20. El problema mente-cuerpo. La filosofía de la mente y el debate en torno a la inteligencia artificial

Problema Mente-Cuerpo: ¿Eres tu cerebro o algo más?

¿Alguna vez te has preguntado dónde están tus pensamientos? ¿O qué es exactamente un sentimiento como la felicidad o la tristeza? Sabes que tu cerebro es un órgano físico, una masa de neuronas y conexiones eléctricas. Pero, ¿un pensamiento es lo mismo que una neurona disparándose? ¿El sentimiento de amor es solo una reacción química?

Este es el problema mente-cuerpo, uno de los mayores rompecabezas de la filosofía y la ciencia. La gran pregunta es: ¿Cuál es la relación entre tu mente (tus pensamientos, emociones, conciencia) y tu cuerpo/cerebro (la «máquina» física)?

Aquí te presento las principales teorías, como si fueran equipos en un gran debate:

Equipo 1: Los materialistas (mente = cerebro)

Este equipo tiene una visión directa y científica. Dicen que no hay ningún misterio: los estados mentales son idénticos a los estados físicos del cerebro.

Sentir alegría no es algo mágico; es, literalmente, la dopamina y la serotonina fluyendo por ciertas áreas de tu cerebro. Tu pensamiento sobre qué vas a comer hoy es un patrón específico de neuronas activándose.

La mente no es algo separado, es simplemente lo que el cerebro hace. Cuando el cerebro se apaga, la mente desaparece. Fin de la historia.

Equipo 2: Los anti-reduccionistas (la mente es especial)

Este equipo dice: «¡No tan rápido!». Aceptan que la mente depende del cerebro, pero argumentan que la experiencia mental no puede ser reducida a simples procesos físicos.

Piensa en la experiencia de ver el color rojo. Los científicos pueden describir la longitud de onda de la luz y qué neuronas se activan en tu cerebro. Pero, ¿pueden explicar la sensación subjetiva, el cómo se siente ver rojo? Esa experiencia personal es algo más que solo física.

  • El argumento de la «Intencionalidad»: Un filósofo llamado John Searle señaló algo clave. Tus pensamientos son sobre cosas. Piensas en tus vacaciones, te preocupas por un examen. Tus estados mentales «apuntan» al mundo. Un montón de neuronas disparándose, por sí mismas, no «apuntan» a nada. Tienen una propiedad especial que la física por sí sola no puede explicar.

Equipo 3: Los dualistas (el fantasma en la máquina)

Esta es la idea más clásica y la que a mucha gente le resulta más intuitiva. Sostiene que la mente y el cuerpo son dos cosas (sustancias) completamente diferentes y separadas.

Tu cuerpo es una máquina física. Tu mente (o tu alma, o tu conciencia) es algo no-físico que habita y controla esa máquina, como un conductor dentro de un coche.

Si son dos cosas totalmente distintas, ¿cómo interactúan? ¿Cómo una decisión no-física de tu mente (como «voy a levantar el brazo») puede hacer que tu brazo físico se mueva? La conexión es un misterio total.

Equipo 4: Los funcionalistas (la mente es un software)

Esta es una visión más moderna, inspirada en la informática. Dice que lo importante de la mente no es de qué está hecha, sino lo que hace (su función).

La mente es como un programa de software y el cerebro es el hardware. El mismo software (tus pensamientos, tu personalidad) podría, teóricamente, correr en un hardware diferente.

Si pudiéramos construir un robot con un cerebro de silicio súper avanzado que realizara las mismas funciones que tu cerebro (aprender, sentir, decidir), entonces, según el funcionalismo, ese robot también tendría una mente.

Como ves, no hay una respuesta fácil. Este problema sigue abierto y es uno de los debates más apasionantes que existen, uniendo la filosofía, la neurociencia y la inteligencia artificial.

Mentes y máquinas: ¿Puede un robot pensar de verdad?

Seguro que has visto pelis como Terminator, Yo, Robot o Ex Machina, donde las máquinas se vuelven súper inteligentes, sienten, toman sus propias decisiones y, a veces, la lían pardísima. Pues bien, esas historias no son solo ciencia ficción; plantean preguntas que los filósofos llevan siglos haciéndose sobre qué es la mente. Ahora, con la Inteligencia Artificial (IA), este debate está más de moda que nunca.

La filosofía de la mente se pregunta: ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es un pensamiento? Y la llegada de la IA ha añadido la pregunta del millón: ¿Puede una máquina ser de verdad inteligente y consciente, o solo es una imitación muy buena, un «fake»?

Esta pregunta nos lleva de vuelta al problema mente-cuerpo. Si creamos una mente artificial, ¿sería como la nuestra? ¿Podría llegar a pensar por sí misma, «independizarse» de sus creadores y tomar decisiones libres que pudieran incluso perjudicarnos?

