Pantuflas cómodas y divertidas

Hace tanto frío en Brno -aunque mis alumnos insistan en que lo peor está por llegar- que es necesario llevar por las calles un calzado compatible con la desafiante sensación térmica. Sin embargo, cuando se está en el instituto las calderas funcionan a pleno rendimiento y los robustos zapatos, botas y botines llegan a incomodar, así que los estudiantes los depositan en sus taquillas para cambiarlos por otros más cómodos, muchos de ellos tremendamente vistosos y simpáticos, como las atigresadas pantuflas que ven en la imagen.

Cómodas y divertidas zapatillas para clase


Comentarios

6 respuestas a «Pantuflas cómodas y divertidas»

  1. No quiero ni pensar la que se liaría por aquí si a algún alumno se le ocurriese ir con pantuflas a clase… Supongo que allí las clases son tan amenas y están tan a gusto, que los chavales van de andar por casa.

    Recuerdo cuando estudiaba en la facultad, el cabreo de un profesor porque sus alumnos, erasmus, se sacaban el tupper y se ponían a comer mientras daba la clase ¡Vaya! ahora comprendo todo: este profe gruñón echándoles la bronca y ellos simplemente mostraban su comodidad sitiéndose como en sus propias casas.

  2. Avatar de Carmen
    Carmen

    Desde el frío, con un vinito caliente, olé las zapatillas. 🙂 yo también voy pisando nieve, a pesar de que aquí normalmente disfrutamos de temperaturas bastante agradables.
    Oye, vaya currículum tienes. Acabo de pasarme por ahí y me he quedado temblando de admiración y de autocrítica por lo poco que yo he hecho en mi vida laboral! 🙂
    Liebe Grüß, desde Freiburg.

  3. Hombre, yo creo que no es el lugar…me gusta vestir adecuadamente cuando doy mis clases y me gusta que mis alumnos también lo hagan. Las zapatillas de andar por casa son para eso, para andar por casa. Y para comer (como ha apuntado un comentarista anterior) está el comedor y las horas que hay para ello. Yo también sería esa profesora gruñona que riñe al estudiante erasmus que saca la comida en clase.

  4. Avatar de Irdabama
    Irdabama

    Hombre, ese grado de informalidad, siempre que no rompa el pacto establecido entre profesor-alumno, no me parece malo. Al contrario. El año pasado tenía un profesor universitario que permitía a un compañero llevar un termo, a mí dos vasos, y beber en clase. Y sinceramente, dar historia a las 8 de la mañana con dos tazas de café humeante sentaba muy pero que muy bien.

  5. Lo que más me ha gustado siempre de los centroeuropeos es su absoluta falta de sentido del ridículo. Les da igual sacarse un «tupper» de lentejas en el metro o patearse toda España en sandalias con calcetines blancos en pleno verano. Nos vendría bien un poco de naturalidad centroeuropea a los españoles, tan desinhibidos y laxos que nos creemos…

  6. […] Hoy, por fin, tras varias semanas, se superaron durante un par de horas los cero grados y se derritieron las nieves. Las calles se han llenado de barro y la dirección del instituto obliga a todos, incluidos los profesores, a cambiarse los zapatos al llegar al trabajo. Tendré que comprarme unas pantuflas. […]

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