EL HOTEL DE LA NOVIA    ACTO VI

 

Se ve la luz de una cerilla. Se enciende una segunda cerilla cuando se apaga la primera. Después se apaga la segunda cerilla. Mientras hay luz de la cerilla se puede ver a la mujer B intentando encender una vela.

MUJER B:    Menos mal que trajimos esta vela. Habríamos traído muchas otras cosas si supiéramos cuales iban a ser nuestras condiciones.  (La mujer B enciende la vela silenciosamente mostrando un escenario lánguido. Detrás de ellas hay muchísima ropa y una miscelánea de basuras).

MUJER A:    ¿Qué deberíamos hacer ahora?

MUJER B:    Yo me vuelvo. (Busca algo por la habitación).

MUJER A:    No nos permite hacerlo. Hemos firmado un contrato.

MUJER B:    Debe haber alguna salida al exterior.

MUJER A:    ¡Pero el contrato!

MUJER B:    El contrato se cancela cuando no se respetan las condiciones de las dos partes.

MUJER A:    Pero no hay nada escrito sobre las condiciones de las dos partes. ¿Cómo podrías probar que…?

MUJER B:    (Buscando algo). ¡Las condiciones aquí son inhumanas! No hay ni que probarlo. Todo el mundo considerará que tenemos razón.

MUJER A:    Sí, pero al juez hay que darle pruebas, si no te acusarán por cancelar el contrato. Estas condiciones no son tan malas. Él podría decir que buscó lo mejor y más seguro para nosotras. Sabes que ellos creerán a él antes que a nosotras. Es una persona importante.

MUJER B:    ¿Crees que el juez le creerá?

MUJER A:    Por supuesto que sí. Sólo si nunca vienen aquí y se limitan a escucharle a él y al hotelero. Harán caso a todo lo que él crea que sean condiciones apropiadas para la comodidad y la seguridad de dos señoras.

MUJER B:    ¿Crees que las personas del jurado no vendrán nunca a ver esto?

MUJER A:    ¿Recuerdas alguna vez que algún juzgado haya hecho algo así? El juez es un hombre parecido a él. Él creerá sus palabras más que las nuestras. El nuestro no es más que un lado de la moneda.

MUJER B:    ¿Qué quieres decir?

MUJER A:    No debemos involucrarnos en un juicio… es decir, no uno público.

MUJER B:    ¿Qué le vas a decir?

MUJER A:    Puede tomarse la justicia por su cuenta. Ya sabes que él se “auto-otorga” derechos… Después tendremos un juicio y nos castigarán.

MUJER B:    ¿Cuál sería nuestra culpa? ¿Cuál puede ser?

MUJER A:    Nuestra culpa es finalizar un contrato y volvernos a casa. Nos pueden castigar por cualquier razón... Lo que él desee. Él es quien pone las condiciones.

MUJER B:    ¿Quién se cree que es? ¡Sólo es nuestro director! En este país hay leyes.

MUJER A:    Sí, la misma ley que le apoyará a él. ¿Cómo podrás probar que actuó de mala fe contigo? ¿Cómo les demostrarás que intentó hacerte daño? Todo lo que ha hecho hasta ahora parece legal. Parece que intenta cuidar de sus dos colegas que son mujeres y por tanto trata de legalizar la situación para no encontrarse con problemas.

MUJER B:    ¿Pero quién le ha pedido que nos cuide? ¿Es que somos niñas? ¿Es que no podemos valernos por nosotras mismas?

MUJER A:    Según dice la ley, si un hombre nos acompaña él es nuestro responsable. Nadie nos habría alquilado esta habitación, ni mucho menos si él no hubiera estado con nosotras. (Pausa). ¡Deberías saberlo!

MUJER B:    ¡Ridículo! Todos saben que la ley actúa contra nuestros derechos pero permite oprimirnos y maltratarnos. Después, para compensar esta opresión, la ley nos mira como a un niño y nos obliga a tener un guardián para que nos ayude.¿Quiere decir que si este hombre no nos ayuda nos van a engañar en el hotel?

MUJER A:    Sin él ninguna de las dos seremos aceptadas aquí. No eres nadie en esta ciudad sin un hombre. Por tanto, esta vigilancia parece necesaria, y la gente lo admira.

