Poemas filosóficos

 

 

VLADIMIR MAIAKOVSKY

Rusia, Transcaucasia (1894-1930)

 

 

LA FLAUTA ESPINA DORSAL

Para todos vosotros,

los que me gustaban o me gustan,

guardados por las imágenes santas en la cueva,

levanto el cráneo lleno de versos,

como una copa de vino en un brindis de sobremesa.

Pienso más y más a menudo:

sería mejor poner el fin

con la punta de una bala:

Hoy mismo,

por si acaso,

doy un concierto de despedida.

¡Memoria!

Recoge en la sala del cerebro

las filas inagotables de los amados.

Vierte la risa de los ojos en los ojos.

Adorna la noche de las bodas pasadas.

Verted la alegría de la carne en la carne.

Que la noche no se olvide de nadie.

Hoy tocaré la flauta

En mi propia espina dorsal.

 

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...Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen , incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo; esta
desesperante, estéril, larga
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.

Ángel González.




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SENSACIÓN DE OLOR

FRAGANCIA
de lilas...

Claros atardeceres de mi lejana infancia
que fluyó como el cauce de unas aguas tranquilas.

Y después un pañuelo temblando en la distancia.
Bajo el cielo de seda la estrella que titila.

Nada más. Pies cansados en las largas errancias
y un dolor, un dolor que remuerde y se afila.

...Y a lo lejos campanas, canciones, penas, ansias,
vírgenes que tenían tan dulces las pupilas.

Fragancia
de lilas...

Pablo Neruda.


XLIV

Dónde está el niño que yo fui,
sigue adentro de mí o se fue?

Sabe que no lo quise nunca
y que tampoco me quería?

Por qué anduvimos tanto tiempo
creciendo para separarnos?

Por qué no morimos los dos
cuando mi infancia se murió?

Y si el alma se me cayó
por qué me sigue el esqueleto?

Libro de las preguntas.

Neruda


LXXII

Si todos los ríos son dulces
de dónde saca sal el mar?

Cómo saben las estaciones
que deben cambiar de camisa?

Por qué tan lentas en invierno
y tan palpitantes después?

Y cómo saben las raíces
que deben subir a la luz?

Y luego saludar al aire
con tantas flores y colores?

Siempre es la misma primavera
la que repite su papel?

Idem

BUSCABAS UNA FLOR

Buscabas una flor
y hallaste un fruto.
Buscabas una fuente
y hallaste un mar.
Buscabas una mujer
y hallaste un alma.
¡Estás desencantado!

EDITH SÖDERGRAN ( Suecia )

 

¿CÓMO SERÉ...

¿Cómo seré o
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.

Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.


Angel Gonzalez

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MUERTE EN EL OLVIDO

Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

Angel Gonzalez

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Y si Dios fuera una mujer?
Preguntas

"lo que hacemos en nuestra vida privada es cosa nuestra" dijeron las Seis Enfermeras Locas del Pickapoon Hospital de Carolina mientras movían sus pechos con una dulzura tan parecida a Dios

¿y si Dios fuera una mujer? alguno dijo
¿y si Dios fuera las Seis Enfermeras Locas de Pickapoon? dijo alguno ¿y si Dios movieras los pechos dulcemente? dijo ¿y si Dios fuera una mujer?

corrían rumores acerca de las Seis
las habían visto salir de hospedajes sospechosos con una mirada triste en la boca las habían visto en una cama del Bat Hotel las habían visto fornicando con sastres zapateros carniceros de toda Pickapoon

¿y acaso Dios no sale de los hospedajes con una mirada triste en la boca? alguno dijo ¿y si Dios fuera una mujer? ¡tetas de Dios! ¡blancos muslos de Dios! ¡lechosos! dijo ¡leche de Dios! gritaba por los techos de toda la ciudad

así que lo quemaron
hicieron una hoguera alta al pie de la colina del Este
y también quemaron a las Seis Enfemeras Locas de Pickapoon todas eran rubias y cada día habían visto a la muerte trabajar

eso es todo
así acaban con los temblores mortales e inmortales en Carolina y otros sitios de Dios ¿y si Dios fuera una mujer? ¿y si Dios fuera las Seis Enfermeras Locas de Pickapoon? dijo alguno.

Juan Gelman

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Tabaqueria

Hice de mí lo que no supe,
y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El dominó que vestí estaba equivocado.
Me conocieron en seguida por quien no era y no lo desmentí, y me perdí. Cuando quise quitarme la máscara, estaba pegada a la cara. Cuando me la quité y me vi al espejo, ya había envejecido. Estaba borracho, ya no sabía vestir el dominó que no me había quitado. Tiré la mascara y dormí en el vestuario como un perro tolerado por la administración por ser inofensivo y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
quien me diera encontrarte como a una cosa que yo hiciese,
y no quedase siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente, pisoteando la conciencia de estar existiendo, como una alfombra en la que un borracho tropieza o un felpudo que los gitanos robaron y que no valía nada. Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó a la puerta. Lo miró con la incomodidad de la cabeza mal vuelta y con el desconsuelo del alma mal-entendiendo. Él morirá y yo moriré. Él dejará el letrero, yo dejaré versos. En determinado momento morirá el letrero también, y los versos también. Después de determinado momento morirá la calle en donde estuvo el letrero, y la lengua en la que fueron escritos los versos. Morirá después el planeta girante en que todo esto pasó. En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente continuará haciendo cosas como versos y viviendo por debajo de cosas como letreros, siempre una cosa enfrente de la otra, siempre una cosa tan inútil como la otra, siempre lo imposible tan estúpido como lo real, siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño de misterio de la superficie, siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.

Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo enérgico, convencido, humano,
voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.

Enciendo un pitillo al pensar en escribirlos
saboreo en el pitillo la liberación de todos los pensamientos. Sigo el humo como a una ruta propia, y gozo, en un momento sensitivo y competente, la liberación de todas las especulaciones y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar malhumorado.

Después me echo hacia atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando.

(Si yo me casara con la hija de mi lavandera
tal vez fuese feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.

El hombre salió de la Tabaquería (¿metiendo el cambio en el bolsillo de los pantalones?). Ah, lo conozco: es el Esteves sin metafísica. (El Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta.) Como por un instinto divino el Esteves se volvió y me vio. Me hizo señas de adiós, le grité: ¡Adiós, Esteves!, y el universo se me reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el dueño de la tabaquería sonrió.


Alvaro de Campos (Fernando Pessoa)

 

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Arbol en mi ventana, árbol de mi  ventana.
Mi ventana se cierra cuando cae la noche
pero nunca habrá una cortina
entre vos y yo.

Leve cabeza soñadora
 que surge de la tierra
y se pierde entre las nubes.
Todas tus suaves lenguas subiendo hacia lo alto.

Pero te he visto, árbol,
con tu cabeza en la tormenta
y vos me viste dormid[a]
en medio de mis tormentas

Cuando juntó nuestras vidas
El destino usó su imaginación
Tu cabeza tan preocupada con el clima externo
Y la mía con el interior.

Stella Accorinti