Platón
De Rafaelrobles
Contexto histórico
La matemática griega florece con Teodoro y Teéteto
La oratoria y retórica griegas florecen con Isócrates, Demóstenes y Esquines
338 Segunda batalla de Queronea. Acaba con la independencia de las ciudades-Estado griegas, en adelante bajo el imperio macedónico.
336 Alejandro sucede a Filipo de Macedonia
Notas básicas
Alegoría de la caverna. Mundo sensible (mutable, devenir, copias imperfectas) vs mundo ideal (inmutable, trancendente, inmaterial, intemporal).
Saber sensible (doxa-opinión) vs saber inteligible (episteme-saber verdadero).
Idealismo dialéctico: las ideas producen relaciones entre ellas, que forman una estructura compleja y jerárquica y que es imposible pensar y conocer verdaderamente una idea si no se comprende el conjunto relacional en el cual se inscribe. La separación absoluta de las ideas conduce al absurdo (en contra de Parménides. En El sofista Platón "mata" a Parménides).
En la cima de la jerarquía de las ideas, que el espíritu es invitado a recorrer dialécticamente, se encuentra la idea suprema del Bien.
Para pensar en la idea de Bien no se requiere ninguna otra idea más original ni más final. El Bien solo extrae de sí mismo su sentido, encuentra su sentido en sí mismo, y no necesita justificación ni inteligilibidad suplementaria alguna. Es como la clave de bóveda del conjunto de la jerarquía de las ideas, cuya cohesión y sentido último asegura.
En la estructuración semántica de la lengua es donde la significación -la idea- se da a conocer a la conciencia, logoteoréticamente. (De "logos": lenguaje, pensamiento, razón y "theoría": visión, contemplación)
El trabajo filosófico no se reconoce como trabajo verbal. Se da como "pensamiento" y se declara independiente del lenguaje, que sólo sería útil a la expresión y a la comunicación.
Expón la filosofía de Platón (PAAU)
(Tomado del modelo de respuesta de la Universidad de Castilla-La Mancha).
Platón quería ser un reformador político y pensaba que gobernar bien era un asunto de saber. Si en política gobiernan los más fuertes, los más ricos o los más demagogos, no hay manera de hacer un sistema de gobierno justo. Él pensaba que se puede saber en política, que se puede hacer ciencia en política (y en todo), pues Sócrates le había enseñado que se puede llegar a hacer definiciones de la valentía o de la justicia que valen para todos y todos aceptarían.
Además, los pitagóricos le habían enseñando que en matemáticas también hay ciencia, un conocimiento exacto, válido para todos e inmutable. Por tanto, su punto de partida es que podemos hacer afirmaciones que son verdaderas para todos y que siempre serán verdaderas. Ahora bien, si en el mundo material en el que vivimos todas las cosas están en continuo cambio, de ellas no podemos hacer ciencia, es decir, verdades eternas inmutables, por lo que del mundo material sólo tenemos opiniones cambiantes. Entonces, ¿a qué mundo se refieren nuestras verdades eternas? Tiene que haber otro mundo donde los seres sean perfectos e inmutables. A los seres de ese mundo Platón les llamó “ideas”. Para explicar esto Platón inventa el maravilloso relato de la caverna; en él se ve cómo la mayoría de la gente cree que lo único que existe es el mundo material y dedica toda su vida a acumular riqueza y placeres, que no son más que meras sombras, copias malísimas de la auténtica realidad, las ideas. Para Platón la vida ética y la felicidad consisten en conocer la ideas y en renunciar a creer que los sentidos son los que nos enseñan la verdad de las cosas, así como en dedicar la vida a la auténtica sabiduría que nos proporciona el intelecto; vivir consiste en desatarse del mundo material, dejar las preocupaciones materiales, y trabajar por y para el conocimiento de las ideas; hacer una política justa consiste en saber qué es la idea de justicia para luego aplicarla en el mundo sensible en que vivimos. Cuando muramos, nuestro cuerpo se deshará, pero nuestra alma irá a la región eterna de las ideas que es su auténtico lugar y no este mundo material.
