Nueva ley

Se suele decir que «hecha la ley hecha la trampa», y eso es exactamente lo que sucedió cuando el gobierno de los clérigos de Irán, tras dos años en que permitían a las mujeres ir por las calles sin velos, impusieron su código de vestimenta basada en la ocultación del atractivo físico de las féminas. Desde entonces las mujeres salían a la calle tapadísimas, pero eso no aplacó el ingenio de algunas: si había que llevar manto, lo llevaban ceñidísimo para marcar silueta, si era obligatorio tener velo lo ponían de vivos colores y del tamaño mínimo, entremezclado con teñidos pelos.

Sin embargo, todo ese juego, que se agudizó con el gobierno de Jatami, se acabará mañana, día en que entra en vigor una ley que dice que no se podrá salir entallada a la calle, ni llevar pantalones vaqueros que no lleguen hasta los pies, ni mostrar alegremente el pelamen, ni salir sin calcetines.

La ley entra en vigor justo cuando empieza a hacer más calor. Los taxistas que dejen entrar en su taxi a mujeres «mal vestidas» tendrán problemas. Las mujeres que no cumplan con esta ley sufrirán penas como la de ir a la cárcel durante dos meses o pagar multas de 50 euros.

Me dicen un par de estudiantes varones que eso es bueno porque ayuda a evitar la corrupción social y a prevenir los modelos occidentales, tan admirados por los jóvenes, que nada tiene que ver con Persia y que lo único que hace es socavar su ancestral cultura.

Como estas cosas nunca vienen solas, la nueva ley dice que no se andará con contemplaciones con aquellos hombres que lleven los pelos mal puestos ni con las personas que paseen a sus perros por la calle (de hecho jamás he visto un perro en Irán).

ACTUALIZACIÓN 24 abril de 2006

Hoy el presidente ha pedido a la policía que haga la vista gorda con las mujeres que no cumplan con esta nueva normativa. Ya saben ustedes. Sin embargo, existe un cuerpo policial exclusivamente femenino que se dedica a aconsejar a las mujeres mal vestidas con una sonrisa y en plan «buen rollete». En la foto una mujer de este cuerpo afea la conducta a otra que va enseñando sus tobillos.