El constitucionalismo de los derechos


Las personas que atacan a la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos son generalmente dogmáticas, poco reflexivas y con un componente de irracionalidad que da mucho miedo puesto que suponen una grave amenaza para la convivencia democrática. Es por ello que encontrarme con el libro El constitucionalismo de los derechos. Ensayos de filosofía jurídica, publicado recientemente por Trotta y escrito por el catedrático de Filosofía del Derecho Luis Prieto Sanchís, supone una gran sorpresa intelectual porque me sirve para constatar que no todos los que están en «el lado oscuro» aportan argumentos arbitrarios que obedezcan a fines espurios.

Mis palabras vienen a cuento del interesante capítulo titulado «El principio de laicidad del Estado» en el que Prieto Sanchís critica la asignatura con serenidad y con argumentos sólidos. La crítica de EpC se deriva de su defensa del laicismo del Estado, de este modo:

Esta disciplina presenta un expreso propósito catequético o de formación moral: «conocer, asumir y valorar positivamente», «crear un sistema de valores», «aceptar y practicar las normas» (…) Esto es, ni más ni menos, una escuela con ideario (…) su objetivo no es el conocimiento, sino el comportamiento, la virtud y no la verdad. (…) La ruptura de la neutralidad reside en el mero propósito adoctrinador, con independencia de que sea aquello que en cada caso concreto se adoctrine (…) El objetivo de la escuela público ha de ser en enseñar la verdad y no también la virtud. (pp. 262-263 y 265)

Sin embargo, admirando su calidad argumental, no queda clara la refutación de la objeción que él mismo plantea:

Que en las aulas se enseñen los rudimentos de la organización política, los derechos humanos, las reglas de la democracia, los problemas del orden internacional o las principales corrientes del pensamiento no solo no está mal, sino que parece indispensable. (p. 265)

En ningún momento los profesores que hemos impartido EpC  consideramos propagar virtudes o convertirnos en sacerdotes-laicos. Pensar, como afirma Sanchís, que esta asignatura sirve para propagar la virtud implica no comprender el sentido de esta asignatura; con su argumentario también habría que prohibir la matemática y el resto de asignaturas porque en sus respectivos decretos de currículo también aparecen expresiones como «conocer, asumir y valorar positivamente», «crear un sistema de valores» y «aceptar y practicar las normas». Precisamente un Estado laico, que el autor defiende, debe informar a sus ciudadanos de las claves para mantener esa laicidad, ajena a todo proselitismo de la virtud; el profesor informa y facilita el pensamiento, después el alumno -junto a su familia- decide. No exagero cuando afirmo que EpC es la asignatura más importante de la Educación Secundaria.

Un segundo capítulo brillante es el titulado «Algunos desafíos al constitucionalismo de los derechos: globalización y multiculturalidad», en el que llama la atención la alusión a la reconversión del viejo derecho de asilo, al que uno se podría acoger no solo, como viene siendo tradicional, por «razones de persecución religiosa, política o étnica, sino también por motivos económicos» (p. 238). ¡Las decenas de miles de emigrantes españoles arruinados  que hoy pueblan el planeta quizá puedan algún día acogerse al derecho de asilo porque España les maltrata económicamente!

El tercer capítulo que más me ha entusiasmado es el titulado «Libertad y objeción de conciencia». Aquí el autor diferencia entre «desobediencia revolucionaria» y «desobediencia civil» para disertar sobre el concepto de «objeción de conciencia» con pensamientos certeros como cuando afirma que «en principio casi cualquier conducta puede aparecer como una exteriorización de la propia ideología o religión» (p. 288) con las consiguientes consecuencias para considerarse «objetor de conciencia».

El resto de capítulos también despiertan un gran interés. En ellos el lector se encuentra sumergido tanto en lo abstracto de la metateoría del derecho como en lo concreto de los problemas y dilemas ético-sociales que el autor analiza desde su privilegiada posición de experto conocedor de la filosofía del derecho y del constitucionalismo. Se trata, sin duda, de un libro a tener en cuenta en estos momentos en los que se habla de reforma constitucional y educativa, en definitiva, en la actual coyuntura crítica que, agarrándose a cualquier excusa y con fines a veces turbios, desea transformar el modelo de ciudadanía. Les dejo con los descriptivos títulos de los capítulos:

I. Neoconstitucionalismos. Un catálogo de problemas y argumentos.

II. Garantismo y constitucionalismo.

III. Sobre las relaciones entre el derecho y la moral: una crítica del constitucionalismo crítico.

IV. Sobre la objetividad en la interpretación de los conceptos morales de la constitución.

V. Supremacía, rigidez y garantía de la Constitución.

VI. Técnica y política de la codificación.

VII. Una incursión en las fuentes: sobre las declaraciones de derechos y los nuevos estatutos de autonomía.

FICHA

Colección: Estructuras y Procesos. Derecho

ISBN: 978-84-9879-358-1
Año de edición: 2013
Número de edición: 1
Dimensiones: 14 x 23 cm
Número de páginas: 358
Encuadernación: Rústica