El hereje

La lectura de El hereje de Miguel Delibes (editorial Destino, Barcelona, 2004) en Teherán me ha producido cierta desazón. Hay un ejemplar en la biblioteca de la Universidad, por lo que recomiendo a los estudiantes que lo lean cuando puedan. Les dejo con algunas citas que no han dejado de tener actualidad, a pesar de que la historia se ambiente a inicios de la Edad Moderna:

Hace tiempo que no entran libros en España. El Santo Oficio acentúa su vigilancia. En este momento está revisando el Índice de libros prohibidos. Leer esos libros, venderlos o difundirlos constituyen de por sí graves delitos (p 19).

El creyente viene obligado a ser devoto. El mundo es un valle de lágrimas y debemos acomodar la vida a una idea religiosa y a una actitud de servicio (p 33).

Primero se deshizo de los papeles que se consumían rápidamente, después de caracolear unos segundos entre las llamas; luego de los opúsculos, de los papeles de mayor entidad y, finalmente, de las carpetas y de los libros, uno a uno, pacientemente, sin prisas. Algunos tenían encuadernaciones duras, de piel o de tela, con cantoneras para darles firmeza, y los restos tardaban en arder. A medida que iban desapareciendo las pilas de papeles y las hileras de libros de los estantes, Cipriano se sentía liberado de un peso como después de una confesión. (p 398).

Pero cuando la tensión aumentó, Cipriano sintió un dolor agudísimo en axilas e ingles. Era como si una fuerza abrumadora, lenta y creciente, intentara sacar las apófisis de los huesos de sus respectivas cavidades, un descoyuntamiento. (p 443).

Mas las llamas consumieron antes sus ligaduras que su cuerpo y Juan Sánchez, al sentirse libre, se agarró al palo y trepó por él, con agilidad de mono, gritando a voz en cuello y pidiendo misericordia. La muchedumbre aplaudía y reía ante su actitud simiesca. (p 492).


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