EL HOTEL DE LA NOVIA ACTO VIII
Se enciende la luz. La habitación es la misma. Hay un velo extendido en el suelo cubierto por otro velo. La mujer está leyendo y escribiendo, con las gafas puestas, junto a la lámpara de gas. Un montón de papeles se amontonan delante de ella. Toma notas de vez en cuando. Después de un rato alguien llama a la puerta, amontona los libros y notas, se tumba en el velo y se pone el otro sobre sí misma.
MUJER B: ¡Entre, por favor!
(La puerta se abre lentamente. Aparece una sombra en el suelo que pertenece a alguien que está a la entrada de la habitación pero no se ve su cara. Ella sigue allí.).
MUJER B: (Se levanta). ¡Entre!
Después de un rato aparece la mujer A, con un aspecto pálido y desaliñado, sin zapatos y con el vestido roto. Parece atónita y como una piedra, como si hubiera sido violada.
La mujer B se levanta sorprendida. Primero no puede creer lo que ve. Las dos mujeres se miran. Tras unos momentos la mujer B va hacia la mujer A, la abraza y la hace entrar en su habitación.
La mujer A rompe a llorar de repente.
La mujer B la sienta en el velo y le da un vaso de agua.
A la mujer A le tiembla la mano. Intenta no llorar para beber un sorbo de agua.
La mujer B la calma y le da un pañuelo.
La mujer A empieza a hablar mientras llora.
MUJER A: Al principio me dijo “es un matrimonio por tiempo determinado”. (Pausa). Afirmó que “esto no es un matrimonio real de ningún modo. Nos acabamos de casar para cumplir con nuestros deberes aquí. No seré su marido de verdad”. Contrataría a un abogado para tranquilizar a mi padre, pero yo no quise. Me juró que no me tocaría. Dijo que yo dormiría en una habitación y él en otra. Juró que amaba muchísimo a su esposa. Agradeció que él no pudiera tocar a ninguna mujer sin su consentimiento. Dijo que fue necesario hacer aquello para evitar los rumores sobre nosotros. Si iba a estar en su habitación todos pensarían que éramos pareja. Dijo que nunca se llamaría a sí mismo mi marido. Le hice prometer que no me tocaría. Y me lo prometió. (Se cubre la cara con un pañuelo y llora).
La mujer B está confundida y atónita. No sabe qué hacer, así que intenta tranquilizar a la mujer B.
MUJER A: (Bebe otro sorbo de agua). La primera noche él durmió en otra habitación pero me convenció para que le planchara su camisa porque se le había arrugado. Me molestó un poco pero él me aseguró que no sabía hacerlo. Me lo agradeció tanto que me autoconvencí de que ese detalle carecía de importancia. Pensé que ayudarle no supondría ningún problema.
La segunda noche, después de cenar, me pidió que le cosiera el botón de su chaqueta. Me dijo que el botón se le descosió hace unos días y que no encontraba a nadie para cosérselo. Sentí pena por él. Por eso se lo cosí. (Se limpia los ojos con un pañuelo).
Quise llamar a una de mis amistades. Él se sentó junto al teléfono para escuchar lo que yo decía. Después de un rato, cogió el teléfono de repente para saber si era un chico o una chica quien hablaba conmigo. Me lo devolvió cuando se aseguró de que la otra persona era una chica. Se enfadó y dijo: "¡Deja de hablar pronto! ¡No te doy dinero para que gastes tu tiempo hablando por teléfono! Luego me quitó el teléfono y lo desconectó cuando yo no había acabado mi conversación.
Me enfadé y quise abandonar la habitación para telefonear a mi amiga. Pero él cerró la puerta. Yo rompí a llorar.
Se acercó y me dijo que me amaba y que por eso no quería que yo hablara con nadie más que él. Que yo debería pasar mi tiempo sólo con él. Que necesitaba todo mi afecto. Dijo que nadie le apreciaba. Después me trajo una taza de té y me explicó brevemente algunas historias sobre su soledad. Dijo que todo el mundo le tiene miedo y que nadie le quiere verdaderamente.
Por la noche me pidió que le hiciera un masaje en los pies. No acepté pero él me abofeteó y me dijo que llamaría al recepcionista del hotel para llevarme abajo si hacía cualquier ruido. Por eso le hice el masaje en los pies.
Por la noche, mientras yo dormía, se acercó a mi cama. Primero le supliqué. Después se enfadó y me golpeó. Me dijo: "¡te denunciaré! ¡Diré que mi mujer me engaña con otro!" Me dijo que encontraría a dos testigos que declararan falsamente contra mí, y después me darían latigazos. (Se tapa la cara).