MUJER B:    Sí, ¿pero qué me dices del matrimonio? ¿No es aprovecharse de la situación?

MUJER A:    ¡Eso es lo que nos puede parecer! Pero toda la sociedad no piensa más que es una simple legalización de la situación. Todo el mundo le garantizará su derecho de ayudarnos. Bien. Él se da el derecho a sí mismo para legalizar esta situación.

MUJER B:    ¡Oh, Dios! Mi cabeza va a estallar. Hablas de este problema como si estuvieras recitando las tablas de multiplicar. Parece que todo tiene solución para ti.

MUJER A:    Sólo hablo de realidades. ¡Y hemos crecido con todas estas realidades en la sociedad! Por tanto no nos deben parecer extrañas.

MUJER B:    ¡Al cuerno con estas realidades! No creo en ninguna de estas realidades.

MUJER A:    Pero es la ley.

MUJER B:    ¿La ley de quién? ¿Una ley que amenaza mi vida? ¿Una ley que me trata como a una niña? ¿Una ley que no me otorga ningún derecho para protestar y defenderme yo solita? ¡Mira! No sé tú, pero yo ya he tomado una decisión y seguiré con ella hasta que sea necesario. Él tiene que dar por concluido el contrato. Yo me vuelvo a casa.

MUJER A:    Pero no tienes dinero, ¿verdad? Hemos gastado todo el dinero para el viaje. Tenemos que esperar hasta que cobremos para poder volver.

MUJER B:    Me vuelvo aunque sea necesario pedir prestado a todo el mundo.

MUJER A:    ¿A quién? ¿Quién te prestará dinero en esta ciudad? ¡Una mujer desconocida, sola y de otra ciudad! Ni siquiera te dejarán entrar en su jardín a menos de que estés acompañada por un hombre.

MUJER B:    Me vuelvo incluso si me tengo que ir caminando. ¡Me vuelvo!

MUJER A:    ¿Qué pasa si él no lo acepta?

MUJER B:    Le denunciaré.

MUJER A:    ¿De qué te le denunciarás? ¿De que te ha estado cuidando como un hermano mayor o de que se preocupó de tu comodidad? ¿Crees que le encontrarán culpable?

MUJER B:    Él abusó de su poder en el trabajo.

MUJER A:    ¿Cómo podrías probarlo? No ha hecho nada. Sus palabras son de apoyo y conciliadoras.

MUJER B:    Pero es una persona malintencionada. Yo sé lo que él quiere y tú también.

MUJER A:    De acuerdo, pero ¿cómo puedes probarlo? Al final te acusarán de difamar contra un hombre honesto. Da igual si tienes razón o no. No eres más que la secretaria de un departamento. ¿No has visto casos semejantes?

MUJER B:    ¡Por eso me largo! ¡Me escapo!

MUJER A:    ¿Sin dinero? ¿En esta ciudad que no conoces? Tendrás suerte si no te encuentras con otras desgracias. Además, ¿quién crees que te dará trabajo de nuevo? Todos tus años de servicio se habrán perdido. ¿Por qué quieres jugar con tu futuro?

MUJER B:    Bueno, jamás volveré a trabajar, ¡qué diablos me importa!

MUJER A:    ¡Tan sencillo! ¿Qué le vas a decir a tu padre? Vas a aguantar sus regaños y objeciones. ¿Vas a ser capaz de humillarte pidiendo dinero prestado a todo el mundo? Y además, ten presente qué pasaría si tu padre falleciera. Yo no puedo arriesgarme. ¿Quién nos daría apoyo entonces? ¿Dónde tendríamos que ir? No tendremos la más mínima oportunidad si perdemos nuestro salario.

MUJER B:    (Mientras se inclina bajo los radiadores para buscar una apertura para respirar). Todas tus palabras son ciertas, pero ¿qué me estás sugiriendo? ¿Debemos aceptar sus deseos?

MUJER A:    Quizá. Quiero decir que debemos escuchar sus palabras. Quizá no sean tan irracionales.

MUJER B:    Él ya dijo sus palabras. ¡Sabes perfectamente lo que significan! ¡Yo también!

