La cuestión del origen y fundamento de la sociedad y el poder. Del pensamiento político medieval a la teoría del contrato social según Thomas Hobbes, John Locke y Jean-Jacques Rousseau

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La cuestión del origen y fundamento de la sociedad y el poder

La cuestión del origen y fundamento de la sociedad y el poder ha sido objeto de reflexión y debate a lo largo de la historia de la filosofía y las ciencias sociales.

Desde una perspectiva filosófica, algunas corrientes han propuesto que la sociedad y el poder tienen un origen natural, basado en la naturaleza humana. Por ejemplo, el filósofo Thomas Hobbes argumentó que la sociedad surge como un contrato social entre los individuos para evitar el caos y la violencia en un estado de naturaleza. Según esta teoría, el poder se justifica en la necesidad de mantener el orden social y proteger a los individuos de la violencia.

Otras corrientes han enfatizado la importancia de la cultura y la historia en la formación de la sociedad y el poder. Por ejemplo, el filósofo Jean-Jacques Rousseau argumentó que la sociedad surge como resultado de la división del trabajo y la especialización, y que el poder es una construcción social que se justifica en función del bien común.

En cuanto a las ciencias sociales, diversas disciplinas han abordado el tema del origen y fundamento de la sociedad y el poder. La sociología, por ejemplo, ha analizado cómo los factores económicos, políticos, culturales y tecnológicos influyen en la formación de la sociedad y el poder. La ciencia política, por su parte, ha estudiado cómo se legitima el poder y cómo se ejerce en la práctica, analizando los sistemas políticos y las instituciones que lo sostienen.

En definitiva, la cuestión del origen y fundamento de la sociedad y el poder es compleja y multifacética, y ha sido abordada desde diversas perspectivas a lo largo de la historia.

Del pensamiento político medieval a la teoría del contrato social

El pensamiento político medieval se desarrolló en un contexto de fuerte influencia religiosa y teológica, y se centraba en la idea de que la sociedad estaba ordenada por la voluntad divina y que el poder político tenía una legitimidad divina. Los teólogos y filósofos medievales, como Santo Tomás de Aquino, se preocuparon por conciliar la autoridad del Estado con la autoridad de la Iglesia, y desarrollaron una teoría del derecho natural que establecía las bases para una sociedad justa y ordenada.

En la Edad Moderna, la teoría del contrato social se convirtió en una de las corrientes más influyentes del pensamiento político. La idea central de esta teoría es que el poder político deriva del consentimiento de los gobernados, y que los individuos acuerdan formar una sociedad y ceder parte de su libertad en beneficio del bien común. Esta teoría se desarrolló en un contexto de cambio social y político, en el que se cuestionaba la legitimidad del poder absoluto de los monarcas y se abogaba por la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones políticas.

Uno de los exponentes más destacados de la teoría del contrato social fue el filósofo inglés John Locke, quien sostenía que el poder político estaba limitado por la ley y que los individuos tenían derechos inalienables, como la vida, la libertad y la propiedad. Otro importante exponente fue el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, quien argumentaba que la sociedad debía estar basada en la voluntad general y que el poder político debía ser ejercido en beneficio de todos los ciudadanos.

En resumen, el paso del pensamiento político medieval a la teoría del contrato social representa un cambio importante en la forma en que se concebía la relación entre la sociedad y el poder político. De una visión basada en la legitimidad divina y la jerarquía social, se pasó a una visión basada en el consentimiento de los gobernados y la idea de que el poder político debía estar limitado por la ley y ejercido en beneficio de la sociedad en su conjunto.

Thomas Hobbes

Thomas Hobbes fue uno de los primeros filósofos en desarrollar una teoría del contrato social, que se convirtió en una de las corrientes más influyentes del pensamiento político moderno. Sin embargo, su teoría difiere de otras teorías del contrato social, como la de John Locke o la de Jean-Jacques Rousseau.

Según Hobbes, los seres humanos viven en un estado de naturaleza en el que predomina la guerra de todos contra todos, debido a que cada individuo tiene un deseo constante de poder y una inclinación hacia la competencia y el conflicto. Para escapar de este estado de guerra y asegurar su supervivencia, los individuos acuerdan ceder su libertad y su poder a un soberano, quien se convierte en el depositario del poder político.

