Cuchillo, de Salman Rushdie

En Cuchillo. Meditaciones tras un intento de asesinato, Salman Rushdie transforma un acto de violencia brutal en una autobiografía emocionante y reflexiva en torno al rencor, el perdón, la estupidez y la «resurrección» de un nuevo yo. La memoria describe, con una introspección sobrecogedora, el atentado que sufrió el 12 de agosto de 2022, cuando fue apuñalado por un energúmeno islamista en el escenario de la Chautauqua Institution. Lejos de ser un mero recuento del trauma, el libro es un testimonio de la resistencia humana frente a la barbarie, una celebración del amor como fuerza redentora y una defensa vehemente de la libertad artística frente al odio.

Rushdie divide la narración en dos partes, «El ángel de la muerte» y «El ángel de la vida», un marco que define el viaje que emprende: desde la oscuridad de la agresión hasta la reafirmación de la vida. La primera parte detalla el ataque con una lucidez escalofriante, describiendo no solo las heridas físicas —en el cuello, el pecho, la mano y, la más devastadora, en el ojo derecho —, sino también la fractura de la realidad que experimenta una víctima de la violencia.

El autor se niega a nombrar a su agresor, refiriéndose a él simplemente como «el A.», un acto deliberado para negar al atacante la notoriedad que buscaba y centrar la narrativa no en el odio, sino en la respuesta a este. Una de las secciones más singulares y poderosas del libro es el capítulo en el que Rushdie imagina una serie de entrevistas con «el A.», un ejercicio literario para intentar comprender la mentalidad que impulsa un acto tan extremo, confrontando la ideología fundamentalista con la razón, el arte y el humor.

El pilar central de la obra es la historia de amor con su esposa, la poeta y novelista Rachel Eliza Griffiths. Su relación, que Rushdie describe con ternura y gratitud, se convierte en el «ángel de la vida» que lo guía a través de la recuperación. Es Eliza quien, en los momentos más oscuros, se convierte en su «irrompible roca» , y es su amor el que demuestra ser el antídoto contra la «maldad inmotivada» que representa el cuchillo.

Rushdie, valiente y abnegado, se enfrenta a la agresión con la única arma que considera verdaderamente poderosa: el lenguaje. Al escribir este libro, se apropia de los hechos, transforma el dolor en arte y se niega a ser definido como una víctima. Es un acto valiente y necesario que reafirma que, aunque la violencia intenta silenciar, las palabras «son los únicos vencedores».

No hay excusas para que cualquier desquiciado siga intentando matar a Rushdie; incluso el actual gobierno iraní se desentiende y no le da ninguna importancia a la fatwa de Jomeini que animó a su asesinato en 1989.

Estas son algunas perlas del libro:

«O sea que eres tú. Aquí estás.» (página 10)

«¿Por qué no luché? ¿Por qué no hui? Me quedé quieto como una piñata y dejé que él me destrozara.» (página 15)

«Cuánta sangre -pensé. Y luego-: Me estoy muriendo.» (páginas 20-21)

«Lo que ocupaba mis pensamientos, y se me hacía difícil soportar, era la idea de morir lejos de las personas que amaba, en compañía de desconocidos.» (página 22)

«El cuchillo es un arma de proximidad y los crímenes que comete son encuentros íntimos.» (página 20)

«Una de las cosas que más me han ayudado a comprender lo que pasó, y el carácter de la historia que me he propuesto contar, es que se trata de una historia en que el odio el cuchillo como metáfora del odio es vencido finalmente por el amor.» (página 37)

«Yo no creo en milagros pero es milagroso que yo haya sobrevivido.» (página 77)

«El lenguaje era mi cuchillo. Si a mí me hubieran pillado inesperadamente en una pelea con armas blancas, puede que este hubiese sido el cuchillo que podría haber usado para defenderme y atacar.» (páginas 102-103)

«Con independencia de lo que ya he escrito o pueda escribir en adelante, siempre seré el tipo al que apuñalaron. El cuchillo me define.» (página 156)

«Tras el ángel de la muerte, el ángel de la vida.» (página 157)

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