Sobre los estándares de aprendizaje filosófico evaluables

El último número de la revista Diálogo filosófico [101 (2018) 245-260] publica un artículo que he titulado «Sobre los estándares de aprendizaje filosófico evaluables». Puede descargarlo en este enlace. Les dejo con el resumen:

Los estándares de aprendizaje evaluables constituyen una novedad algo polémica en la educación de España. Su intención es marcar claramente el camino de lo que se puede hacer en clase con los estudiantes. Algunos estándares son ciertamente importantes y necesarios, pero los hay también discutibles y peculiares; en las siguientes páginas comentamos algunos de estos últimos.

Algunos fragmentos que quizá despierten el interés por leer el artículo completo:

Parafraseando a Voltaire, en una cita de difícil localización, pareciera como si una colección de estándares de aprendizaje evaluables haya de ser una farmacia donde se encuentra remedio a todos los males pedagógicos. Pero, lejos de incentivar la libertad docente y la creatividad en el aula, estos estándares marcan bien las lindes del camino a seguir, fuera del cual uno se expone a que se le afee la conducta por parte de los comisarios educativos que invitan a filosofar exclusivamente dentro de unos límites profundamente marcados.

La new age, la autoayuda y el coaching se hacen presentes en las aulas con EAE como el precedente. El problema de la autoayuda es que da soluciones fáciles a problemas complejos, mientras que la filosofía no se conforma con respuestas cortoplacistas. Trabajar con niños la capacidad de autocontrol emocional nos acerca a la psicología cognitiva, a la terapia de grupo o al enaltecido coaching que alejan al alumnado del puro filosofar y transforman al docente en un coach, un entrenador, un mero adiestrador enemigo del filósofo.

Hay otro estándar peculiar en el que se pide respeto por «el esfuerzo de la filosofía de Platón». He dedicado un buen tiempo a reflexionar sobre su significado porque pensaba que se respeta a las personas pero no a las ideas y mucho menos a los esfuerzos.

Concluimos animando a las autoridades educativas a crear una comisión nacional para evaluar los estándares filosóficos, redefinirlos, fundamentarlos, reestructurarlos y dotarles de sentido. Si no los quieren eliminar que, cuando menos, se pongan a trabajar para que, cuando menos, sirvan para hacer de nuestras aulas un lugar ideal para el noble acto del filosofar.

 


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