana o dos ingenieros puedan ser causantes de un escándalo y de una desgracia? ¿De dónde cree que venimos? ¿Cree usted que no vivimos en esta sociedad y que hemos estado viviendo aisladas? No señor, no es así. Yo y mi amiga hemos estado trabajando siempre, hemos usado nuestras habilidades y formación y no permitimos que ningún director nos insulte. Ni siquiera si tuviéramos un contrato de un millón. ¡No somos ningún perro que se calle si le tiran un hueso para luego quitárselo!

 

HOMBRE:    ¡Vaya! ¡Ahora que tienen dificultades empiezan las quejas!

 

MUJER B:    ¿Qué dificultades tenemos? Nunca hacemos bien nuestras obligaciones ni su trabajo. Llame a un taxi para que nos lleve de vuelta a nuestra casa.

 

HOMBRE:    Oh. ¿Quiere decir que después de todos estos problemas…? ¿Lo ve usted tan fácil? La empresa ha apostado mucho por esta misión. Se ha estado planeando desde hace dos semanas. ¿Ahora cree que esto es un juego de niños o que somos niños? ¿Ahora quiere volver? ¡Usted ha firmado un contrato con nosotros!

 

MUJER B:    ¡Entonces acepte nuestras condiciones!

 

HOMBRE:    ¡No hay condiciones! Si tiene que haber alguna condición seré yo quien la imponga. El desempeño de esta misión ha sido encomendada a mí.

 

MUJER A:    Pero nosotras podríamos no aceptarlo.

 

MUJER B:    ¡Pero qué importa a quién fuera encomendada esta misión! Los acuerdos tienen muchísima importancia pero usted está consiguiendo llegar a un desacuerdo por sus modales dictatoriales. Usted Ha puesto todas las condiciones según sus intereses.

 

HOMBRE:    Así es. Puede estar de acuerdo o no.

 

MUJER B:    ¿Y qué pasaría si yo no estoy de acuerdo?

 

HOMBRE:    Entonces haría otra sugerencia…

 

MUJER B:    ¡Hágala!

 

HOMBRE:    (Tras una pausa). Usted sabe que hemos tratado de llevar esta misión exitosamente y que su seguridad es el asunto más importante para nosotros. Tras nuestra búsqueda hemos llegado a la conclusión de que esta es la mejor habitación del hotel. Tienen que estar de acuerdo en permanecer aquí para desarrollar su trabajo o…

 

MUJER A:    ¿O?... (El hotelero mira al hombre también).

 

HOMBRE:    O puede optar por otra solución, la cual será por su propio bien y le hará sentirse más segura. Segura, cómoda y…

 

MUJER A:    ¿Cuál es esta opción?

 

HOMBRE:    Es (pausa) que trabajen en mi propia habitación.

 

MUJERES A Y B:    (Molestas) ¿En su misma habitación?

 

MUJER B:    ¿De veras?

 

MUJER A:    Eso es imposible. (Al hotelero). Déjenos a solas. Estoy cansada. No puedo más.

 

MUJER B:    Ahora mismo cojo mi maleta y me largo.

 

HOMBRE:    ¡Qué dice! ¡No tanta prisa, hermana! No tenía mala intención. Soy con su hermano mayor. Estoy casado y tengo dos hijos. Quiero decir que en mi habitación estaré completamente seguro de que nada ni nadie podrá molestarlas. Todos trabajamos juntos y nos beneficiaremos de una misma habitación tranquila.

 

MUJER A:    (Al hotelero) ¡Le dije que se largara! ¡Este hombre no se larga ni a patadas!

 

MUJER B:    (Al hombre) Déjeme ver. ¿Usted quiere que trabajemos en su habitación toda la semana? Bien, si vamos a comer y dormir allí sin ser amigos íntimos… ¡Eso no es correcto! ¿Cómo se atreve a hacer semejante propuesta? ¿No hablaba usted siempre de normas?

 

HOMBRE:    (Respira lentamente) Entonces… ¿ese es el problema? ¿Tienen miedo de decirme esas cosas a mí? Eso no es un problema en absoluto. Existe una solución muy sencilla para ello.

 

MUJER B:    ¿Podemos saber de qué se trata?

 

HOMBRE:    Sí, la “sighe”, un matrimonio por tiempo determinado. ¡Eso es!

