Una de las estrategias que utilizan los centros de educación secundaria para mantener la disciplina de sus alumnos es expulsarlos. La expulsión se aplica, por ejemplo, cuando se descubre a algún estudiante fumando tabaco o porros, utilizando el teléfono móvil en el aula o si faltan al respeto de algún miembro de la comunidad educativa.
Desconozco quien es el cargo del Ministerio de Educación que tolera este tipo de sanciones que más que corregir el error de un menor puede llegar a agravarlo. Se supone que quienes legalizan estas medidas punitivas son pedagogos y profesionales con mucha experiencia en el mundo educativo, pero quizá les falte lo más difícil: ponerse en la piel de quien es expulsado y, sobre todo, sentido común.
La expulsión solo es eficiente si humilla, pero la humillación la sienten quienes ya están arrepentidos de su error, por tanto es innecesario echar más leña al fuego. Al resto les da igual o directamente se alegran de no verse obligados a asistir a clase. Esta es la razón que convierte la expulsión en un acto coercitivo sumamente injusto e inefectivo que debería ser evitado en el ámbito educativo. Para más inri “humillar” está claramente prohibido por el Decreto 3/2008 que regula la convivencia escolar en Castilla-La Mancha (Título II, capítulo 1, art. 18.3):
En ningún caso pueden imponerse medidas correctoras que atenten contra la integridad física y la dignidad personal del alumno.
Este es un gran problema porque hay alumnos muy arrepentidos que sienten la expulsión como un ataque a su dignidad. Yo no soy quien hace las leyes, pero si están hay que cumplirlas. Sin embargo, quien hizo la ley hizo una trampa basada en la ambigüedad, dado que el Decreto de marras prosigue del siguiente modo en el punto 4:
El alumnado no puede ser privado del ejercicio de su derecho a la educación y, en el caso de la educación obligatoria, de su derecho a la escolaridad. No obstante lo anterior, cuando se den las circunstancias y condiciones establecidas en los artículos 25 y 26, se podrá imponer como medida correctora la realización de tareas educativas fuera del aula o del centro docente durante el periodo lectivo correspondiente.
Este punto no tiene ni pies ni cabeza. ¿Cómo saber si el estudiante estudia en su periodo lectivo si incluso está prohibido que asistan a clase por videoconferencia? ¿Estos legisladores han sido profesores alguna vez? ¿Entienden algo sobre el oficio de educar? ¿Son conscientes de sus dislates?
Expulsar significa “echar a una persona de un lugar“, como se echa las cenizas en el cenicero o los rastrojos al fuego. Echar es un verbo que, en el ámbito educativo, solo se debe conjugar con personas cuando nos falten, no cuando nos sobren o molesten. A un buen educador no le sobra nadie, y mucho menos un alumno problemático con quien deberá trabajar estrategias que hagan de él un buen ciudadano.
Durante este curso ya se ha expulsado a varios jóvenes (aunque la Consejera niegue la evidencia) así que, para evitar un agravio comparativo, hay que continuar haciéndolo, pero sería un gran proyecto educativo que a partir del próximo se prohibiera expulsar y, en su lugar, se propusieran otras medidas que hagan reflexionar eficientemente sobre la conducta de uno.
En vez de tantos millones de euros destinados por el Ministerio de Educación para enriquecer a Microsoft, el dinero debería ir a profesionales de la psicología educativa y a formar en ética cordial al profesorado. Si no es así estaremos construyendo una sociedad insolidaria, carente de humanidad y adicta a la expulsión emulando los reallity shows de la telebasura.
Yo, en cambio, creo que “echar” es una medida sumamente justa y relativamente eficaz. Me explico:
Sumamente justa, porque materializa el sentido mismo del castigo: aquel que no quiere atenerse a las reglas que rigen una comunidad, pierde los beneficios de vivir en ésta. El que no reconoce en el otro los derechos que lo asisten a él mismo, se sale del juego ético. Y parte de la educación consiste en interiorizar que sin reglas no se juega. Además, la expulsión pretende hacer partícipes a los padres en la educación de su hijo: trasladarles que los actos de éste no son algo que se queda y resuelve en el instituto.