Decidí gritar y salir corriendo de la habitación pero él la había cerrado con llave. Dijo que nadie podría oír mi voz, incluso aunque gritara mucho y que, si me oyeran, nadie intervendría en una discusión de pareja. Además sólo es el hombre quien puede elegir. Un hombre puede golpear a su mujer hasta matarla si ella no le obedece. (Pausa).
Dijo: "No te he obligado a casarte conmigo para nada. ¡Yo tomé a una esposa para usarla!” (Pausa). Luego me vi forzada a tirarle agua caliente para poder escapar. (Llora mucho, pero en silencio).
MUJER B: Cálmate. Ahora todo saldrá bien.
MUJER A: No. Él me matará…
MUJER B: La duración de tu matrimonio es de solo una semana. Después de ese tiempo él no tendrá ningún derecho sobre ti.
MUJER A: Me matará durante esta semana.
MUJER B: Estarás aquí. ¡No dejaré que te toque!
MUJER A: Volverá a por mí. Ahora soy su esposa y nadie puede ayudarme. Él tiene derecho para hacerlo.
MUJER B: Cerraré la puerta con llave y no la abriré a nadie.
MUJER A: Moriremos de hambre.
MUJER B: Sólo quedan cinco días. Aguantaremos estos cinco días de cualquier forma. (Se levanta y cierra la puerta). No hay más aperturas en esta habitación. Tendría que echar la puerta abajo para poder entrar. (Pone los muebles detrás de la puerta).
MUJER A: ¿Crees que aguantaremos?
MUJER B: Podemos si lo intentamos. Además no tenemos ninguna otra opción. Será difícil pero resistiremos. Tengo algo de pan duro y también agua. Nos arreglaremos de cualquier modo.
MUJER A: Me hubiera gustado seguir tu consejo. Ya lo creo que debía haberlo hecho. Deseo haber seguido en esta oscuridad…
MUJER B: Antes pensabas de forma diferente. Ha tenido que suceder esta desgracia para que llegaras a esta conclusión. Ahora somos dos, así que tenemos más energía. Intentaremos permanecer vivas. Queremos desarrollarnos. Queremos trabajar, ser humanos, sentir que somos seres humanos. Queremos enamorarnos. Estas cosas no son malas. Vivir nuestros valores con la ayuda de Dios.
MUJER A: ¿Podemos esperar eso?
MUJER B: ¡Debes esperarlo! En este mundo importamos todos y cualquiera podría escuchar nuestra voz. Aún no estamos muertas, ¿verdad?
Llaman a la puerta
La habitación queda en silencio y las dos mujeres se miran aterrorizadas. Los golpes en la puerta son flojos y pocos, pero van aumentando, cada vez son más continuos y fuertes.
La mujer A cierra los ojos y reza lentamente. La mujer b le coge la mano.
Los golpes en la puerta llegan al máximo y de repente empiezan a ser más flojos hasta desaparecer. Queda un silencio absoluto.
MUJER A: ¿Ha terminado?
MUJER B: (Se levanta y camina hacia la puerta. Lentamente dice a la mujer A). No hay más ruido. Se deben haber ido.
MUJER A: ¡Gracias al cielo! Si salgo bien de esta no volveré a decepcionarte jamás.
MUJER B: (Camina hacia la mujer A). ¿Viste lo que te dije? ¿Recuerdas? Se cansan si tenemos paciencia. ¿Cuánto tiempo crees que pueden estar golpeando tras la puerta?
MUJER A: Gracias, hermana. Gracias por todo. (Se dan un abrazo).
MUJER B: Jamás nos tocarán. Nos rescatarán y abandonaremos esta habitación. Te lo prometo. Luego tendremos tiempo para pensar en otros asuntos. Tenemos que empezar a hacer muchísimas cosas.
MUJER A: Ayudándonos mutuamente.
MUJER B: Sí.. ayudándonos las dos.
MUJER A: Seremos amigas para siempre, ¿verdad?
De repente surge un nuevo ruido, como si tiraran piedras desde fuera. Se miran las dos. Hay silencio. Ninguna habla. El sonido de las piedras se repite de vez en cuando.
La mujer B camina despacio hacia la puerta. Encuentra un agujero entre los muebles, y mira por él. La mujer A la mira preocupada. El silencio se puede cortar y sólo se rompe por el ruido de fuera.
La mujer A se levanta y mira a la mujer B con una cara que muestra tensión y querer preguntar algo. La mujer B, con una piedra, la mira y habla flojo, como si la voz le llegara a ella desde muy lejos.
MUJER B: ¡Siguen ahí fuera! ¡Están construyendo una pared delante de la puerta!
La mujer A se sienta con una mirada atónita. Sus miradas parecen cambiadas.
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