 

MUJERES A Y B:    ¡Un matrimonio por tiempo determinado!

 

(La mujer A se mueve tan repentinamente que la mitad de la ropa sucia que había atrapado su pie se desprende y se queda en las manos del hotelero).

 

MUJER B:    ¿Qué tipo de solución es esta? ¿Qué se cree que somos nosotras?

 

HOMBRE:    ¡No sea tan negativa! Es un simple método para solucionar el problema. ¡Soy un hombre de familia y no tengo nada que ver con usted! Gracias al matrimonio por tiempo determinado seremos íntimos y el ambiente será seguro para su trabajo también. ¡Nadie podrá objetarnos nada!

 

MUJER B:    Eso es estúpido. Se parece más a un truco de zorro para cazar a su presa.

 

MUJER A:    No sé qué decir. ¡Dios mío! Es la primera vez que oigo cosa semejante. Nadie se puede fiar de nadie. Pero, por otro lado, usted parece un hombre tan respetable… además tiene mujer e hijos… No creo que…

 

HOMBRE:    Y tengo que añadir que yo y mi mujer nos amamos muchísimo. Siempre llevo su foto en mi cartera para mirarla cada vez  que me siento mal. (Saca su cartera). Miren. ¿Verdad que es guapa? Cualquiera se percata de que es un ángel. Desde hace diez años que aguanta mi carácter de perro.

 

(Muestra la foto a las mujeres y enfoca la linterna en ella para verla mejor).

 

MUJER A:    Sí, realmente es preciosa.

 

(La mujer B permanece en silencio)

 

(El hotelero se acerca lentamente y enfoca la linterna hacia la fotografía, la acerca y la aleja. Abre y cierra los ojos para verla mucho mejor).

 

HOTELERO:    ¡Bravo! ¡Qué bomboncito ha sido usted capaz de cazar!

 

(El hombre enfadado pone la foto en su cartera).

 

HOMBRE:    (A la mujer). ¡Usted ve! Tengo mi propia familia, una casa completa y una profesión respetable. No quiero perder mi reputación a los 40 años. Y si se lo sugerí fue sólo por su bien. Mi habitación está en la primera planta del hotel. Tiene un cuarto de baño grande, mucha luz y dos ventanas. ¡Nada tendrá que preocuparles! Además mi habitación tiene tres camas con sábanas limpias. Bien, ¿qué me dicen?

 

(El hotelero escucha sorprendido y les va enfocando con la linterna cada vez que uno habla).

 

MUJER A:    (Dudosa y atraída) No sé qué decir. (A la mujer B) ¿Qué piensas tú?

 

MUJER B:    En mi opinión no son más que trucos. Nunca me dejaría engañar por un hombre de familia serio. Una amante… He oído este cuento muchas veces.

 

HOMBRE:    ¡Usted es muy negativa por naturaleza! ¡Como un hermano mayor le aconsejo que no confíe tanto en sus pensamientoS, señora! Piense siempre que la otra parte también puede tener razón… Sólo Dios sabe que mi única preocupación es su éxito y comodidad. (Ahora se comporta como si fuera inocente). Sólo era una propuesta. Ustedes mismas pueden decidir. Al contrario de lo que dice nuestra hermana siempre he odiado las dictaduras. Por tanto les dejo una hora para que lo piensen. Díganle al hotelero que me llame en cuanto se decidan. Yo estaré en mi habitación.

 

MUJER A:    ¡Espere! ¿Se va usted solo?

 

HOMBRE:    El hombre siempre está solo. Siempre tenemos que adaptarnos a nuestra soledad. Piensen mi propuesta. ¡Buenas noches!

 

(El hotelero sigue allí. Pone la linterna debajo de su cara y se queda mirando fijamente a las mujeres. Tiene un trozo de ropa en la mano. Empieza a hablar tras unos instantes).

 

HOTELERO:    ¡Ya sé lo que es esta ropa! Es un vendaje de mi primera mujer. Todavía huele a sangre desde que la tiramos. Ella murió de mala forma… en esta tumba, muy mal…

 

(Iluminando su cara con la linterna sonríe desagradable y horriblemente, y se queda mirando a las mujeres).

 

(La mujer A grita de miedo y se cubre la cara con las manos).

 

MUJER B:    ¡Fuera de aquí! (El hotelero se ríe más fuerte y se va).

 

(Se oscurece el escenario).

 

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