Vi cómo detenían a una mujer por no llevar manto

Mujeres con distintos tipos de velos y chadores en una calle de Teherán

El policía se hace el serio aunque desprende un aire de ingenuidad y teatralidad que elimina el dramatismo de la escena, mientras que la mujer -solitaria- le discute aparentemente serena con el gesto de desprecio más conmovedor que jamás haya visto; a buen seguro que la joven no está lidiando por primera vez con la policía del velo. La invitan a entrar al furgón y se la llevan, supongo, a la comisaría más próxima desde la que telefonearán a algún familiar para pedirle ropa adecuada. Parece que este verano están siendo especialmente rigurosos con la vigilancia de las vestimentas en las calles.

Estos pequeños gestos de desobediencia civil son los que permiten que gradualmente se devuelvan cuotas de libertad a las mujeres iraníes. Son objeciones de conciencia cargadas de esperanza. Sin embargo el camino que queda por delante es muy largo y lleno de sufrimientos y sinsabores.

Les taparon los brazos y los pies


Hoy nos paró la policía religiosa porque mis dos acompañantes mostraban los brazos desnudos desde los codos, tenían algún que otro inocente y minúsculo roto en sus vaqueros y se les entreveía la piel a través de sus sandalias. En las veraniegas calles de Teherán hace un calor espantoso así que las vestimentas acrecientan el infierno; sin embargo el Estado iraní no se apiada de las mujeres acaloradas no vaya a ser que les den la mano y se tomen el brazo entero (en términos filosóficos: quieren evitar el riesgo de la pendiente resbaladiza consistente en el miedo a permitirles vestirse según su deseo porque pueden acabar exigiendo cada vez más derechos).

Las agentes embutidas en negro no debían de tener más de treinta años y personifican la esencia totalitaria de Irán; si no existiera esta figura coactiva el imaginario colectivo que a nivel internacional se percibe sobre Persia sería totalmente distinto.

Mientras las dos jovencitas, desde su cuestionable altura moral, aleccionaban a mis acompañantes, justo al lado un hombre era detenido por cinco policías varones. Gritaba histriónicamente que le fallaba el corazón. Sin miramiento alguno y con brusquedad el más fiero de los uniformados lo introdujo en los asientos traseros del coche policial que arrancó levantando una pestilente humareda para llevárselo al veloz ritmo de las sirenas. Las decenas de curiosos que miraban con recelo no dijeron nada. Yo tampoco.

En la fotografía de arriba pueden ver el control de la policía moral que capté más tarde. Tres mujeres chadoríes son las policías que piden a las transeúntes que no enseñen carne. Si no les hacen caso llaman a alguno de sus compañeros masculinos que actuarán sin contemplaciones. A algunas jóvenes rebeldes las introducen en el coche policial para llevarlas a la comisaria desde donde pedirán a su familia por teléfono que les acerquen ropa adecuada e, igualmente, les harán firmar un documento en el que se comprometan a no volver a salir a la calle indecentemente. Si otro día se repitiera la afrenta la multa se incrementará. En dicha fotografía hay una pintada en la pared que dice “Alegría del espíritu de los mártires. Salavat” (este último término se utiliza para alabar a Mahoma y su familia). En este enlace pueden ver etiquetados a los protagonistas de la escena. Uno podría escribir un ensayo de política social basándose en esta fotografía.

Vestimentas en clase

El año pasado se montó cierta polémica en mi instituto porque no toleré que un estudiante estuviera en mi clase con una camiseta demasiado provocativa de un grupo de música que se llama algo así como “La Polla Record”. Considero que el aula es un recinto “sagrado” que debe ser respetado al máximo y uno empieza respetándolo por la vestimenta.

Sin embargo me parece bien que se venga a clase con velo. Considero que es un símbolo de respeto, de aprecio hacia la educación, de tomársela en serio. Nada que ver con los que van a clase con minifaldas, pantalones de deporte o con camisetas que publicitan alcohol o discotecas de moda. Tolerar dichas prendas implica tomarse la educación pública en broma.

Los que crean que el velo implica humillación o desprecio a la mujer deberían profundizar un poquito más antes de juzgar a la ligera. Otra cosa muy distinta es forzar a las mujeres a taparse el pelo, tan despreciable como cuando las obligamos a descubrírselo.

Les invito a ver este cortometraje sobre una niña musulmana que se enfrenta al problema del velo en su instituto público. (vía):