Relativamente eficaz, porque al “expulsado” que tiene interés en el estudio le sirve de lección, no sólo por lo “humillante” -que muchas veces ni siquiera es tal- sino porque le obliga a ponerse al día, a trabajar más para recuperar el tiempo perdido, y le hace reflexionar sobre las consecuencias de sus actos. Por otra parte, para el caso de los expulsados que no tienen interés en el estudio, supone al menos un respiro para muchas clases. Me dan mucha pena los chicos que ven mermada su educación por culpa de tres o cuatro que permanentemente boicotean o les hacen la vida imposible.
Estoy de acuerdo en que los castigos deberían centrarse en corregir las malas conductas en vez de simplemente desentenderse de ellas. No obstante, la expulsión, como medida ante casos graves, creo que sigue siendo necesaria, pues ayudan al estudiante a reflexionar, o, al menos, lo haría si los padres se involucrasen con sus hijos, porque expulsar por expulsar evidentemente no tiene ningún sentido. La educación debe basarse en la colaboración entre profesores y familiares de los jóvenes, y una expulsión debería suponer un aviso a los padres para que corrigiesen la conducta de su hijo en aquellos aspectos en los que el profesorado no está capacitado por hacerlo.
Absolutamente de acuerdo con Alejandro. Otra de las finalidades de la expulsión es hacer “partícipes y corresponsables” a los padres del elemento en cuestión, de sus acciones y de sus consecuencias, como menores que son, es decir, de su educación, bueno, más bien de su mala educación. Que les suponga un problema a ellos y, como no, una humillación, de forma que, tomen las medidas de apoyo al Centro como corresponde: retirarles el portátil, el móvil, la play, la xbox, sus gorras favoritas, no salir fines de semana… y tantos otros privilegios que tienen los chavales de hoy, sin ganárselos ni merecérselos. Lo que ocurre es que la mayor parte de las veces… con la Iglesia hemos topado, si ho encontramos ese apoyo, si no hay consecuencias, si no tienen nada que perder, no sirven de nada. Al menos, el resto de sus compañeros ganan el tiempo perdido en las clases por culpa de ellos.
Totalmente de acuerdo, no se puede arreglar una falta echando a quien la comete del lugar de posible reparación
Coincido en toda tu argumentación, pero añadiría que esas medidas educativas correctoras estuviesen a cargo de profesionales cualificados, expertos en psicopedagogía. Como apunta Alejandro, quienes aceptan las reglas del juego no deben pagar los platos rotos de aquellos a quienes se les ha consentido demasiado (en sus casas, en su círculo de amigos, en el aula…). Tampoco creo que los docentes que han hecho todo lo posible por educar deban castigarse con horas extra de tutela de ‘casos difíciles’. Mi propuesta es la habilitación de un ‘taller psico-educativo’ en el que ‘pagarían’ esos errores; nada de librarse del instituto, pues allí contarían con un educador social y/o psicopedagogo que les instruiría y reconduciría a la senda normal de su grupo. De paso, obligaría a los futuros psicopedagogos a certificar un cierto número de horas en estos talleres, con el fin de asegurar que nadie habla de educación sin saber de qué seres humanos estamos hablando.
P.D: Por si se pudiera pensar que hay atisbos antipedagógicos en mi comentario, debo manifestar que casi nunca he expulsado a nadie y que pienso que el mejor lugar en el que puede estar un joven es en el instituto.
No se quienes son los encargados de que un alumno lo expulsen ni a partir de que se rije esa sanción, pero creo que para ser expulsado tambien iporta la persona, no su forma de ser, pero alomejr si el error cometido y lo que pueda aver sido castigado ya por ello. Creo que no deberia en ningun caso haber una expusión para que los padres pusieran de su parte en la educción de sus hijos, creo que eso deberia ser constante.
A la hora de expulsar, nos podemos encontrar con diferentes tipos de alumnos, a grandes rasgos podemos diferenciar aquellos a los que les interesa la educación y su formación y a los que le “alegra” que les expulsen. Creo que es un error expulsar al alumno en ambos casos. Entre gente del primer grupo, podemos llegar a agravar el problema, ya que considero que se puede llegar a un punto en el que el agobio, la humiillación, el mal estar de la situacón, nos llevara a “perder” al alumno y creo que la humillacion seria enorme. Entre gente del segundo grupo, tambien sería un gran problema ya que se puede estaar casi seguro que en la mayoria de los casos el trabajo en casa sería mínimo, y en el unico lugar en el que se puede intentar poner solución, no se le deja entrar.
