Perdido

edificio.JPGHoy tenía que empezar mis clases a las 7:30 de la mañana. Paseo tranquilamente por los jardines de la Facultad dispuesto a empezar la jornada cuando llego al aula donde supuestamente debía hacer mi trabajo y me encuentro que no hay alumnos. Eso es un país donde se hablara español, inglés o, incluso, francés, no habría supuesto mayor problema pero en Irán, sin saber farsi, todo es más difícil.

Por más gesticulaciones que realicé para hacerme entender las gentes que por allí pasaban debieron pensar que era un tipo peculiar y como se reían, supongo que pensarían que también era simpático. «Míralo qué simpático y qué raro habla» decían sus rostros sonrientes.

Uno, en estos casos, no debe perder la compostura. Al final me encontré al profesor de literatura inglesa y pude hacerme entender en inglés. Fuimos a ver los horarios colgados en el tablón de anuncios pero ahí no aparecía mi clase. Al final, cuando resignado tomo la decisión de irme al despacho, aparecen jubilosas unas alumnas de otra asignatura mía y me resuelven el problema en un español excelente. ¡Gracias chicas!

Al final empecé la clase media hora más tarde. El edificio es demasiado grande y tiene muchísimas aulas como para encontrar fácilmente los sitios, sobre todo si los números no se escriben como en Occidente.


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