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Estremecedor testimonio de Yoro sobre su viaje en cayuco desde Gambia a España

Mis alumnos conocieron el pasado jueves a Yoro, un amigo gambiano que llegó a España tratando de esquivar la muerte. No buscaba el paraíso, simplemente huía de las guerras, el analfabetismo, las hambrunas y la falta de esperanza. Las desgracias provocadas por las abyectas mafias financieras internacionales le obligaron a sortear infinidad de peligros que le arrastraron hacia España, donde intenta sobrellevar el día estudiando un oficio y practicando el atletismo para, alguna vez, volver a su país con el fin de aplicar todo lo aprendido y trabajar por una Gambia desarrollada y justa. Quiere ser presidente de su empobrecido Estado para sacarlo de la miseria.

El silencio sepulcral de los estudiantes mientras Yoro hablaba es la mejor prueba de su conmovedor discurso. A continuación muestro el vídeo de la conferencia comentándolo en tres partes. Antes doy las gracias a mis alumnas de segundo de Bachillerato Alba, Cristina, Sara, Ana y Carlos que me ayudaron a organizar el encuentro y a Pedro, que hizo las fotografías así como a María, que grabó el vídeo, ambos de 4º de ESO.

1. Paco Pascual

Ya les presenté a Paco Pascual el curso pasado, el carismático profesor jubilado que dedica su tiempo a que “El Gallinero” de la Cañada Real sea un lugar en el que sus habitantes vivan con un mínimo de dignidad. Él fue quien acompañó a Yoro desde Madrid a nuestro centro el IES “Los Batanes” de Viso del Marqués e hizo su presentación.

Comenzó Paco Pascual citando el verso de Jorge ManriqueNuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar” en clara alusión al río Gambia en torno al cual se creó la nación africana -igualmente llamada Gambia- donde nació Yoro. Prosiguió explicando que en África muchos países se llaman como los ríos (por ejemplo los ríos Gambia, Níger, Senegal y Congo dan nombre a sus países). Es como si España se llamara “Iberia” -la tierra del río Ebro-.

Como pueden ver en el mapa, Gambia, rodeada por Senegal, se sitúa en el Golfo de Guinea, también conocido como el “Golfo de los Esclavos”:


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Desde allí partían los esclavos que serían vendidos en Norteamérica del Norte y en Norteamérica del Sur para trabajar  en los campos de algodón sin retribución alguna. Cuando se abolió la esclavitud algunos volvieron a sus países de origen y tuvieron que enfrentarse a una descolonización tan desordenada que hundieron, más si cabe, la región en la miseria. Algún día los africanos, bien asesorados, pedirán cuentas por la rapiña y codicia europea.

A continuación Paco Pascual explica que Gambia es un precioso país muy conocido en España gracias a la serie “Raices” protagonizada por el gambiano Kunta Kinte,  y que puede ver completa en este enlace. Seguro que si ven el primer episodio quedan enganchados:


Bien dice Paco Pascual que los habitantes de las islas griegas aprendían de los viajeros, como nosotros aprenderemos del nuevo Ulises que es Yoro. Además afirma contento que Yoro ya no tiene que escapar de la policía porque le van a dar “papeles” pronto. He de decir, en honor de la verdad, que son muchos los policías que se quejan de las inhumanas órdenes que reciben “desde arriba” obligándoles a identificar a personas aleatoriamente según su aspecto físico y no por despertar sospechas fundamentadas. ¡A Yoro lo han parado para identificarle en varias ocasiones simplemente por ser negro!

Es por ello que Yoro ha vivido tres años con mucho miedo a que le pudieran llevar al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche en el que, como se explica en este informe, no se cumplen los Derechos humanos (presuntamente atenta, entre otros, contra los artículos 1, 2, 56, 7, 9 y 11) pero su mayor temor era que de allí podría ser deportado a su país; en esta vida todo es empeorable y en España, aunque golpeado, no ha de preocuparse de que algún rebelde llame a su puerta de madrugada.

Para finalizar Paco Pascual comparte con nosotros los siguientes materiales para profundizar en los temas que tratará Yoro y que mis alumnos deberán usar para las reflexiones en sus blogs:

-Inmigrantes. No paran de llegar. Canción de Serrat.

-Imágenes que se mostraban mientras Yoro hablaba.