Para Hobbes, el contrato social es un acuerdo tácito entre los individuos y el soberano, en el que los individuos renuncian a su libertad y a su derecho a ejercer la justicia por sí mismos, a cambio de la promesa de protección por parte del Estado. Según esta teoría, el poder del Estado es absoluto y no puede ser cuestionado o limitado por los ciudadanos.

En resumen, la teoría del contrato social de Hobbes se basa en la idea de que la sociedad surge como resultado de un acuerdo entre los individuos y el Estado, en el que los individuos ceden su poder y su libertad a cambio de protección y seguridad. Esta teoría se diferencia de otras teorías del contrato social, como la de Locke o la de Rousseau, en que el poder del Estado es absoluto y no puede ser limitado por los ciudadanos.

John Locke

La teoría del contrato social de John Locke es una de las más influyentes en el pensamiento político moderno y ha sido fundamental en la elaboración de las democracias liberales modernas.

Locke parte de la idea de que los seres humanos nacen con ciertos derechos naturales, como el derecho a la vida, la libertad y la propiedad, que deben ser protegidos por el Estado. Para garantizar la protección de estos derechos, los individuos acuerdan formar una sociedad civil mediante un contrato social en el que ceden parte de sus derechos y libertades a un gobierno limitado, con la condición de que este gobierno actúe en beneficio del bien común y de los intereses de los ciudadanos.

Según Locke, el poder político debe ser limitado y dividido en tres ramas: legislativa, ejecutiva y judicial, para evitar la concentración de poder en una sola persona o grupo. Además, los ciudadanos tienen el derecho y la responsabilidad de controlar al gobierno, a través de la participación en el proceso político y el derecho a la resistencia pacífica en caso de que el gobierno no cumpla con sus obligaciones.

Ética y política

John Locke se encuadra dentro de la ética utilitarista. Para él no hay leyes morales cuya obediencia producen el bien y cuya desobediencia producen el mal. Aunque provienen de Dios son racionales y coinciden con las leyes naturales. La moral puede ser demostrada igual que la matemática.

También racionalizó las tendencias políticas del partido Whig que llevó al trono a Guillermo de Orange (derrocando a Jacobo II).

La sociedad está fundada en un consentimiento libre y no es resultado de la guerra de "todos contra todos", como proponía el totalitario de Hobbes.

Derecho a la existencia y derecho a la propiedad.

Teoría del gobierno como gobierno representativo.

Es lícita la rebelión cuando el gobierno se convierte en una tiranía.

Primero en proponer la separación del poder ejecutivo (acompañado del judicial) del legislativo (añadía uno tercero llamado "federativo" que podía declarar la guerra y las alianzas). Luego Montesquieu divide en los tres conocidos poderes (aunque Aristóteles ya apuntaba a esta idea en Política, V, 11.

Influye en los economistas liberales. Para Locke la función básica del Estado reside en la protección de la vida, la libertad y las posesiones individuales. Precedente de Rawls.

Algunas frases de Carta sobre la tolerancia

(editorial Tecnos, Madrid, 2008):

Es imposible que quienes no han acogido realmente en su corazón la religión cristiana puedan dedicarse con sinceridad y entusiasmo a hacer cristianos a otros. (p. 4)

Confieso que tiene que parecernos muy extraño que un hombre considere conveniente infligir a otro -cuya salvación desea de todo corazón- la muerte a base de tormentos, aun cuando no haya sido convertido todavía. (p. 6).

No es verosímil que Dios haya nunca dado autoridad a ningún hombre sobre otro como para obligarlo a profesar su religión. (p. 9). El Evangelio declara frecuentemente que los verdaderos discípulos de Cristo tienen que sufrir persecuciones; pero que la Iglesia de Cristo deba perseguir a otros y forzarlos con el fuego y la espada a abrazar su fe y doctrina, no lo he encontrado todavía en ninguno de los libros del Nuevo Testamento. (p. 16).

No deben ser de ninguna forma tolerados quienes niegan la existencia de Dios. Las promesas, convenios y juramentos, que son los lazos de la sociedad humana, no pueden tener poder sobre un ateo. Prescindir de Dios, aunque solo sea en el pensamiento, disuelve todo. (p. 57).