El gran debate filosófico: dos equipos enfrentados

Imagina un ring de boxeo. En cada esquina, un filósofo con una idea totalmente opuesta:

  • En la esquina A (Team «¡Sí se puede!») está Daniel Dennett. Él y otros como él argumentan que, si logramos crear una IA con procesos mentales lo suficientemente complejos y sofisticados, no habría ninguna razón para pensar que no es consciente. Para ellos, la conciencia es como una receta: si juntas los ingredientes correctos (complejidad, procesamiento de datos, aprendizaje), obtienes el pastel (una mente consciente), sin importar si los ingredientes son neuronas o chips de silicio.
  • En la esquina B (Team «¡Es imposible!») está John Searle. Él es mucho más escéptico. Argumenta que una máquina nunca podrá ser verdaderamente consciente. Para Searle, la conciencia es una propiedad biológica específica de nuestro cerebro, como la fotosíntesis es de las plantas. No puedes replicarla en un material diferente. Una máquina puede imitar que entiende o siente, pero por dentro está «hueca», sin ninguna experiencia real.

El experimento mental de la «habitación china»

Para demostrar su punto, John Searle propuso uno de los experimentos mentales más famosos de la filosofía. Imagínalo así:

  1. Metemos a una persona que no sabe absolutamente nada de chino en una habitación cerrada.
  2. La habitación tiene una ranura por la que le pasan papeles con preguntas escritas en chino.
  3. Dentro, la persona tiene un libro de reglas gigantesco y súper detallado que le dice: «Si ves este símbolo chino, dibuja este otro símbolo en otro papel». La persona no entiende nada, solo sigue las instrucciones al pie de la letra.
  4. Pasa el papel con la respuesta por la ranura de salida.

Para alguien que está fuera, ¡parece que la persona dentro de la habitación es un genio del chino! Responde a todo perfectamente.

La pregunta de Searle es: ¿La persona dentro de la habitación entiende chino? La respuesta es un no rotundo. Solo está manipulando símbolos siguiendo unas reglas.

Pues bien, Searle dice que los ordenadores y la IA más avanzada hacen exactamente eso. Pueden procesar información y darte la respuesta correcta, pero no tienen ni idea, ni una verdadera comprensión de lo que están haciendo. Pueden simular inteligencia, pero no son inteligentes de la misma forma que nosotros.

Este debate sigue totalmente abierto y es uno de los más fascinantes de nuestro tiempo, porque cada nuevo avance en IA nos obliga a preguntarnos de nuevo: ¿qué significa, en realidad, ser humano?

Materiales

Otra vez Eros

Nada dice acerca del amor

la hipótesis biológica

de que se trata de una reacción química.

No tengo ningún inconveniente en admitir

que te aman mis jugos interiores

que tu ausencia me intoxica la sangre de negra bilis

que al contemplarte

sube la tasa de mi monóxido de carbono

y los linfocitos se reproducen alocadamente.

Si me pongo lírica

y se me traba la lengua

¿cómo no reconocer que alteras mi metabolismo basal

y entorpeces mis digestiones?

Mis narinas tiemblan

aumenta la presión de la sangre

enrojezco y me altero

o sudo y palidezco.

Mi amor es gutural e instintivo

como el celo de los animales.

Cualquier metáfora que erija

como un vestido sobre la epidermis

será artificio.

Y sin embargo,

cuando te hablo,

evoco leyendas antiguas:

Tristán, Iseo, la cruel Turandot,

Dido, la enamorada, y la indiferente Helena

se amontonan en mi boca,

viajan,

en ríos blancos de saliva.

Hipótesis científica

o cultura,

lo mismo da:

mis vísceras no distinguen,

aman, sin preguntarse qué es el amor.

Cristina Peri Rossi

Entrevista: «Este científico deja en ‘shock’ a los vegetarianos: «Las plantas tienen inteligencia»». EXTRACTO: Las plantas no tienen neuronas, pero hacen planes y toman decisiones. ¿Son capaces de pensar? Paco Calvo (Barcelona, 1971) lleva veinte años intentando responder a esta pregunta. Este catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia dirige el Laboratorio de Inteligencia Mínima (Mint Lab). Allí anestesia a las mimosas y les coloca electrodos a los tomates. Sus investigaciones, que han provocado un auténtico cisma en el mundo académico, llamaron incluso la atención del Pentágono, interesado en aplicarlas a la inteligencia artificial de las máquinas que colonizarán Marte. (…) Hay plantas capaces de manipular las mentes de las criaturas que las rodean. Algunas tomateras, por ejemplo, producen sustancias químicas cuando las atacan las orugas. Esas sustancias hacen que las plantas tengan un sabor repugnante para sus atacantes y, al mismo tiempo, viajan por el aire y avisan a las plantas circundantes para que empiecen a fabricarlas también. Por si fuera poco, vuelven a las orugas caníbales. Los insectos hambrientos se devoran entre ellos.

Libro: Calvo, F. (2023). Planta sapiens. Seix Barral

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