Estoy de acuerdo con los puntos expuestos en la entrada del blog, y en gran parte con la alumna que comenta antes que yo. Sin embargo no estoy de acuerdo con Alejandro en gran parte ya que pienso que la expulsión no beneficia prácticamente nunca.
Está claro que hay muchos tipos de estudiantes que en mi opinión y hablando generalmente se pueden diferenciar en 3 grupos:
1- El alumno problemático: generalmente es repetidor de uno o dos años, con una gran personalidad muy difícil de cambiar, es el mayor o de los mayores de la clase, es el “gracioso” de la clase, el que lanza la falta de respeto frente a profesores “débiles” (me refiero a profesores incapaces de poner un parte grave y que solo esperan a que se “pase la hora” para poder llegar a su departamento y tomarse un café) y en general el que se “sienta atrás” para no molestar al resto de la clase.
2- El alumno “fuerte”: este alumno suele ser una persona que aprueba y sus notas dependen en parte de su capacidad intelectual y en mucha mayor parte del esfuerzo realizado en clase y en casa. Es un alumno que generalmente saca buenas notas y entre los que se mueven las matrículas de honor al final de curso, son alumnos con mucha personalidad, incluso más que los alumnos problemáticos que acabarán la E.S.O. y el bachillerato sin problema y de los cuales la mayoría (por no decir todos) entrarán en la universidad y eso ya es otro mundo.
3- El alumno “débil”: alumno que deja el 100% de su futuro en manos de sus compañías en clase desde que entra a 1º de la E.S.O. hasta que acaba. Generalmente este alumno entra al instituto habiendo superado el colegio sin ningún problema pero según el compañero de clase con el que mejor se lleve o el tipo de gente con el que se relacione y del tipo que sea éste, estará en 2º o 3º de la E.S.O. fumando en la puerta del instituto, seguramente con porros y a base de discusión día tras día con su familia o puede acabar sin problema la E.S.O. y elegir su propio futuro, se cual quiera que sea.
Volviendo al tema de las expulsiones con estos tres grupos puede pasar:
-Si expulsamos al problemático: realmente le estamos haciendo un favor al alumno porque sus intereses no son estar en el instituto ya que “él está ahí porque le obligan”. El alumno se irá a su casa y estará solo todo el día, seguramente en internet, jugando a la “play” o saliendo a fumar a la puerta de su casa y a beber litronas al parque de enfrente. Realmente no le estamos ayudando en su educación y futuro.
-Si expulsamos al fuerte: esto es exactamente el caso de la humillación por completo innecesaria. El alumno estará llorando durante 2 días enteros arrepintiéndose de lo que haya hecho y pensando “menuda tontería, por esta estupidez me he ganado esto…..parezco idiota”. Cuando llegue a su casa se pondrá al día (más de lo que está) gracias a los apuntes que les lleven los compañeros y seguro sus padres le ayudarán a hacer lo que tenga que hacer y no perder tiempo de clase y de aprendizaje. En fin una pérdida de tiempo completamente innecesaria frente a un arrepentimiento bastante considerado.
-Si expulsamos al débil: estaremos determinando su futuro en función de la educación recibida por sus padres. Generalmente en estos casos los alumnos se pierden completamente ya que si les expulsan no se van a poner al día ni se van a poner a estudiar porque seamos sinceros….con 13, 14 o 15 años y un pavo gigante encima de la cabeza…¿A quién le apetece estudiar?. Seguramente acabe como ya he dicho antes en la descripción de su grupo fumando en la puerta de la entrada….
Frente a esta situación creo que absolutamente es innecesaria la expulsión aunque no se realmente que tipo de solución se debe aplicar. Creo que más psicólogos o pedágogos estaría bien, aunque sigo creyendo que la solución está en la formación profesional de los profesores y en la educación de los padres, principalmente en esto último.
Aun así, me repito diciendo que esto es solo una opinión de un alumno del instituto. Hay casos y casos completamente distintos, yo tuve la suerte de ser como fui, de tener la educación que tuve y de hoy en día estar en la universidad después de haber pasado por este instituto.
Bueno he leido todo el texto y todos los comentarios. En primer lugar, creo que tenemos que tener bien presente que el tema que estamos tratando aquí, es principalmente lo que supone LA EDUCACIÓN DE UN ALUMNO y de si para esta educación podría llegar a ser necesaria la expulsión.
En primer lugar, indico que usaré el término persona, porque me parece más apropiado que el de alumno, puesto que en un instituto, ocurren dos cosas: nos formaremos en lo que es nuestra “vida académica”, nuestros conocimientos, pero másimportante es el echo de que empezamos a formarnos como personas.