Los gobiernos justos y moderados están tranquilos en todas partes, y en todas partes seguros, pero la opresión levanta fermentos y hace a los hombres luchar para liberarse de un yugo molesto y tiránico. (p. 59).

No puedo dejar de maravillarme de la enorme arrogancia de aquellos que piensan que por sí mismos pueden explicar las cosas necesarias para la salvación mejor que el Espíritu Santo, sabiduría infinita y eterna de Dios. (p. 70).

Ejercicio

Lee el siguiente texto y contesta a las preguntas que se plantean a continuación:

No es la diversidad de opiniones (lo que no puede evitarse), sino la negativa a tolerar a aquellos que son de opinión diferente (que 
podría ser permitida) lo que ha producido todos los conflictos y guerras que ha habido en el Cristianismo a causa de la religión. La 
cabeza y los jefes de la Iglesia, movidos por la avaricia y el deseo insaciable de dominar a todos, utilizando la ambición sin límites de 
las autoridades políticas y la crédula superstición de multitudes atolondradas, han levantado, en contra de lo que dice el Evangelio y la 
caridad, a las autoridades y a las masas en contra de los que tienen ideas diferentes en religión, predicando que los cismáticos y los 
herejes debe ser expoliados de sus posesiones y destruidos. Y así han mezclado y confundido dos cosas que son en sí mismas completamente 
diferentes, la Iglesia y el Estado.
J. LOCKE, Carta sobre la tolerancia (trad. Javier Espinosa).

1. Haz el mapa conceptual del texto

2. ¿Qué asunto se trata en el texto?

3. ¿Cuál es la idea principal?

4. Según Locke, ¿qué ha producido todos los conflictos relacionados con la religión?

5. ¿A quién califica de atolondradas? ¿Por qué?

6. ¿Crees que en nuestros días las masas están atolondradas? ¿Por qué?

7. ¿Qué defecto critica Locke a los jefes de la Iglesia?

8. ¿Qué instituciones no se deben mezclar?

9. Escribe una definición personal de tolerancia. ¿En qué se diferencia “tolerancia” de “respeto”?

10. ¿Es vigente este texto en la actualidad? ¿Por qué?

Jean-Jacques Rousseau

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Jean Jacques Rousseau, Ginebra, 1712- París, 1778. Retrato al óleo de M.Q. de Latour cuando Rousseau tenía 42 años, Museo de Ginebra

La teoría del contrato social de Jean-Jacques Rousseau se enfoca en la idea de que la soberanía radica en el pueblo y no en un monarca o un gobierno. Según Rousseau, los individuos nacen libres, pero la sociedad y la propiedad privada los hacen desiguales y corrompen su estado natural.

De este modo, el contrato social es un acuerdo entre los individuos, en el que cada uno cede sus derechos naturales a la comunidad en su conjunto, y se compromete a seguir las leyes establecidas por la voluntad general. La voluntad general se refiere al bien común y al interés general de la comunidad, y no a los intereses particulares de una minoría.

Rousseau argumenta que el gobierno debe ser una democracia directa, en la que cada ciudadano participa activamente en la toma de decisiones políticas. Esto significa que el gobierno debe representar la voluntad general y no los intereses de una minoría privilegiada.

Esta teoría se diferencia de otras teorías del contrato social, como la de Hobbes y la de Locke, en que la autoridad no reside en un soberano o un gobierno, sino en la comunidad en su conjunto. Además, Rousseau defiende una democracia directa en la que cada ciudadano participa activamente en la toma de decisiones políticas.


El filósofo Jean Jacques Rousseau nació en Ginebra en 1712 y murió en París en 1778. Kant lo definió como "el Newton de la moral" y Heine como "la cabeza revolucionaria de la cual Robespierre no fue más que el brazo ejecutor".

Mantuvo amistad con Diderot y los enciclopedistas, pero se salió del grupo porque eran demasiado optimistas sobre la valoración de la sociedad de su tiempo. También mantuvo una amarga confrontación con Voltaire. Su biografía muestra una clara personalidad conflictiva.