En la sociedad hay tres tipos de personas: los que destacan por su sabiduría, los que por su fortaleza y los que por sus apetitos. Un estado estará bien gobernado si los que mandan no son los fuertes (los militares) o los que buscan los placeres y el dinero (los ricos), sino los sabios, los filósofos. Cada grupo social tiene su función y su virtud. Los filósofos deben ser sabios y deben gobernar. Sólo los que conocen la idea de justicia o la idea estado pueden gobernar. Los fuertes deben ser los guardianes de la ciudad y su ejército; los que se guían principalmente por sus apetitos deben ser comerciantes, labradores, artesanos...; deben dedicarse a producir riqueza y vivir de ella. Parte de esta riqueza tiene que ser utilizada para el mantenimiento de los filósofos y los guardianes, pues Platón, como pensaba que la riqueza era la causa de toda la corrupción política, había afirmado que ni filósofos ni guardianes podrían tener propiedad de nada; así no tendrían tentaciones de robar nada del Estado. Las principales virtudes de la política son: la sabiduría, en los gobernantes; la fortaleza, en los guardianes, la templanza, en el resto de la sociedad y, por último, la armonía entre las tres clases, armonía que Platón llamaba “justicia”, es decir, que cada uno desempeñe bien su propio trabajo y coopere con las otras clases por el bien de la ciudad. La principal tarea del estado sería una educación que separase a los hombres según el alma que predomina en ellos y que les educase a cada uno para ajustarse a su función. Así la vida política y social sería justa y no volverían a suceder cosas tan lamentables como la muerte de Sócrates.
Textos
Aristóteles, Ética Nicomáquea
Lee el siguiente fragmento a la luz del conocido proverbio "Amicus Plato, sed magis amica veritas":
Además, no es fácil ver qué provecho sacarán para su arte el tejedor o el carpintero de conocer el Bien en sí, o cómo podría ser mejor médico o mejor general el que haya contemplado esta idea. Es evidente que el médico no considerará así la salud, sino la salud del hombre, o, más bien aún, la de este hombre, ya que cura a cada individuo.
Libro I, apartado 6 "Refutación de la idea platónica del Bien" I 1097a, Gredos, Barcelona.
Gadamer, Elogio de la teoría
Platón ofreció una respuesta monumental a través de su Estados ideal concebido por completo en su cabeza, y en especial a través de la conocida parábola de la caverna. Según ésta, los empíricos y los pragmáticos viven en un mundo de sombras, que proyecta un fuego a sus espaldas, al que toman por el mundo real, y deben volverse, por ello, con violencia -la violencia del pensamiento-, liberados de sus cadenas, hacia la luz del día, y hacerse necesario de este modo el sol real. allí experimentan en primer lugar, claro está, un deslumbramiento más largo hasta que se han acostumbrado a la claridad y contemplan el mundo verdadero: el mundo de los pensamientos perdurables. Si entonces, sin embargo, se les hace necesario regresar a la caverna -a causa de su deber ciudadano, por ejemplo-, de nuevo son deslumbrados -en verdad sólo un breve momento-, y no pueden prever la continuación de las cosas tan bien como los acostumbrados a la oscuridad de la caverna. Por eso se tiene allí por absolutamente inútil y dañina la subida al conocimiento: así explica Platón el descrédito de la teoría a los ojos de la política.
Península, Barcelona, 1993, p 25
Gilbert Ryle, “Plato”
Una idea o concepto general, según Platón, es inmutable, atemporal, es una unidad de la que hay una pluralidad, es aprehensible intelectualmente y susceptible de definición exacta al término de un razonamiento puro porque es una entidad o cosa real existente independientemente. Así como nuestro mundo cotidiano contiene personas, árboles, piedras, plantas, tormentas y cosechas, así también un segundo mundo superior y transcendente contiene objetos conceptuales. Así como “Sócrates” y “Peloponeso” nombran objetos perceptibles aquí, así también “justicia”, “igualdad”, “unidad” y “semejanza” nombran objetos aprehensibles intelectualmente (1) allí. Además, así como la mente o alma humana entra en contacto, aunque sólo en un contacto superficial e imperfecto, con las cosas y los sucesos ordinarios de este mundo a través de la vista, el oído, el tacto, etc., así también la mente o alma humanas pueden entrar en contacto no sensible con los objetos ideales y eternos del mundo transcendente.
