EL HOTEL DE LA NOVIA ACTO VII
La mujer B, a la centelleante luz de la vela, hace ejercicio sola. Se oye la música del piso de arriba y la mujer B hace ejercicio entusiasmada y enérgicamente. De repente oye el ruido de unos pasos que se acercan. Se tumba inmediatamente en el suelo para esconder el libro, que puso antes en el suelo, detrás de su bolso, y lo deja en el suelo como descolocado.
Llaman a la puerta y entra el hotelero con una caja de galletas y comida en las manos.
HOTELERO: Yallah. ¿Cómo está usted, hermana?
MUJER B: Nada bien…
HOTELERO: ¿Qué le pasa?
MUJER B: (Con voz de llevar enferma desde hace una semana). Nada señor. Me encuentro indispuesta. Me duelen los huesos.
HOTELERO: Debe ser por la humedad.
MUJER B: No, tengo reumatismo. Me duelen los huesos de vez en cuando.
HOTELERO: (Le ofrece las galletas). Por favor, tome algunas.
MUJER B: Espero que no sea un inconveniente. ¿A qué se debe?
HOTELERO: Hay buenas noticias, hermana. Es por la boda.
MUJER B: Enhorabuena, ¿quién se casa?
HOTELERO: Es la boda entre el señor director y nuestra hermana.
MUJER B: (Se le cae la galleta pero la recoge inmediatamente e intenta controlar la situación. Pretende estar enferma y habla como si de verdad lo estuviera). Les deseo buena suerte. ¿Cuándo se casan?
HOTELERO: Me acaba de decir el señor director que le traiga estas galletas.
MUJER B: ¿Está ella feliz?
HOTELERO: Sí, está encantada con este matrimonio temporal. Se han casado para una semana. Les deseo buena suerte también. El director está tan feliz que ni se lo imagina. Ha dado una propina a todos los empleados.
MUJER B: Bueno, espero que estén satisfechos. (La galleta se deshace entre sus manos). Vaya, ahora no puedo comerme la galleta. Me duele tanto el cuerpo que no hay nada que pueda comer.
HOTELERO: ¿Quiere que llame a un doctor?
MUJER B: No gracias. El doctor no puede hacer nada. Cada vez que trabajo duro el reuma aumenta. He estado trabajando tanto estos días que no puedo ni dormir ni descansar.
HOTELERO: ¡Pero se va a poner enferma si sigue así! (Se le acerca simpáticamente).
MUJER B: Lo sé. Creo que ahora tengo fiebre. (Se aleja del hotelero). Oh, ahora es mi corazón, siento un dolor agudo. Tengo ganas de vomitar.
HOTELERO: ¿Quiere usted un vaso de agua con azúcar?
MUJER B: No gracias, me sentiré mejor si duermo un poco.
HOTELERO: Pero usted no puede dormir así. ¿Quiere que llame al director?
MUJER B: No, se lo ruego, ya me ha ayudado suficiente. No quiero que se preocupe el director y podría pensar que no soy capaz de hacer bien mi trabajo. Siento haberle preocupado.
HOTELERO: Por favor, no diga eso. Haré por usted todo lo que desee. Pida lo que necesite y yo se lo traeré.
MUJER B: Ya le he dado suficientes problemas. Muchísimas gracias, ya le llamaré si necesito algo.
HOTELERO: Espero que se ponga buena lo antes posible. Hasta pronto. Recuerde llamarme si desea cualquier cosa.
MUJER B: Buenas noches. Gracias también por las galletas.
El hotelero se va. Cuando la mujer se ha asegurado de que se ha ido, se levanta y pasea pensativamente un rato y escucha la música que viene desde la planta de arriba. De repente da una patada a la pared, tira algunas cosas enfadada y aplasta las otras galletas. Luego se levanta y empieza a hacer ejercicio decidida y rápidamente. Sigue el ritmo de la música. Llaman a la puerta. Inmediatamente se tira a l suelo para fingir que está enferma. El hotelero entra con una cesta de frutas.
HOTELERO: ¡Yallah!
MUJER B: Entre, por favor.
HOTELERO: Le he traído algo de fruta. Le sentarán bien.
MUJER B: Gracias, es usted muy amable. No sé que haría sin usted.
HOTELERO: (Coge una naranja). ¿Me permite pelársela?
MUJER B: No, gracias, lo haré yo misma. Discúlpeme por darle tantos problemas.
HOTELERO: No se preocupe. Sólo intento ser educado. (Pausa). ¿Bien, alguna otra cosa?