Libertad, soberanía del pueblo e igualdad

Rousseau encontraba en la cultura a la responsable de los males de la sociedad actual, a diferencia del estado de naturaleza en la que el hombre era bueno. Para el filósofo ginebrino el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad le corrompe. Para resolver el problema Rousseau propone el Contrato social, que consiste en renunciar a parte de la libertad en beneficio de la sociedad que es regida por un Estado democrático puro. Para él el bien más grande de todos es la libertad y la igualdad, como bien explica en este fragmento de El contrato social:

Si se investiga en qué consiste el bien más grande de todos, el que debe ser la meta de todo sistema legislativo, veremos que consiste en dos cosas principales: la libertad y la igualdad. La libertad, porque si permitimos que alguien no sea libre estamos quitando fuerza al Estado; la igualdad, porque la libertad no puede subsistir sin ella. Ya he dicho lo que es la libertad civil. En cuanto a la igualdad, no hay que entender por ella que todos tengan el mismo grado de poder y de riqueza; antes bien, en cuanto al poder, que nunca se ejerza con violencia, sino en virtud del rango y las leyes, y, en cuanto a la riqueza, que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro, ni ninguno sea tan pobre como para ser obligado a venderse. (Rousseau, J. J., El contrato social, libro II, cap. 11. Traducción de Javier Espinosa.)

Según Rousseau la primera fuente del mal es la desigualdad, por tanto hay que analizar de dónde proviene dicha desigualdad. El hombre se ha hecho malo al constituirse como ser social. Sin embargo este pesimismo histórico concuerda con su optimismo antropológico pues cree que hay alguna posibilidad de que el hombre se conserve bueno incluso en una sociedad mala.

Otra de sus obras importantes es Emilio o sobre la educación, en la que explica el método para llegar a la pureza del hombre natural suprimiendo toda la maldad acumulada por la cultura artificiosa y la desigualdad humana.

Sus ideas influyen en la Revolución francesa que intentó copiar la esencia de la doctrina jurídica de El contrato social.


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Portada de 1762 de El contrato social

Fragmentos de El contrato social, Tecnos, Madrid, 2007:

  • Ya había dicho también Aristóteles que los hombres no son por naturaleza iguales, sino que unos nacen para ser esclavos y otros para dominar. Aristóteles tenía razón, pero confundía el efecto con su causa. (p. 6)
  • Puesto que ningún hombre tiene una autoridad natural sobre sus semejantes, y puesto que la naturaleza no produce ningún derecho, sólo quedan las convenciones como único fundamento de toda autoridad legítima entre los hombres. (p. 9).
  • Los Estados sólo pueden tener como enemigos a otros Estados, y no a hombres, puesto que entre cosas de diferente naturaleza no se puede establecer ninguna relación verdadera. (p. 12).
  • Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general, recibiendo a cada miembro como parte indivisible del todo. (p. 17).
  • Tan pronto como esta multitud se reúne así formando un cuerpo, no se puede ofender a uno de sus miembros sin atacar al cuerpo. (p. 20).
  • Este paso del estado de naturaleza al estado civil produce en el hombre un cambio muy importante, al sustituir en su conducta la justicia al instinto, y al dar a sus acciones la moralidad que les faltaba antes. Es entonces solamente cuando la voz del deber reemplaza al impulso físico, y el derecho, al apetito, y el hombre, que hasta ese momento no se había preocupado más que de sí mismo, se ve obligado a actuar conforme a otros principios, y a consultar su razón en vez de seguir sus inclinaciones. (pp. 21-22)
  • El derecho del primer ocupante, aunque más real que el derecho del más fuerte, sólo se convierte en verdadero derecho una vez establecido el derecho de propiedad. (p. 23)

Esquema

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Textos

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Ilustración de Las confesiones en la que Rousseau aparece con Madame Dupin. Realizada por Maurice Leloir en 1903

Rousseau, Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres

Concluyamos que el hombre salvaje, errante en los bosques, sin industria, sin palabra, sin domicilio, sin guerra y sin relaciones, sin necesidad alguna de sus semejantes, así como sin ningún deseo de perjudicarlos, quizá hasta sin reconocer nunca a ninguno individualmente; sujeto a pocas pasiones y bastándose a sí mismo, sólo tenía los sentimientos y las luces propias de este estado, sólo sentía sus verdaderas necesidades, sólo miraba aquello que le interesaba ver, y su inteligencia no progresaba más que su vanidad. Si por casualidad hacía algún descubrimiento, tanto menos podía comunicarlo cuanto que ni reconocía a sus hijos. El arte perecía con el inventor. No había educación ni progreso; las generaciones se multiplicaban inútilmente, y, partiendo siempre cada una del mismo punto, los siglos transcurrían en la tosquedad de las primeras edades; la especie era ya vieja, y el hombre seguía siendo siempre niño (...)

