Estudiantes pies secos

Los jóvenes estudiantes cubanos que han emigrado a Estados Unidos muestran un nivel educativo, en general, muy superior al de otros grupos de alumnos de procedencias distintas. No ocultan, además, una relación de amor-odio con Cuba, la patria de la que huyen y a la que tanto añoran. Suelen despreciar a Fidel Castro cuyo nombre —Fidel a secas— lo asocian a tiranía, miseria y desfachatez; además se refieren a su hermano como «el Raulito» con un tono de desprecio para significar su insoportable paternalismo, su despreciable nepotismo (el hermanísimo, como si fueran linajes dinásticos), sus sistemáticas corruptelas y su infame dictadura de la que tuvieron que huir en balsas jugándose la vida. Ahora son pobres en el país que les acoge, pero son más felices porque, aunque estén mal, pueden soñar en un futuro mejor.

Cuba les dio una gran educación, lo que les permitió tomar conciencia de su situación de opresión, así que sienten vergüenza de la patria en la que se les prohíbe emprender negocios, acceder a internet y leer ciertos libros; a la vez sueñan con volver a ella cuando la pesadilla, según ellos, haya terminado y entren a ser parte del juego global del capitalismo. En cualquier caso son conscientes de los evidentes peligros sociales del capitalismo (de hecho estudiaron muy bien en el colegio cubano la crítica marxista) pero comparan ambos sistemas, que sufren en carne propia, y constatan que el capitalismo es el menos malo de los sistemas encontrados por la humanidad. Y es que, me dicen, uno deja de jugar a ser comunista cuando padece directamente las miserias de un sistema que impide desarrollar libremente el espíritu para adaptarse a los sueños utópicos de una casta roja bienintencionada pero ineficaz.

Son pesimistas con las nuevas relaciones aperturistas de Cuba con Estados Unidos porque la historia nos enseña que el que tiene el poder desea perpetuarse en él. De hecho, piensan que el único objetivo de esta apertura es atraer a más turistas que sigan enriqueciendo las cuentas de la casta marxista-fidelista. En este sentido dicen refiriéndose a sí mismos con un sonrisa amarga: «todo para los turistas, pero a los cubanos que les den».

Así que se juegan la vida porque allí no hay lugar para la democracia y solo una guerra civil, que nadie desea, podría ayudar a alcanzarla. No desean «asaltar el cielo», como dijo el otro.

De este modo los estudiantes cubanos en Estados Unidos tienen la suerte de ser, ellos mismos o sus familiares, «pies secos». Y es que la Ley de Ajuste Cubano y la «política de pies secos, pies mojados» dice que los «pies secos» tienen derecho a un permiso de residencia, mientras que los «pies mojados» son detenidos por la Guardia Costera y devueltos de nuevo a Cuba, un drama que explica muy bien Tom Wolfe en su recomendable Bloody Miami.

Es estremecedor escuchar a algunos estudiantes contando la experiencia de sus padres cuando, a punto de pisar suelo estadounidense, eran detenidos a escasos metros de la tierra soñada y devueltos a la deprimente Cuba. Para más inri, los repatriados son sometidos a una estrecha vigilancia, lo que dificulta volver a escapar de la isla-cárcel; sin embargo, movidos por la desesperación, lo siguen intentando. Ayer me contó un joven emocionado cómo su padre lo consiguió al tercer intento: «la balsa fue más rápida que la policía de Miami y pisó tierra firme; ¡ya no pueden expulsarle!».


Comentarios

Una respuesta a «Estudiantes pies secos»

  1. Avatar de Isabel
    Isabel

    No se puede decir más con con menos. Artículo claro y a la vez emotivo que hace reflexionar haciendo valoral -entre otras cosas- lo que uno tiene.

    Saludos

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