MUJER A:    Por Dios. No he visto ninguna mala intención. Además, él pudo actuar de otra forma si tuviera malas intenciones… Han gastado muchísimo dinero para mandarnos a esta misión. Si tuviera otras intenciones por qué actúa de forma oficial. ¿Es que crees que es un nuevo rico?

MUJER B:    ¿Quieres decir que puedes confiar en él?

MUJER A:    Bueno, una no puede confiar ni siquiera en ella misma. Pero me doy cuenta de que él no es un hombre malo; a veces es un poco dictador, pero encuentra algún hombre que no lo sea. ¡Hasta el hotelero nos impondría sus ideas si tuviera la oportunidad! Además, creo que siempre que hay una mujer habrá un hombre intentando mostrar lo bueno o malo que es cualquier cosa, ya sea un director o un hotelero. Por eso debemos escuchar el consejo de nuestro director.

MUJER B:    Yo solita puedo encontrar mi camino.

MUJER A:    Sí, por supuesto. ¿Y cuál es el coste? ¿Te crees lo suficientemente poderosa para resistir sola a estos problemas y dificultades? ¡Yo no!

MUJER B:    ¿Quieres decir que no vendrás conmigo?

MUJER A:    De hecho nadie ha hablado de irse. Yo no sé si largarme o quedarme. Sólo sé que haga lo que haga no haré una cosa: quedarme aquí para siempre. (Abre su maleta y saca un radiocasete y lo enciende. Se oye la música).

MUJER B:    ¿Entonces vas a sucumbir a sus deseos? (Silencio) ¿Te vas a casar temporalmente con él?

MUJER A:    Sólo porque así podré estar en su habitación.

MUJER B:    ¿No es un precio demasiado caro?

MUJER A:    ¡Mira! ¡Me asusta este lugar! Me da miedo la oscuridad y la soledad, los gusanos e incluso ese hotelero. Nadie sabe lo que pasa en medio de la oscuridad y la soledad.

MUJER B:    ¡No seas tonta! No estás sola. Yo estoy contigo. Podemos largarnos juntas.

MUJER A:    No. No podríamos ir a ningún lado las dos solas. Todos nos insultarán si no nos acompaña un hombre. Nadie nos escuchará. Jamás nos darán una habitación ni un billete de autobús. Ni siquiera tenemos permiso para sentarnos en un parque. Nadie sabe donde acabaríamos.

MUJER B:    Estas no son razones para rendirnos. El contrato se acabará si ambas nos negamos a sus propuestas. Jamás nos dejará en esta cárcel durante una semana.

MUJER A:    ¿Qué dirías si al final lo hace?

MUJER B:    Gritaríamos hasta que alguien nos oyera. Al fin y al cabo esto no es una prisión, alguien habrá por ahí.

MUJER A:    Sí, claro, ¡el hotelero! Luego él nos diría exactamente lo mismo también. Asegúrate de que elija al primero, al menos él está más educado.

MUJER B:    ¡Eres estúpida! ¿Para qué has estado estudiando todos estos años? ¿Para qué todas tus investigaciones? Deberías haberte quedado en casa hasta que alguien llegara para pedirte matrimonio. Es verdad, eres una mujer, jamás aceptarán tus peticiones y encima se reirán de ti. De acuerdo, ¡dejémosles hacer todo lo que quieran! ¿Cuánto tiempo aguantarán pidiendo? ¡Se cansarán si no les das una respuesta!

Mientras la voz de la mujer B aumenta, la mujer A pone la música más alta para no oír su voz. Se tapa las orejas y baila a lo loco. Parece la “danza de los locos”. La mujer B grita pero su voz se ahoga con la música.

MUJER B:    (Gritando). Que piensen lo que quieran. Tú decides por ti misma. No dejes que otros decidan por ti. No te sometas. ¡Eres estúpida! ¡Vayámonos! ¡Vámonos!

El volumen de la música aumenta. La mujer A no escucha nada, parece como si estuviera loca. En medio de esta lucha se abre la puerta y entra el hombre. Las dos mujeres se quedan quietas y se quedan mirándole.

HOMBRE:    ¿Lo han decidido ya?

MUJER B:    ¡Sí señor!

Se dirige hacia el hombre quien permanece de pie. La mujer B se queda sola en medio de la habitación. El escenario se oscurece.

 

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