Materia extraña

Cuando hoy he leído el reportaje «En busca de la partícula de Dios» del último número (marzo) de la revista «National Geographic» no he podido menos que sentirme parte, salvando las distancias, de dicha búsqueda. Al final de dicho artículo dice el premio Nobel de Física George Smooth que «cada día que va a trabajar está apostando a que el universo es simple, simétrico y estéticamente placentero: un universo que los humanos, con nuestra limitada perspectiva, entenderemos algún día». (p 87) .

Al parecer a Dios hay que buscarle en el CERN, el conocido Centro europeo de investigación nuclear. No solo la revista geográfica invita a rezar, more scientifico, en medio de aceleradores de partículas y altivos y brillantes sacerdotes de «la cosa nuclear», también el ínclito y amigo Juan José Gómez Cadenas, investigador del CERN durante 8 años, llega a una conclusión parecida en su excelente libro Materia extraña:  «¿Había algo más extraño en todo el maravilloso universo que esa galaxia interior, esa materia consciente de la que estaba hecha? Extraña materia. Materia humana.» (p 430).

«Rafael Robles», supuesto alter ego «metayoico», es el nombre de un personaje de la novela de Gómez Cadenas que busca a Dios (y den a este término amplitud semántica) en medio de partículas subatómicas y tramas diplomáticas internacionales. Agradezco a Juan José su deferencia para conmigo, aunque algunos ya me han acusado de vanidad por prestarme a estos juegos literarios (como me dijo el escritor: «la literatura tiene de bueno que además de otras muchas cosas serias y temibles, es un juego de chiquillos»).

Soslayando lo del personaje (se merece un análisis extenso, casi diría un «auto-psicoanálisis» a la luz del personaje que tan bien ha diseñado el escritor valenciano) esta obra es recomendable por cuatro razones: porque hace pensar, porque da una visión del mundo que está por llegar pero que ya entrevemos, porque la intriga y la política ficción placen al intelecto y porque Bach rezuma las páginas de este libro (yo no sabía, hasta ahora, que la música de Bach se podía leer más allá de los pentagramas).

Mi amigo Juan José tiene una obsesión bachiana por la simetría, que refleja en este libro: nada es gratuito y los círculos se cierran, a pesar del enorme agujero negro, metafórico, con que nos conmociona al final. Como él dice es una marca del físico, pero también del lector temprano de Borges y del muchacho imberbe que tropieza con Bach. Me consta que le apasiona Leonard Cohen lo cual también refleja en su libro aunque sea su subconsciente el que hable: el amor, la metamúsica y la tristeza son los temas de fondo de este libro, como en las canciones del cantante canadiense. También planea por la obra una readaptación postmoderna del mito persa de Rostam y Sohrab.

Hay mucho de cinematográfico a lo largo de toda la obra. No me extrañaría que acabaran haciendo la película, aunque al pasar el contenido al celuloide se perderían innumerables reflexiones y descripciones como la de la boda, basada en este vídeo que grabé en su momento:

-Metáforas, Robles aga.

Metáforas. Todo el mundo en la boda estaba pendiente de la hermana pequeña de la novia. Era una niña de unos diez o doce años vestida con un traje de seda rosa que dejaba desnudos sus bonitos brazos, con una diadema de perlas ciñendo el largo cabello moreno. Llevaba en la mano un cuchillo, cuyo propósito, a todas luces, era partir la tarta frente a la que aguardaban Arash y Nasim. Sin previo aviso la música cambió a un ritmo insinuante, punteado por las guitarras de tres y cutro cuerdas. Las caderas de la muchacha comenzaron a moverse, rítmicas, sensuales, mientras los brazos se alzaban sobre la cabeza, manejando el cuchillo como si fuera un pañuelo, evolucionando a lo largo de la sala, acercándose poco a poco donde la esperaban los novios. (p 363).    

Les dejo con un par de alusiones personales (perdonen la vanidad):

En cierto sentido había sido una fortuna verse obligado a dedicarle al imaginario Rafael Robles, profesor universitario de literatura, residente en una ciudad de provincias, empedernido turista, internauta y gran aficionado a la cultura persa, todo el tiempo libre que le dejaban sus maratonianas jornadas de trabajo, poniendo a punto el detector de neutrones. (p 257)

-Ya sé que su rey no es un tirano como el sha, Robles aga. ¿Pero no preferirían una república? ¡La monarquía es un anacronismo del pasado! (p 273).

Héctor Espinosa no hubiera caído jamás en la cuenta, pero Rafael Robles era un hombre letrado y recordaba los pasajes de la Comedia en los que Virgilio acompañaba a Dante en su descenso a los infiernos. Excepto que su viaje era en dirección contraria y el único poeta que recordaba en ese momento era Hafiz. Hafiz, guiando sus pies, ayudándole a ascender al cielo. (p 338).

[techtags: materia extraña, Gómez Cadenas, Espasa, literatura, novela, thriller científico, boda]


Comentarios

3 respuestas a «Materia extraña»

  1. ¡Estoy pendiente de tener un momento para comprar la novela!
    Me encanta la ficción científica… y podré conocer mejor (seguro) a uno de mis blogfesores favoritos.

  2. Hola Javier, como profesor de ciencias que eres seguro que te interesa. Ya me dirás qué te pareció y se lo transmitiré al escritor.

  3. Si, creo que puede ser muy intersante la lectura de este libro,. al igual que Javier me gusta la ficción científica,. eso si si no me pierdo en muchos datos.

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