(...) ¿Y cómo podrá llegar el hombre a verse tal como lo ha formado la naturaleza, a través de todos los cambios que la sucesión de los tiempos y de las cosas ha debido producir en su constitución original, y a distinguir lo que tiene de su propio fondo de lo que las circunstancias y sus progresos han cambiado o añadido a su estado primitivo? Semejante a la estatua de Glaucos, que el tiempo, el mar y las tempestades habían desfigurado de tal modo que menos se parecía a un dios que a una bestia salvaje, el alma humana, modificada en el seno de la sociedad por mil causas que renacen sin cesar, por la adquisición de una multitud de conocimientos y de errores, por las transformaciones ocurridas en la constitución de los cuerpos y por el continuo choque de las pasiones, ha cambiado, por así decir, de apariencia, hasta el punto de que apenas puede ser reconocida, y no se encuentra ya, en lugar de un ser obrando siempre conforme a principios ciertos e invariables, en lugar de la celestial y majestuosa simplicidad de que su Autor la había dotado, sino el disforme contraste de la pasión que cree razonar y del entendimiento en delirio. Pero lo más cruel aún es que todos los progresos de la especie humana le alejan sin cesar del estado primitivo; cuantos más conocimientos nuevos acumulamos, más nos privamos de los medios de adquirir el más importante de todos, y es, en cierto sentido, a causa de estudiar al hombre por lo que nos hemos colocado en la imposibilidad de conocerlo.

Waal, La edad de la empatía

Esta idea, propuesta por el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau como el contrato social, inspiró en los padres fundadores de Estados Unidos la creación de la "tierra de los hombres libres". Es un mito tremendamente extendido todavía hoy entre los departamentos de ciencias políticas y las facultades de derecho, pues presenta la sociedad como un compromiso negociado y no como algo que surge de manera natural.

Tusquets, Barcelona, 2011, p. 39.

Recursos

Artículos

Arjona, Daniel, "Hobbes contra Rousseau: ¿somos buenos salvajes o lobos? Una solución inesperada". FRAGMENTO: ¿Hobbes o Rousseau? ¿Lobos o corderos? Lo paradójico, según argumenta Morris, es que somos lo primero... y gracias a ello nos hemos convertido en lo segundo. “Las sociedades se han hecho más grandes y se han pacificado internamente, la población y la riqueza han explotado, y la proporción de la humanidad que muere violentamente se ha desplomado. (...) La guerra ha hecho a la humanidad más segura y rica”.


Gaston Bordet: "Todos los políticos tendrían que leer El contrato social" El profesor de filosofía francés insiste en la vigencia de Rousseau, del que este año se cumple el tricentenario. FRAGMENTO: “Igual que a un emigrante que quiere integrarse en Francia le obligan a saberse el himno nacional francés y el idioma, yo obligaría a todos los políticos a leer El contrato social, de Rousseau. Sus ideas, sus ensayos, sus libros, son actuales”

El contrato social es la base de la democracia, su filosofía y su pensamiento. Cuando lo escribió dijo que para que los hombres vivieran en una democracia tenían que ser dioses. Un pueblo de dioses, perfectos y por eso escribe Emilio, un tratado de la educación que será en su época un verdadero best seller

Cine

No se lo digas a nadie. Cuando alguien tiene demasiado dinero puede comprar a las fuerzas del orden para defender a su hijo delincuente.

Historia de una revolución. Enrico y Heffron. Revolución francesa.

María Antonieta Dirigida por Sofía Coppola. La teoría del contrato social.

Vídeo

La filosofía de Rousseau desde el Palomar

Rap de Rousseau VS Hobbes

Bibliografía

Rousseau, Jean-Jacques, El contrato social o principios de derecho político, Tecnos, Madrid, 2009.