MUJER B: (Fingiendo estar enferma). Le pido que rece por mí.
HOTELERO: Necesitamos que recen por nosotros. (El hotelero se va. La mujer B se levanta y, ansiosamente, se come una de las frutas. Luego tira la fruta al suelo y finge de nuevo estar enferma).
HOTELERO: ¡Yallah!
MUJER B: ¡Entre, por favor!
HOTELERO: (Entra con una garrafa y un vaso en sus manos). Le he traído algo de agua fresca.
MUJER B: ¡Qué bien! ¡Muchas gracias!
HOTELERO: Pensé que el agua estaría caliente aquí.
MUJER B: Es usted tan amable conmigo. Usted, realmente, me hace sentir avergonzada, pero no necesito nada…
HOTELERO: (Pone agua en el vaso y la mujer bebe un poco). ¡Usted es como si fuera mi hermana!
MUJER B: Muchas gracias.
HOTELERO: Beba más. ¿Necesita alguna otra cosa?
MUJER B: ¡Me da vergüenza! No quiero causarle problemas de nuevo, pero si fuera posible…
HOTELERO: ¡Dígame, por favor! No sea tímida. Usted es como si fuera de mi propia familia.
MUJER B: Esto está muy oscuro. Ni siquiera puedo diferenciar mis pastillas. Esta vela se está acabando…
HOTELERO: ¿Qué quiere que le diga, hermana? Le juro por Dios que intentaré hacer cualquier cosa por usted, pero la realidad es que esta habitación no tiene luz.
MUJER B: No se preocupe. No quiero causarle problemas. Pensé que podría encontrar una lámpara de gas o de pilas, pero si es imposible…
HOTELERO: Por Dios que no se lo puedo prometer, pero veré qué puedo hacer.
MUJER B: Muchísimas gracias. No se imagina cuanta falta me hace una luz. Espero poder devolverle algún día todos estos favores.
HOTELERO: No tiene que hacerlo, hermana. Sólo hago mi trabajo. Es un honor que una mujer tan inteligente como usted viva en mi hotel. Voy a ver si encuentro algo.
El hotelero se va. La mujer se sirve agua y se la bebe rápidamente. Se oye la voz del hotelero, quien llama a la puerta.
HOTELERO: ¡Yallah!
MUJER B: ¡Entre, por favor! (El hombre entra con una lámpara de gas).
HOTELERO: Esta es la única que tengo. Espero que le sirva.
MUJER B: Suficiente. Muchas gracias.
HOTELERO: Bien, cualquier otra cosa…
MUJER B: No, gracias. Por favor, salude a su mujer e hijos de mi parte.
HOTELERO: Yo les comunicaré sus saludos. Buenas noches. (Va hacia la puerta pero se da la vuelta de repente). A propósito, ¿no necesita cigarrillos?
MUJER B: (Asombrada). No, gracias, no fumo.
HOTELERO: Si se pone nerviosa llámeme, tengo cigarrillos.
MUJER B: Gracias. (Con un tono severo).
HOTELERO: Por cierto, si se aburre tengo unas cuantas películas buenas.
MUJER B: Gracias, pero como puede usted comprobar aquí no hay ni vídeo ni televisor.
HOTELERO: Hay una en mi humilde habitación. Si no nos impide trabajar le prometo que no se aburrirá nunca. ¡Jamás tendrá momentos malos!
MUJER B: ¡No quiero molestarles! (Poco a poco se muestra más nerviosa).
HOTELERO: ¿Qué problema? ¡Usted no molesta! Mi mujer y mis hijos se han ido a casa de su abuelo a descansar un par de días. Lo mejor sería ver la película juntos porque usted puede traducirla. ¡Estoy impaciente por entender lo que pasa en esas películas! Ya sabe, estas películas no son apropiadas para ver delante de la familia. Lo sabe, ¿verdad?
MUJER B: (Molesta). Ahora me siento enferma. Quiero descansar. ¡Por favor, váyase y déjeme sola!
HOTELERO: (Decepcionado). Sin embargo usted lo desea. Llámeme si necesita algo.
MUJER B: De acuerdo. Buenas noches. (El hotelero se va, pero de repente entra de nuevo sin llamar. Sólo aparece su cabeza).
HOTELERO: ¿Está segura de que no necesita nada?
MUJER B: (Con una voz muy alta) ¡Sí! (La mujer tira nerviosamente la fruta y la jarra. Se sienta y se lleva las manos a la cara).
El escenario se oscurece.
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