-Información sobre Gambia y la esclavitud.

Vean la intervención completa de Paco Pascual:

2. Yoro

Yoro vivió en Gambia hasta los 10 años. A esa edad empezó a viajar -o, más bien, huir- porque era pobre; no le faltaba alimento pero su familia no podía cubrir otras necesidades básicas. Ni siquiera se le dio la oportunidad de asistir al colegio, lo que le sigue entristeciendo hoy en día. Sin nada que perder ni arraigos materiales que le retuvieran se lanzó a la mar a la edad de diez años para pescar en aguas senegalesas. Pasó parte su niñez achicando el agua de los barcos.

Sus padres no querían que corriera peligro, pero necesitaban el dinero que Yoro les enviaba. En un mes ganaba lo que sus padres en varios. Su abuelo le llamaba “El español” porque desde los cinco años soñaba con llegar a España. Contemplaba ensimismado los cayucos en la playa y quería irse en ellos. Hoy sabemos que hizo su sueño realidad, pero antes de llegar a España tuvo que hacer dos peligrosos intentos recorriendo Senegal, Guinea Bisau, Guinea Conacry, Mauritania y Marruecos.


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En su primer viaje, con quince años, estando en Guinea Bissau les denunciaron por pescar “sin permiso” así que una noche, por sorpresa, les apresaron unos marineros que les condujeron a tierra donde les torturaron y apenas les daban comida. Antes de liberarle le robaron su dinero. Emprendió ilusionado la marcha a Guinea desde donde decía la gente que se podía partir en cayuco hacia España; con este objetivo en la mente, al embarcar en Senegal acabó, por caprichos del azar, en Mauritania. Allí tomó un cayuco con otras150 personas para ir a España. Fue un viaje muy duro porque había viento y un fuerte oleaje.

Era tal ferocidad de las aguas que a los capitanes les entró miedo y condujeron la embarcación a la tierra más próxima, Marruecos. A pocos kilómetros de la orilla la policía marroquí les detuvo y les trasladaron a tierra firme. En la cárcel marroquí permanecieron dos días completos alimentados únicamente por un par de sopas aguadas. La policía marroquí también les quitó dinero que llevaban a España para llamar a sus familiares.

Al tercer día de su estancia en Marruecos les despertaron a las cinco de la mañana para meterles en camionetas de ovejas y trasladarlos a la frontera con Mauritania. No los adentraron en la propia Mauritania por temor a que la policía mauritana les rechazara ya que ellos no son sus compatriotas, así que deberían seguir en Marruecos; es por ello que los policías les abandonan en medio del desierto. Yoro tuvo que andar quince horas hasta llegar a un pueblo, con mucho calor, sin agua y sin comida. Su viaje había fracasado.

Sin embargo nada puede erradicar la motivación que da la necesidad de sobrevivir, así que en 2009, ya con 18 años, volvió a emprender la aventura. Como no tenía dinero intentó ser uno de los capitanes del cayuco que, por dirigir la embarcación, viajan gratis.

Ser dueño de un cayuco es un negocio altamente lucrativo: Si hay 150 personas por cayuco y cada una paga mil euros el negocio está claro. Solo debe comprar el barco, la gasolina y reunir a los “pasajeros”. Una vez que ha partido el cayuco el patrón puede despreocuparse, el dinero ya es suyo: no importa que los viajeros lleguen a su destino, que mueran o que vuelvan. Es tan elevado el beneficio económico de organizar viajes para pobres que sueñan con dejar de serlo que se generan verdaderas mafias del cayuco que nada tienen que envidiar a la Cosa Nostra.

Yoro no teme al mar porque es marinero y está acostumbrado a pasar largas temporadas sin pisar tierra. Eso le enseñó a enfrentarse a las peligrosas aguas del Atlántico e iniciar el peligroso viaje a España. Por el contrario la mayoría de los viajeros del cayuco sí que tenían miedo y vomitaban mareados. El miedo, al igual que sucede en Occidente, es el freno más poderoso de los sueños.

Un día encontró en la calle a un dueño de un cayuco que tenía el viaje preparado a falta de un capitán que llevara el barco. Yoro aceptó con la única condición de que le diera dinero para que, al llegar a España, pudiera telefonear a su familia. Era el 10 de febrero de 2009.

