Quieto

Empecé a leer Quieto de Màrius Serra (Anagrama, 2008) con cierto escepticismo y con la sensación de sumergirme en un mundo de dolor que poco podría aportarme. Sin embargo me animé a recorrer sus páginas porque sigo al gran Màrius Serra desde hace años en su instructivo, interesante y divertido Verbália (el país de los verbívoros), plataforma desde la que uno puede asistir a divertidos juegos linguísticos. Pensé que un escritor aficionado al divertimento filológico y dotado de un ingenio extraordinario podía afrontar de manera creativa (si no es obsceno utilizar el verbo en este contexto) el hecho de tener un hijo con una encefalopatía sin diagnosticar que le condena a la inmovilidad absoluta.

Acabo de terminar de leerlo y no sabría describir el sabor de boca que me ha dejado. Debe de ser infernal convivir diariamente con un hijo que se comunica unicamente a través del descontrol de sus esfínteres, de sus babas, de sus vómitos, de sus ataques epiléticos y de su imperturbabilidad ante los peligros que cada hora le acechan. Pero también es un regalo de la vida. ¿Qué siento al ponerme en el lugar de Serra? Creo que miedo. Yo también, al igual que el escritor, renunciaría a mis valores, ideas políticas, oficio, aficiones, dietas, es decir, eliminaría mi «yo» si alguien me prometiera la salud del hijo.

Es tan duro y determinante tener un hijo así que Serra y los progenitores como él no se definen por sus profesiones sino por ser «padres de discapacitados», aspecto este que marca la existencia y determina el carácter de por vida, para bien o para mal. Serra lo afronta con alegría, a pesar de que describa su situación como «putada» (p 51), marcando un camino de esperanza para miles de familias que viven esta desconsolada situación. Si a mi me tocara vivirlo no dudaría en contactar con el escritor así como con las dos asociaciones que recomienda: Fundacio Nexe y Guimbarda.

Una forma de sublimar la desgracia del hijo enfermo es a través de la escritura, regalándonos a los lectores una obra optimista a pesar del dramatismo, e inquietante a pesar de la quietud del niño. Recomendable para los jóvenes estudiantes para que aprendan a valorar la vida milagrosa que tienen a pesar de sus tremendas dificultades y problemas.

No duden en escuchar la siguiente entrevista en la radio sobre Quieto si quieren emocionarse y animarse a leer este libro más que recomendable.

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Comentarios

2 respuestas a «Quieto»

  1. Pinta bien. Otro libro que me conmovió en su día, y que es muy optimista y tierno, es «Soy Julia» de Antonio Martínez. Me pasó con él lo mismo que a ti: lo compré porque el autor era el guionista jefe de Las noticias del guiñol y quería saber como un humorista nato hablaba de una realidad tan dura y personal. El libro se lo vale

  2. […] – blog Rafaelrobles.com […]

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