He leido que la educación de una persona depende de los profesores y de la familia. Esto realmente es mucho más amplio, puesto que la educación de una persona, depende también de las amistades, los medios de comunicación… el entorno en general.
Pero a lo que vamos como ya he dicho es a analizar si una expulsión puede llegar a ser necesaria en la formación de una persona.
Creo que cuando un alumno comete una falta hay muchísimos factores a tener en cuenta. Por ejemplo, como han dicho antes que yo, hay alumnos y alumnos.
Cuando un alumno comete una falta, desde mi punto de vista, hay que tratar la situación, de una forma u otra, pero nunca con una expulsión, puesto que eso, de cara a la persona responsable de esa expulsión, no es otra cosa sino “escurrir el bulto” y lavarse las manos de cara a lo que supone la educación de esa persona.
Lamentablemente, un triste caso cierto es que hoy en día, muchos profesores, maestros, educacores (Llamenlo como quieran), solo se ven como un simple funcionario más, que echa su jornada, vuelve a casa y pone la mano para recibir el dinero (dios me libre de generalizar, porque no siempre es así). Señores profesores, tengamos la cabeza sobre los hombros y hagamos lo que a cada uno nos corresponde hacer, porque jamás en esta vida he visto que darle la espalda a un problema sea la solución.
Que nadie se llame a engaño. Cuando se comete una falta, hay que asumir las consecuencias. Pero ojo con las consecuencias. Hay que tener en cuenta lo que es ese alumno, esa persona en particular, y por supuesto, tener en cuenta en que grado esa persona puede estar pagando las consecuencias o en que grado deberian pagarlas.
Por supuesto no estoy diciendo que un profesor tenga que encargarse de decidir como tiene que pagar un alumno un error cometido. Pero hay algo claro y es lo siguiente: CUANDO UNA PERSONA SE CAE, HAY QUE AYUDARLA A LEVANTARSE, Y POR SUPUESTO, NUNCA ECHARLE MÁS PESO ENCIMA, porque sino, esa persona podría no levantarse.
Por último, creo que la idea de psicólogos en los institutos es muy buena, de cara como ya he dicho a AYUDAR a un alumno que ha cometido un error para que pueda seguir adelante, y nunca dejar que una persona se hunda.
P.D: no pretendo aludir a nadie, simplemente quiero que vean, que debemos tener la cabeza en nuestro sitio y AYUDAR a esos alumnos que lo necesitan. Seamos capaces de echar una mano al que lo necesita y no de echarle peso encima. Así, conseguiremos ser mejores personas, dormir en paz cada noche, y además conseguiremos algo por lo que luchan los gobiernos: una educación mejor para las personas que nos suceden, pero que aparte de ser buena en materia y contenidos, ayude a esas personas a ser un poquito mejores.
Creo que en nombre del “derecho ideal a la educación” de unos pocos se hace un daño tremendo e irreparable al “derecho real a la educación” la gran mayoría. Soy partidario de la expulsión o como ustedes lo quieran llamar. A estos alumnos no es que los margine el sistema, son ellos los que se empeñan en quedarse al margen.
“Mientras perseguimos lo inalcanzable hacemos imposible lo realizable.” Creo que el post se pone una meta muy ambiciosa. Tan ambiciosa que los resultados son mucho mejor para todos si renunciamos a ella que si intentamos conseguirla.
Cuando se expulsa a un alumno se le está enseñando algo importantísimo, algo básico que sus compañeros no-expulsado ya saben: “El que no cumple unas normas mínimas de convivencia dentro de una sociedad es apartado de ella.”
La idea es muy sencilla pero los alumnos expulsados no la conocen. Los maleducaríamos si no somos capaces de enseñarles ni siquiera esto. La expulsión es la mejor manera de hacerlo.
