Jefes
De Rafaelrobles
JEFES, CABECILLAS Y ABUSONES.
Es un conjunto de capítulos que constituyen una unidad temática de una obra titulada “NUESTRA ESPECIE”, del antropólogo MARVIN HARRIS. (Alianza editorial. Madrid, 1993).
EL AUTOR: Es un prestigioso antropólogo al que se considera el máximo exponente del “materialismo cultural”. A lo largo de muchos años ha trabajado con numerosas sociedades y pueblos de los distintos continentes, y después nos ha dejado sus experiencias en dieciséis libros, traducidos a más de una docena de idiomas. Además de interesantes, son amenos y accesibles a la mayoría de las personas. Algunas obras más: “Introducción a la antropología general”, “Caníbales y reyes”, “La cultura norteamericana contemporánea”. Murió en el año 2001, el 25 de Octubre. La noticia llegó a España tarde y “sin demasiada fuerza”, según DAVID ALVARGONZÁLEZ (profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo ), porque representa “una corriente de pensamientos y de estudios empíricos, el materialismo cultural, que continúa siendo en aquellas tierras, minoritaria”. EL LIBRO: Empieza HARRIS con una pregunta desconcertante: ¿Había vida antes de los jefes?. Y rebate a los fundadores de la ciencia política porque no cree, como HOBBES, que la vida anterior al Estado (con sus jefes pertinentes) constituyera un “guerra de todos contra todos”. Los hombres prehistóricos se defendieron bastante bien con una sociedad que no necesitaba ni de reyes ni de presidentes. Se basaba en lazos de conocimiento ligados por el intercambio recíproco. Mientras los grupos fueron pequeños, esto funcionó. Sin embargo, en esas sociedades simples también existe algún tipo de liderazgo político: son los cabecillas, que asumen la responsabilidad, a veces tediosa, de ser los primeros en dar ejemplo de trabajo y de generosidad. Estos cabecillas igualitarios no dan órdenes ni tienen posesiones particulares, aunque tienen efectos personales como armas, ropas, adornos, etc. El cambio surge cuando de la reciprocidad se pasa a la redistribución: las gentes entregan alimentos y otros objetos de valor al cabecilla que los junta y los vuelve a distribuir, divididos en porciones. Al principio serían generosos y ellos seguirían trabajando más y quedándose la parte más pequeña o peor. A cambio recibían la admiración o el reconocimiento de sus congéneres. Pronto surgieron varios cabecillas, grandes hombres, que rivalizarían entre ellos, como los mumi (del pueblo siuai de las islas Salomón). El liderazgo, pues, acepta la jactancia como un atributo propio contra la modestia que regía en el intercambio recíproco. Plantea HARRIS la necesidad genética que tenemos los seres humanos de amor, aprobación y apoyo emocional. Los cabecillas, al parecer, son individuos con una enorme necesidad de aprobación por parte de los demás. Desean el amor y el prestigio y no reparan en medios para conseguirlos. Con la importancia que se concede al prestigio, pasamos a una sociedad emuladora y exhibicionista basada en el consumismo. THORSTEIN VEBLEN en “Teoría de la clase ociosa”, habla de “consumo conspicuo”, concepto al que la publicidad ha sabido sacarle rendimiento. En la perspectiva de la evolución, el deseo de sentirnos superiores por lo que poseemos, ha integrado el proceso de formación de las clases dirigentes. En los primeros Estados, entre las prerrogativas regias estaba la pretendida descendencia divina: En China, Japón, Egipto, Perú, y un largo etcétera, se decían todos descendientes del Sol, cada uno a su manera. Sus hábitos consumistas han de ser también distintos, por encima del común de los mortales. Tendrán comidas exquisitas, joyas, ropas y edificios suntuosos; nacen así las leyes suntuarias , que reservan los objetos más raros y escasos para uso de los cabecillas, reyes, emperadores o faraones; y consideran un delito que los hombres comunes quieran emular a sus superiores. Dice HARRIS que , de esta forma, imitan “...los alaridos, las danzas giratorias, la exhibición de dientes y de pesadas cornamentas que los individuos de las especies no culturales utilizaban para intimidar a sus rivales” Las economías de consumo contemporáneas incitan a la adquisición de objetos suntuarios, ya que en ella reside el poder y la riqueza. La emulación constituye el “primer motor económico después de la supervivencia” desde el momento en que las clases dirigentes dejaron de ser cerradas y hereditarias y transitaron hacia la democracia. La ética consumista, el afán de dar una imagen predeterminada, la implacable necesidad de éxito, son una gran prueba de lealtad hacia nuestros superiores. Cuando una sociedad tiene excedentes y puede almacenarlos, la estratificación social gana impulso. Los grandes hombres, en tiempos de escasez, daban comida a otros a cambio de ropas, vasijas, viviendas. Al final, ya no necesitaba trabajar: El gran hombre se había convertido en jefe. El poder para dar órdenes y hacerse obedecer se consiguió mediante las guerras. Los grandes hombres eran violentos y los jefes más todavía. Siempre se destacaban sus virtudes guerreras y la cantidad de hombres que habían matado. El primer Estado que se formó fue en Sumer, en el sur de Irán e Irak, entre los años 3.500 y 3200 a.C., probablemente debido al sedentarismo que imponía la falta de caza y el cultivo de gramíneas silvestres como el trigo y la cebada. Estos primeros pueblos neolíticos estaban preocupados por la amenaza de ataques de extraños como atestiguan las murallas que suelen rodear estos asentamientos y para ello crearon sus ejércitos de defensa. Pero cuanto más grandes se hacían aumentaba también su capacidad para someter a otros pueblos y nacieron los grandes imperios: babilonio, asirio, persa, griego... Termina HARRIS con estas palabras: “Nuestra especie había creado y montado una bestia salvaje que devoraba continentes. ¿Seremos alguna vez capaces de domar esta creación...?”.no