El cayuco en el que viajó tenía veinticinco bidones de gasolina de sesenta litros cada uno, además de 78 personas hacinadas en unas reducidas dimensiones de siete metros de eslora por dos metros de manga.

Los que allí iban, al igual que Yoro, apostaban su futuro a vida o muerte. Se trataba de llegar o morir en el intento, algo que sólo pueden hacer cuyas vidas apenas se diferencian de la muerte. Entrar en un cayuco es como jugar a la ruleta rusa, pero sufriendo mucho antes de morir: no se muere por un rápido disparo sino por la lenta erosión de la sal, el sol y el agua.

Tras tres días navegando el agua destrozó el motor y la embarcación no pudo seguir adelante. Mientras lo intentaban arreglar el mar se agitó con olas de hasta siete metros de altura. Esto dañó muchísimo a los pasajeros porque la salada agua marina entró en sus cuerpos dejándolos en carne viva. Yoro avisó al inicio de la aventura de que la clave para sobrevivir consiste en no dormir ni comer, sólo hay que hidratarse continuamente. La fuerza del mar era de tal magnitud que el ancla no podía cumplir su función y, por tanto, no fueron capaces de arreglar el motor.

Sin embargo la corriente marina -que los viajeros identificaron con la mano de Dios- hizo que el 14 de febrero, sábado, llegaran a Tenerife a las 8:30 de la mañana, donde había mucha gente esperándoles y dándoles agua y mantas. Yoro y sus compañeros pensaban, ingenuamente, que ya habían alcanzado su objetivo. Sin embargo la primera palabra que aprendió fue “corre” porque una chica le gritaba “corre, corre”. Entendió su significado cuando a continuación le gritó la internacional palabra “¡policía!”.

Llegaron a Tenerife sanos y salvos los 78 viajeros del cayuco. Todos estaban agotados así que no pudieron huir de las autoridades. Yoro, aunque aún con energía, tampoco corrió para no despertar sospechas. La Cruz Roja les ayudó.

Estuvieron en las dependencias policiales durante tres días en los cuales ni siquiera les dieron la oportunidad de ducharse para quitarse la sal que les producía horribles escozores. Luego les llevan dos días a un centro de la Cruz Roja en Tenerife donde sí pudieron ducharse y reponer fuerzas. Pero el descanso duraría poco porque inmediatamente les trasladaron a lo que él denomina como cárcel y que es el CIE de Fuerteventura. Pensaba ingenuamente que al día siguiente ya estaría trabajando.

Como desconocía la lengua española -y la Policía Nacional tampoco les entiende- el único lenguaje con el que podían comunicarse era con el de las porras. Estuvo en el CIE cuarenta días y Yoro dice que le pegaron muchísimo. El artículo 58 de la Ley de Extranjería afirma que “el internamiento se mantendrá por el tiempo imprescindible para los fines del expediente, sin que ningún caso pueda exceder de cuarenta días” así que tras la cuarentena le llevaron a Madrid, donde le acogió Cruz Roja con la que permaneció nueve meses. Allí estudió español.

Vio nevar, algo que pensaba que solo ocurría en las películas y pensó que se iba a morir de frío. Hizo un curso de camarero donde conoció a la familia con la que convive ahora. Tenía miedo a que tuviera que dormir en la calle y pensaba resignadamente en regresar a su país -donde la esperanza de vida es de 57 años- pero esta familia le salvó en el último momento.

Vean en este vídeo su flamante discurso y tengan en cuenta que ¡ha aprendido español en tan solo tres años!:


3. Preguntas de los estudiantes a Yoro

He tenido que cortar la parte del vídeo en la que Yoro habla de su amigo albino porque el propio albino así lo ha solicitado. Lamentablemente los albinos son presa de la superstición y de la brujería y prefiere pasar desapercibido. Desde este blog le mando todo mi ánimo.

Tras la charla mis estudiantes plantearon sus preguntas. Al principio les costó hablar porque era demasiada la información que había que asimilar y muy dramática. Yoro les dejó sin palabras.

La alumna Silvia planteó la cuestión del racismo de los gambianos. Yoro responde que sí lo son, pero que ni siquiera saben lo que es el racismo. Explica al modo socrático que es el desconocimiento lo que hace que sean racistas. En España sucede igual.

