Kant y Sofía van al cine


No me gusta el cine para entretenerme porque el término «entre-tener» alude a escabullirse de la vida durante un rato. Amo el cine porque ayuda a ser más feliz, mejor profesor y, sobre todo, porque orienta en el difícil y sinuoso camino que conduce a ser mejor persona. Para intentar alcanzar estos tres propósitos es preciso acercarse a las películas de la misma forma en que Sócrates trataba a sus interlocutores en las plazas: interpelando, preguntando, dialogando y criticando. Es así que cuando me sumerjo en una película trato de entablar una conversación ácrona y atópica con el director y el guionista, diálogo nada sencillo que en el fondo supone hablar con uno mismo; el necesario pero complicado diálogo interior es facilitado por extraordinarios libros como  Kant y Sofía van al cine, de José Manuel Campillo, a quien estoy agradecido por enseñarme a mirar en la pantalla más allá de lo evidente.

A continuación muestro algunos fragmentos del libro acompañados de escenas de las películas que son referidas por el escritor:

Solo ante el peligro


Porque Kane no busca subterfugios en su actuación, no busca satisfacer sus deseos o los de su mujer. Él solo busca una cosa: cumplir con su deber. Hacer aquello a lo que, de manera inexcusable, su conciencia le obliga. Y esto no es otra cosa que volver a la ciudad y ejercer de sheriff. El proceder de Kane nos va a servir de ejemplo para explicar la ética kantiana. Él es kantiano. (…) Kane considera que es su deber, su obligación, quedarse porque es lo que desearía que hiciera cualquier otro en su lugar. (p. 16 y 19)

El diálogo que se produce en la iglesia entre los parroquianos y el propio sheriff nos va a servir para explicar otra de las éticas que aparecen con claridad en la película. Una de formulación relativamente reciente. Es la ética comunicativa o dialógica (del discurso o del diálogo), formulada casi a la par por los filósofos Jürgen Habermas y Karl Otto Apel. (p. 22).

 

Madame De

Este film gravita sobre dos temas: el amor y el azar. Detengámonos un poco en este segundo para una mejor comprensión del primero. En todas las cuestiones terrenales, y el amor lo es, el azar desempeña un papel muy importante (…) (p. 35)

 

Vértigo

Esta es la señal que nuestro inconsciente coloca en los sueños cuando estos han ido demasiado lejos o cuando tenemos alguna necesidad física, o debemos despertarnos porque tenemos una cita, o… La caída es un mecanismo del sueño para indicarnos algo (…) (p. 51).

 

Lolita

La razón ha desaparecido de sus argumentos, aunque aparezca en su discurso. Solo la más disparatada razón puede formular tal petición; y lo curioso es que, en su situación, muchos actuarían igual. ¿Por qué? Quizá porque nuestro cerebro ni es un órgano tan perfecto, sino que como señala Gary Marcus en Kluge. La azarosa construcción de la mente humana, es un apaño evolutivo. Un conjunto de apaños improvisados por la evolución para resolver diversos problemas de adaptación. (p. 67).

 

El señor de las moscas

La importancia que las normas tienen en la cohesión y buen funcionamiento de la sociedad ha sido estudiado por Émile Durkheim. Para el filósofo francés, cuando la sociedad cumple las normas establecidas puede prosperar y asentarse como tal, pero si cae en una situación de anomia (ausencia de normas), se pierde la fuerza que los pueda unir o integrar. (…) Después de esta reunión, en la que se ha fijado un acuerdo de mínimos, vemos al grupo cooperando y velando por el buen funcionamiento de la sociedad creada. Todos cumplen con sus labores desde diferentes campos de actuación. Unos se encargan de explorar, otros de cazar, otros de hacer fuego y cuidar de que no se apague (…) (p. 75). (…) La frágil sociedad del principio se ha disuelto. Ya no queda nada que los una, excepto la idea de que deben ejercer su predominio sobre el otro grupo. (p. 84)

 

Blade Runner

Una paloma blanca emprende el vuelo, como también lo hace el corazón de Roy. Su nueva morada ha de ser aquella en la que la bondadosa humanidad descanse. Con su acto ha cruzado el umbral que separa el bien del mal. (p. 106)

 

La vida de los otros

El funcionario de la «Stasi» es una persona educada, discreta y respetuosa en el trato. Pero con un gran defecto: antepone el Estado al individuo. Para Gerd, el «socialismo», servir a su país, es lo más importante. Y cualquier cuestión ética que se le plentee en su labor queda subsumida por la desobediencia que le debe al todopoderoso y omnipresente estado. (p. 108).

 

El ilusionista

Lo que vemos, lo que oímos, sentimos y pensamos, se basa en lo que esperamos ver, oír, sentir y pensar. Asimismo, nuestras expectativas se basan en la totalidad de recuerdos y experiencias previas. (p. 123) (…) El misterio que envuelve a la magia tiene mucho que ver con la manera en la que el cerebro construye -y cae en el engaño de- las ilusiones. aunque las ilusiones no tienen por qué ser errores. Forman parte de la percepción y representan aspectos fundamentales de nuestro procesamiento visual y cognitivo. (p. 133).

 

La ola

El nazismo (también el fascismo) es un problema económico y político, pero su aceptación por parte de todo un pueblo ha de ser entendido sdobre una base psicológica» (p. 147) El hombre, por su espíritu gregario y por su necesidad de seguridad prefiere, a veces, entregar esa libertad que le provoca desazón a aguantar sobre sus espaldas su gravosa carga. (p. 149)

 

La red social

Facebook triunfa porque tiene los conectores (alumnos de la prestigiosa y conocida universidad de Harvard. Hay un momento en el que Mark le dice a Eduardo que está a punto de entrar en un club de élite: «Esos tíos conocen mucha gente, y necesito sus mails»), los «mavens» (Sean POarker) y los vendedores natos (el fondo al que se asocia para que la red crezca). Tiene el gancho (como dice la novia de Eduardo en un momento de la película: «Es guay». Su diseño, su estilo, gusta) y el contexto (crece en universidades -pequeñas hermandades de como máximo 150 miembros-). (p. 160).

 

Campillo dedica el penúltimo capítulo a una maratón de cine en el que comenta con más brevedad los aspectos filosóficos de La mujer del cuadro, Papillon, Érase una vez en América, El club de los poetas muertos y En el punto de mira. Además el último capítulo, titulado «Fotogramas», es un recorrido brevilocuente por El tesoro de Sierra Madre, Hannah y sus hermanas, El método Un buen hombre que despertarán en el lector las ganas de profundizar por sí mismo en la reflexión filosófica que esconden tan magníficas películas.

Por cierto, aparte de animarles a leer Kant y Sofía van al cine, no se pierdan las críticas cinematográficas de José Manuel Campillo en el periódico digital MiCiudadReal: «Silencio, ¡se rueda!«.