(...) Una consideración que ciertamente movió a Platón a desarrollar su ontología de las Formas fue que la geometría y la aritmética eran ciertamente ciencias y ciencias cuyas certezas eran superiores a las de los científicos naturales. La geometría y la aritmética eran ciencias de la línea, el ángulo, el área, el número y la proporción, etc., con abstracción de sus aproximaciones más o menos toscas e inestables en nuestros diagramas a lápiz y en los objetos manipulables … Los objetos de los que es una ciencia la geometría son, de modo esencial, objetos generales … exentos de las imprecisiones y las inestabilidades que son propias de las cosas y sucesos del mundo cotidiano.
Otra consideración que influyó en Platón fue que en la disputa dialéctica el que pregunta y el que responde se ocupan de nociones o conceptos generales como los de justicia, amistad, belleza, unidad, pluralidad, identidad, placer, etc. Aquí también, como sucede de modo diferente en las matemáticas, se establecen con certeza verdades abstractas por puro raciocinio. Las conclusiones del argumento dialéctico parecen ser por consiguiente conclusiones científicas … Pero si la dialéctica es, de este modo, también una ciencia, parece entonces que … los objetos de los que se ocupa el dialéctico –a saber, los objetos abstractos- deben ser también cosas que están en el mundo real, aunque su mundo real es un mundo transcendente de entidades atemporales y puramente inteligibles.
(1) Es decir, objetos inteligibles, comprensibles por medio del entendimiento, y no a través de los sentidos.
En P. Edwards (ed.), The Encyclopedia of Philosophy, Londres: Macmillan, 1967 Vía
Giovanni Sartori, El empobrecimiento de la capacidad de entender
El Homo sapiens –volvamos a él- debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción. Sabemos que las palabras que articulan el lenguaje humano son símbolos que evocan también “representaciones” y, por tanto, llevan a la mente figuras, imágenes de cosas visibles y que hemos visto. Pero esto sucede sólo con los nombres propios y con “las palabras concretas” (lo digo de este modo para que la expresión sea más simple), es decir, palabras como casa”, ”cama”, ”mesa”, ”carne”, ”automóvil”, ”gato”, ”mujer”, etcétera, nuestro vocabulario de orden práctico.
De otro modo, casi todo nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico consiste en palabras abstractas que no tienen ningún correlato en cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar a imágenes. “Ciudad” es todavía algo que podemos ver; pero no nos es posible ver “nación”, “Estado”, “soberanía”, “representación”, “burocracia”, etcétera.; son conceptos abstractos elaborados por procesos mentales de abstracción que están construidos por nuestra mente como entidades. Los conceptos de justicia, legitimidad, legalidad, libertad, igualdad, derecho (y derechos) son asimismo abstracciones no visibles. Y aún hay más: palabras como “paro”, “inteligencia”, “felicidad” son también palabras abstractas. Y toda nuestra capacidad de administrar la realidad política, social y económica en la que vivimos, y a la que se somete la naturaleza del hombre, se fundamenta exclusivamente en un pensamiento conceptual que representa –para el ojo desnudo- entidades invisibles e inexistentes. Los llamados primitivos son tales porque –fábulas aparte- en su lenguaje destacan palabras concretas: lo cual garantiza la comunicación, pero escasa capacidad científico-cognoscitiva. Y de hecho, durante milenios los primitivos no se movieron de sus pequeñas aldeas y organizaciones tribales. Por el contrario, los pueblos se consideran avanzados porque han adquirido un lenguaje abstracto –que es además un lenguaje construido en la lógica- qu permite el conocimiento analítico-científico. Algunas palabras abstractas –algunas, no todas- son en cierto modo traducibles en imágenes, pero se trata siempre de traducciones que sólo son un sucedáneo infiel y empobrecido del concepto que intentan “visibilizar”. Por ejemplo, el desempleo se traduce en la imagen del desempleado; la felicidad en la fotografía de un rostro que expresa alegría; la libertad nos remite a una persona que sale de la cárcel. Incluso podemos ilustrar la palabra igualdad mostrando dos pelotas de billar y diciendo: “he aquí dos objetos iguales”; o bien representar la palabra “inteligencia” mediante la imagen de un cerebro. Sin embargo, todo ello son sólo distorsiones de de esos conceptos en cuestión; y las posibles traducciones que he sugerido no traducen prácticamente nada. La imagen de un hombre sin trabajo no nos lleva a comprender en modo alguno la causa del desempleo y cómo resolverlo. De igual manera, el hecho de mostrar a un detenido que abandona la cárcel no nos explica la libertad, al igual que la figura de un pobre no nos explica la pobreza, ni la imagen de un enfermo nos hace entender qué s la enfermedad. Así pues, en síntesis, todo el saber del Homo sapiens se desarrolla en la esfera de un mundus intelligibilis [mundo inteligible] (de conceptos y de concepciones mentales, abstractas) que no es en modo alguno el mundus sensibilis, el mundo percibido por nuestros sentidos.