La alumna Rocío le pregunta si la discriminación en Gambia es igual para hombres y mujeres y él responde que sí. También le pregunta acerca de los que enferman durante el viaje en el cayuco. Yoro responde que no se puede hacer nada con los enfermos excepto darles agua y comida porque carecen de medicinas y no son médicos. En su último viaje no hubo ningún muerto pero en su primer intento de 2007 murieron ocho personas. No les quedó más remedio que arrojar al agua los cadáveres, porque en el barco se pudren, huelen mal y transmiten enfermedades.

Aprendió español cuando llegó en 2009 sin haberlo estudiado antes. En Gambia no tuvo ninguna posibilidad de estudiar. Desde su casa al colegio hay treinta kilómetros así que su padre no le pudo dar estudios. Si apenas tenían dinero para comer no podían permitirse el lujo de pagar el transporte.

A continuación Yoro nos relata una triste historia que, aunque prefiere no recordar, quiso compartir con nosotros. Estando en Senegal salió un día a pescar con su compañero de habitación. Tras finalizar una buena jornada de pesca su amigo se lanzó al mar para nadar y relajarse. En ese momento apareció un enorme tiburón y Yoro y sus compañeros empezaron a gritar. Cuando su amigo presa del pánico inició el nado hacia el pesquero, el tiburón se dio cuenta y lo atacó. Cuando Yoro y el resto de marineros subieron a su amigo solo quedaba medio cuerpo. No les quedó más remedio que tirar los restos de su amigo al mar para que el tiburón lo comiera y les dejara en paz. La única preocupación de Yoro era decir a la familia de su amigo devorado -que cada día le esperaba en la playa para recibir el pescado- que su hijo había fallecido. Tras este trauma Yoro pasó tres meses en tierra por temor a los peligros del mar. Como era previsible, al no tener dinero ni actividades que hacer se vio obligado a volver a la mar.

Yoro ha visto muchas veces a muertos por armas. También ha sido testigo de disparos entre embarcaciones. Igualmente estuvo en una zona de Senegal donde hay muchos rebeldes y vio cómo cuatro militares vestidos de paisanos cortaron la cabeza a unos policías delante de todos.

En el pueblo de Yoro tienen mucho miedo porque está justo en la frontera con Senegal y allí hay incursiones de los rebeldes senegaleses, sin embargo a Yoro hay pocas cosas que le asusten. En España lo valora todo: vivir tranquilamente, estudiar, hacer cualquier profesión que uno guste. Si él hubiera tenido la posibilidad de estudiar no se habría jugado la vida en el mar.

El alumno Diego pregunta si los policías españoles le pegaron. Yoro dice que muchísimo y que a uno de sus amigos le aporrearon, cayó por las escaleras y se rompió el brazo; además al día siguiente lo extraditaron a su país. Cada veinte ciudadanos de un mismo país el consulado firma y los devuelven a su lugar de origen en un avión fletado por el gobierno. Como de Gambia no había suficientes ciudadanos Yoro pudo quedarse en España pasados los cuarenta días preceptivos. Sólo eran seis gambianos.

Yoro también nos comenta que en Gambia hay medicinas pero hay que pagarlas. Su padre se enfermó gravemente y tuvo que mandar desde España 300 euros. Sin ese dinero no habría tenía opción de sobrevivir.

La alumna Rocío pregunta si piensa volver a su país y Yoro responde que sí porque es donde nació y le gusta muchísimo. Quiere ser el presidente de su nación. También comenta que desde Canarias cada día salen dos aviones repletos de inmigrantes indocumentados de vuelta a sus países.

LVean el vídeo de esta parte final del vídeo.

4. ACTIVIDAD DIDÁCTICA

Considero que esta experiencia que comparte Yoro con nosotros es muy interesante para  los estudiantes de las asignaturas de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos (o como quieran denominarla), Educación Ético-Cívica y Filosofía y Ciudadanía. Los profesores y alumnos de estas asignaturas podríamos iniciar un diálogo a través de Twitter con el hashtag #testimoniodeYoro ¿Se animan? También están invitados los docentes y alumnos de asignaturas similares desde otros países. El objetivo es intercambiar opiniones y reflexiones en torno a las dificultades de la inmigración a partir de la experiencia de Yoro, enriqueciéndola con otras experiencias similares, materiales complementarios, vídeos, etc. Sería interesante que el hashtag #testimoniodeYoro se convirtiera en trending topic.

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