Yo creo que nunca se debe expulsar a un alumno de su clase porque significa que el profesor no tiene recursos para gestionar los conflictos dentro del aula. Desde el desarrollo de mi labor profesional como profesora de instituto con más de veinte años de docencia, nunca he tenido problemas con los alumnos, si he llegado a perder los nervios en alguna ocasión (contadas), rápidamente he reflexionado y me he puesto en el lugar del alumno y hemos hablado hasta llegar a conseguir un compromiso personal entre los dos, aunando objetivos factibles que el alumno, según su capacidad e interés, puede lograr en clase. Claro, se puede pensar que con 25-30 alumnos no puedes dedicarte a uno sólo, pues yo creo que el profesor debe dedicarse a todos y a cada uno de los alumnos, en clase lo hará de una forma y en los ratos libres, si cree el profesor que es conveniente, lo hará de otra. A mí me ha dado muy buen resultado hablar con los alumnos fuera de clase, utilizar mi tiempo de café en hablar con el alumno con el que he tenido alguna disensión a la hora de ver las cosas. Eso que tenemos los profesores de pensar que en la clase comienza la educación y cuando se termina se ha acabado, desde mi punto de vista es erróneo. Quizás deberíamos pensar los profesores antes de actuar que al alumno al que regañamos o expulsamos, por un momento, podría ser nuestro hijo. Muchas cosas cambiarían, muchos modos de relacionarnos con los alumnos, puesto que como todos sabemos el amor mueve montañas y qué pena que los profesores no nos demos cuenta de ello.
La educación está como está, existen muchos profesionales que no tienen amor por lo que hacen y olvidan que la emoción positiva es el inicio de la necesidad de aprender. Si generamos emociones negativas expulsando al alumno, ¿qué va a querer aprender?.
Y para terminar haría una última reflexión: el profesor en el ejercicio de su labor profesional no debe olvidar que ante todo tiene vocación de servicio y debe darse y vaciarse por los alumnos llegando a todos, conociendo su corazón, sólo así va a existir emoción.
Estoy de acuerdo, ¿pero creeis que se le puede expulsar a un alumno 3 semanas por tirar un simple petardo, cuando otros se dedican a fumar porros y les expulsan 5 dias?
ami por el simple hecho de que un compañero mio este haciendose el tonto, sentandose en la silla y echandose para tras para ponerse a dos patas en la silla, y yo queriendo pasar para hablar con un amigo, ya que en mi instituto los profesores te dejan hablar en el intercambio de clase hasta que llegue el siguiente profesor, que son como unos 7 minutos, pues lo que ocurre es: el me estaba bloqueando el paso, pues yo sujeto la silla y le hecho un poco para alante, pero como el estaba tumbado, hecho fuerza con los pies y yo pase con las justa y solte la silla despacio, entonces el siguio dando fuerza y se calló para atras, y rodo un poco por el suelo y se tapo con las manos la cara, y mi duda fue “si esque se calló para atras como se hizo daño en la frente?” y yo considero que eso no fue mi culpa, sino de el ya que te lo dicen los padres y los profesores “no juegues con la silla y sientate bien, ya que tepuedes hacer mucho daño” y ahora yo tengo que cargar con la culpa, y me quieren expulsar. Que me recomendarian hacer?
ATT: Artiom Nieto
por cada alumno expulsado debería expulsarse a un diputado de las Cortes de Castilla-La Mancha
Saludos quisiera saber si pueden expulsar a alguien de la Universidad por llevar cerveza, hace dos días me encontraron portando cerveza en la entrada de mi universidad, agradecería su explicación sobre el tema gracias por su tiempo.
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alguien me puede decir si esto esta bien.
mi hija le saco una foto a un profesor durante una clase y otra a una compañera…….
Dichas fotos no salieron del centro en ningún momento
la han expulsado del instituto tres días, alegando una falta grave.
CONDUCTAS:
(23b) injurias u ofensas graves contra otos miembros de la comunidad
la carta de expulsión me llega hoy viernes y comienza el castigo del lunes al miércoles
tiene buenas notas y no ha tenido nunca ningún problema
esta en 1º ESO
Siento decirle, Blanca, que si en las normas de convivencia del centro se dice que hacer fotografías a un profesor o a un compañero conlleva dicha sanción, no hay alternativa posible. A mí, como profesor, me parece muy grave que se fotografíe a un profesor sin su permiso, sobre todo porque esa fotografía puede utilizarse con fines extraños. Los tres días de expulsión debe usted aprovecharlos como madre para reflexionar con su hija sobre esta actitud. No es el fin del mundo, esta medida disciplinaria -aunque podría haber otras mejores- puede ahorrar numerosos problemas de su hija en el futuro si usted sabe aprovecharlo; evite que su hija se quede en la cama hasta tarde, hágala trabajar más duro que si estuviera en clase, enséñele bien la lección. Un saludo cordial y mucho ánimo.