Jean Paul Sartre se bajó los pantalones en Praga

Cuenta la anécdota Fernando Savater en su libro La aventura de pensar (Debate, 2008, p 291):

Como dice Illios Yannakakis, antiguo comunista griego exiliado por entonces en Checoslovaquia y de quien tomo esta anécdota, «1968 comenzó sin duda en aquel 1963». Para corroborar la apertura democratizadora del momento, se anuncia una conferencia de Sartre en el gran anfiteatro de la Universidad Carlos, aprovechando su visita oficial con Simone de Beauvoir a Praga. ¿Qué más se puede pedir? Desde mucho antes de la hora señalada para el acto, el anfiteatro, los pasillos y hasta el vestíbulo de la facultad rebosan de jóvenes enfervorizados que vienen a escuchar la voz emancipadora del maestro. Sartre comienza su conferencia en medio de una emocionada expectación, que poco a poco se va viendo ensombrecida por un profundo desencanto: allí, ante los estudiantes ávidos de consignas liberadoras y ante los escritores checos recién desamordazados que le admiran por lo que es y por lo que significa, Sartre entona un lúgrube canto, mil veces escuchado por boca de los encargados de la propaganda oficial, al realismo socialista como «porvenir de la literatura» y al papel del intelectual comprometido en la lucha contra el imperialismo. Fue el final de la influencia de Sartre en Checoslovaquia, al menos entre los jóvenes. Según cuenta Yannakakis: «Se ha bajado los pantalones ante las autoridades…». Y los jóvenes se vuelven hacia Kafka y hacia Camus, como luego hacia Foucault, hacia la generación beat americana, el surrealismo, el happening alemán, etcétera… «Sartre -concluye Yannakakis-perdió el tren de la historia aquí mismo, en Praga.

Todo lo que huela a comunismo en la República Checa resulta pestilente para el pueblo. Ya lo percibió el Che Guevara, tres años después que Sartre, cuando vivió los seis primeros meses de 1966 en Praga recién finalizadas sus guerrillas en el Congo.


Comentarios

Una respuesta a «Jean Paul Sartre se bajó los pantalones en Praga»

  1. Algo parecido le pasa a los cubanos… Es el problema de los ideales, que están hechos para no llegar a realizarse nunca del todo. Cuando lo «logran», en un sistema cerrado y definitivo como el soviético, acaban convirtiéndose en una caricatura de sí mismos, en algo mezquino y asfixiante…

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