Y la cuestión es ésta: la televisión invierte la evolución de los sensible en inteligible y lo convierte en el ictu oculi, en un regreso al puro y simple acto de ver. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de ese modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender.
Fragmento de Homo videns' Vía.
Nozick, "¿Por qué se oponen los intelectuales al capitalismo?"
Se han propuesto distintas explicaciones a la oposición de los intelectuales al capitalismo. Una de ellas, apoyada por los neo-conservadores, se centra en los intereses de grupo de los intelectuales. Aunque les va económicamente bien bajo el capitalismo, les iría aún mejor, según piensan, en una sociedad socialista en la que su poder sería superior. En una sociedad de mercado no hay concentración centralizada del poder y si alguien tiene poder, o parece tenerlo, es el empresario y hombre de negocios triunfador. Las recompensas de riqueza material son ciertamente suyas. En una sociedad socialista, sin embargo, serían los intelectuales forjadores de palabras los que nutrirían las burocracias gubernamentales, quienes marcarían la política a seguir y supervisarían la ejecución de la misma. Una sociedad socialista, piensan los intelectuales, es aquella en la que ellos gobernarían -idea que les resulta atractiva- lo cual no es ninguna sorpresa. (Recordemos que Platón, en la República, define la sociedad ideal como aquella en la que gobiernan los filósofos.)
En Ilustración liberal, nº 13-14.
Platón, Alegoría de la caverna
Wislawa Szymborska Platón o el porqué
Mapas conceptuales
Amplíe el mapa en Filosofía de Platón Profesor Rafael Robles.
El libro VII de la República de Platón. Profesor Delfín Mezquita
Recursos
Presentaciones
Platón. Pensamiento y mitos. Profesora Conchi Pérez.
Presentación: Texto de Platón en la PAAU
Apuntes de otros profesores
Platón Ministerio de educación.
Platon. Profesor Miguel Santaolalla.
Artículos
Platón: Político. Comentarios personales del profesor Eugenio Sánchez Bravo, así como textos de Político, un fragmento de la película "Blade Runner" que hace alusión al texto y un cuestionario de 20 preguntas
Vídeos
La aventura del pensamiento. Platón 2. Fernado Savater.
Un acercamiento humorístico a la filosofía platónica
Música
Louis Andriessen, De staat (La república, 1972)
Actividades
Platón. Un mundo perfecto e inmutable Filex
Verdadero/falso. Profesor José María Calvo.
La alegoría de la caverna en Second Life
Pruebas de acceso a la Universidad
Platón en la PAAU: Platón, La República, Libro VII, 517a-d, en PLATÓN, Diálogos IV. La República, trd. de Conrado Eggers, Madrid, Gredos, 1986, p. 342.
Para contextualizar este fragmento: Alegoría de la caverna. Capítulo completo: Platón. República VII
Bibliografía
Hottois, "Introducción a modo de referencia". 3. Platón: La institución de la naturaleza idealista y dialéctica de la filosofía" en Historia de la Filosofía. Del renacimiento a la posmodernidad, Cátedra, Madrid, 2001, pp 18-24.

