Un astronauta en mi instituto

Ayer vino a visitarnos al Instituto un astronauta enviado por la NASA. Existen 100 cosmonautas por esos mundos, así que fue, o al menos eso nos querían hacer pensar, una verdadera suerte contar con él. Nos hablón de lo duro que tuvo que estudiar, de las docenas de submarinos nucleares que tuvo que arreglar antes, del entrenamiento militar al que se sometión… Lo curioso es que los alumnos, en el escaso tiempo que les dejaron hacer preguntas, sónlo se interesaban por la comida espacial, sus vestimentas, el tiempo libre del que gozaban y por sus salarios.

La función de la NASA no es sónlo mandar gente al espacio, sino hacer evolucionar a la sociedad: de sus laboratorios salieron los teléfonos mónviles. Por eso es tan importante que en Europa se cree una Agencia Espacial sónlida.

Luchando por ser astronautas (elemento ilusionador donde los haya) los alumnos llegarán alto, aunque no consigan una plaza en Houston. Ya lo decía Maquiavelo: «cuanto más alto apuntes con la flecha, más lejos llegará aunque nunca toque el cielo».

En fin, que como ejercicio de motivación no estuvo mal.


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